sábado, 26 de noviembre de 2011

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ: VIGILA LA FAROLA

                                       

Vigila la farola
aunque esa no es su función
y se llena
de nubes que amenazan aguaceros
justo al lado de un camino que nos lleva
de una punta a otra del pueblo.
Quedan extendidas las casas
cerca de donde me encuentro
y contemplo desde este lugar
a Garcimuñoz sin su castillo de ensueño.
No hay más mensaje
ni sublime ni secreto
que el que nos envía el cielo.


Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ Y SU NOBLE CABALLERO

                            

Ya recibido juramento
y nombrada caballero
ha tomado la grúa el castillo
y se ha convertido
en su alcalde perpetuo.
Flota en el oceánico paisaje,
de azul el cielo batido
por nubes que producen espanto,
un brazo armado.
Ya no es tiempo de que Don Quijote
rete a duelo a tan descomunal gigante
cuando noto un vacío creciente entre mis manos.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ Y SUS CAMPOS

                                           

No hay más mensajes que los que nos trasmiten estos campos
a esas horas del día ya rayando las 12 en que se oyen rezos de ángelus.
Horizontes de tierras trabajadas por el hombre,
desde aquellos tiempos en que fueron puestas en cultivo,
nos muestran
en este día de un otoño que deja miel en los labios
la descarada candidez y sencilla hermosura
de unas tierras de cultivo que en otros días fueron
frondosos montes bajos.
Como si fueran de la tierra su alimento crecen los olivos
allí donde la pedregosa tierra se muestra más hostil
e introducen sus raíces en la dura tierra a la espera de alimento.
Me da miedo romper tan frágiles recuerdos
de hombres podando, labrando, segando y cosechando
y volviendo
cargados de ilusiones y de haces de leña seca como los huesos de un muerto
con los que alimentar las chimeneas y poder hacer en ellas fuego.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ Y EL IMPERTINENTE VIENTO

                                  

Luce el cielo
en un día de desesperos
cortinas de humo ceniciento
que se abren y cierran
al paso del impertinente viento.
Aún a lo lejos
el castillo se muestra
tal y como lo parieron
fuerte y corpulento.
Su vida es simple
y como piedra que no siente
la muerde el viento.
No le queda otro remedio
que aguantar los envites del tiempo.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ Y SU PAISAJE SERENO

                                    

La piedra abierta nos muestra
cual corazón al descubierto
el paisaje sereno
de unas tierras enseñadas
a pasar de la vida a la muerte
en un momento.
Si de un lado está el pueblo
de este otro los olmos viejos,
el horizonte perdido,
y un pequeño arroyo seco
nacido a las faldas del Castilllo,
nacido por ello,
de un deseo consumado en una noche de fríos hielos.


Autor: José Vte. Navarro Rubio
    

POESIA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ Y UNA POESIA DE ANTONIO PORPETTA

Esta poesia sobre El castillo de Garcimuñoz, es de Antonio Porpetta y está recogida en el libro "Meditación de las sombras" III premio Gules, prologo de José Hierro (AÑO 1981)

Aquí calló la voz.
                         Aquí el destino
encontró su planicie placentera
tras el azar del risco y la quebrada,
que quién fue de la muerte buen vasallo
vino a rendirle aquí su pleitesía.
Temprano fue la cita:
                               ¡cuántos versos
en la rota garganta, cuánta aurora
truncada, cuánta luz
con la sangre esparcida sobre un prado
de inmóviles rocíos!
Un invierno de pájaros sedientos
nos llueve en la mirada.
                                 Y se hace todo mar,
y el pedregal es un acantilado
de retamas dormidas,
y hay un río lejano y duradero
que lentamente llega,
                               y avanza
                                           y se derrumba
ante un llanto de adarves y almenaras.
Isleño es el silencio:
                               la memoria
recupera su dédalo de ausencias
en esta soledad murmuradera.
Y queda la palabra hecha lentisco
ya siempre detenida
en el vivo morir de esta andadura.

                              A Paloma Porpetta, que ya empieza
                               a descubir las viejas voces

Antonio Porpetta:
Nacido en Elda/Alicante (España), el 14 de febrero de 1936.
Reside en Madrid (c/Guatemala 14, 6º. A, 28016).
Casado con la poeta y editora Luzmaría Jiménez Faro. Dos hijas: Paloma y Marta.

*  Doctor en Ciencias de la Información (Filología Española) por la Universidad Complutense de Madrid.                 
*  Licenciado en Derecho por la misma Universidad.
*  Diplomado en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.
*  Miembro Correspondiente de las Academias Norteamericana (Nueva York) y Guatemalteca (Guatemala) de la Lengua Española, así como de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

Aparte de los libros relacionados en “Publicaciones“, es autor de artículos, textos de conferencias, relatos, críticas y colaboraciones varias en revistas y periódicos, tanto españoles como extranjeros.

Amplias antologías y estudios de su obra en los libros 1) Antonio Porpetta: Una voluntad poética, de R. Hiriart (1988, Alicante, Caja de Ahorros Provincial); 2) Antonio Porpetta: Memoria y presencia, de S. Pavía (1993, Elda/Alicante, Ayuntamiento de Elda-Universidad de Alicante); 3) Antonio Porpetta: Análisis y aplicaciones pedagógicas de su obra poética, de M. Klass (Tesis doctoral, Teachers College, Columbia University, Nueva York, 1998); y 4) La poesía de Antonio Porpetta: Un mar de temas y de símbolos, de O. Condrea (Tesis de Licenciatura, Universidad Al. I Cuza, Iasi, Rumania. Editura Vasiliana´98, Iasi, Rumania, 2001).

Además de los premios de poesía citados en el apartado  correspondiente, ha recibido: “Hucha de Plata“ de relatos (1985, Madrid, Confederación Española de Cajas de Ahorro); “Hucha de Oro“, 3er. premio (1989, id. id. ); y “Hucha de Oro“, 2º. premio (1991, id. id.) 

Autor: José Vte Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ: DONDE LAS MARIPOSAS ALETEAN INOCENTEMENTE

                                    

Oh que plenitud,
oh que extasis,
oh que deseo,
viene a surgir allí
donde las mariposas aletean inocentemente
y vienen a vivir a este iconográfico reducto
en el que se sienten las reinas de los cielos.
Mascullan palabras que no entiendo los arbustos
y me acerco
hasta que noto con mis dedos
que están vivos
en ese pequeño universo
en el cual proliferan sin orden ni concierto
dando vida y recibiendo el aliento
de las piedras doloridas
que cubren su desnuda tez
con jirones de inhospita nada
llegada hasta aquí desde muy lejos.
Como si quisieran ser
algo más
que esencias remotas y perdidas,
en estos reconditos parajes
de un pequeño pueblo,
entre penumbras olvidadas
y desidias de aquellos otros  tiempos,
en el que el parloteo
desengrasado de los urugallos
se elevaba sobre el silencio
en forma de seguidilla y cacareo
que hacia las delicias
de unas novias deslumbrantes
cubiertas con  floridos pañuelos,
me enseñan las piedras
sus viejos sueños
matados por los grises inviernos
y ya a la hora que me alejo
pasa  a  mi lado con voz metálica y de trueno
unas rafagas de aire caliente
que viene a hundir sus ancas
sobre el tapizado y verde suelo.


Autor: José Vte. Navarro Rubio

viernes, 25 de noviembre de 2011

POESÍA EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ: CONJUGAR EL VERBO QUERER

                                

Conjugar el verbo querer:
yo quisiera,
y escribir una oración:
la naturaleza esta viva;
y lanzar una fotografía
con la que poder decir algún día
aquí había
unos restos de arqueología urbana
a los que nadie les dedicó
un segundo de su vida.

Ya la techumbre aparece caída
sobre el arisco sembrado de piedras
donde ha venido a nacer
a una nueva vida.
Quedan restos de tapiales
entre soledades que se derraman
y verde naturaleza nacida
al cobijo de un cuerpo destruido
dispuesto todavía a recibir caricias
y a regar
con sus lágrimas vacías de avaricia
este pequeño enclave
tan terrenal y genuino
como aquel otro  paraíso
en que Adán y Eva pecaron inocentemente
antes de ser expulsados hacia otros confines
por un Dios
demasiado exigente y poco caritativo.

Conviven todos juntos
tierra, piedra, barro hierba y arbusto
y como buenos amigos
disfrutan de los mismos juegos,
hasta bien llegada la noche
en que se tapan para no pasar frío
con retales de un cielo
bordado de estrellas y de azul teñido
y se levantan a la  misma hora
para decir de buena mañana
con cara de pocos amigos
¿dejennos por favor tranquilos?


Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ:: RINCONES QUE REZUMAN VIDA

                                    

Rezuma en ese rincón
vida
y esta me viene a mi cara
cuando  miro
y veo
entre tanta piedra
las vigas de madera abatidas,
las tejas rotas sobre el suelo,
las viejas puertas de madera de pino
a medio abrir
como queriendo decir
pasa
y no tengas miedo
que tu vida
no esta unida por ahora
a mi destino incierto.
Es grandeza
la que trasmiten
estas ruinas
de un pueblo El  Castillo
y sólo para entenderlo
te tienes que dejar guiar
por la paz que se cuece
entre tanto espacio nobilísimo
desde hace esto mucho tiempo.

Autor: José Vte. Navarro Rubio 

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ: HONOR A SUS RESTOS

                               

Honor y más que honor gratitud
a esos restos antiguos
emergentes en la ladera de un monte,
para ellos, solo para ellos,
son estas líneas que se derraman
a estas horas de la noche
en que el sueño viene lentamente
sin necesidad de tener que  tocar dos veces
el timbre de la puerta de mi casa
para que yo le deje pasar.
Ver al viejo torreón alzarse todavía vivo
e intentar desde el lugar en que fue parido
asomarse a ese vacío
en el cual ya no espera de otro enemigo
que no sea la piqueta del hombre
arañando su rostro y sacando al exterior sus vísceras.
Entender, sin mas letanía,
que estoy asistiendo
al entierro de un amigo
y despedirme en ese momento justo
en que comienza a llover
y la piedra,
pobre difunto, recibe un sermón,
mientras un coro de tábanos dicen amén.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ : A UN TESORO ESCONDIDO

                                  

Me arrimo a una oquedad de fondo desconocido
que se abre allí donde había un molino,
entre las verdes ramas de una higuera
y grandes piedras que molían el trigo.

Se abre la oquedad conforme me acerco y miro
en ese reino de la oscuridad
donde el silencio construye su nido
en el que dormir y criar al miedo que es su hijo
y abandono el secreto túnel
y me olvido de ese tesoro escondido
que mil soldados guardaban
aunque ninguno se lo llevo consigo.

Salgo a la luz del día y respiro
al ver como la mañana luce en sus sienes cansados latidos
y río
pues ya la nubes por las rastrojeras emigran
llevadas del brío que impone un profundo frío.


Autor: José Vte Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ: RETORNO A ESE LUGAR

                                         


Retorno a ese lugar y entorno cercano
donde una inmensa mole llamada castillo
mutilada por la guadaña de unos reyes altivos
nos espera entre silencios largos y profundos
para abrirnos sus puertas
y enseñarnos ese esqueleto de hierro y cristal
con el cual cubrirá sus piedras desnudas.

Regreso por los vivos senderos de toda la vida
en cuyos ribazos crecen los ababoles y cardos seteros
ajenos a la historia de estas tierras de agónico existir diario
y a los avatares de la vida moderna
tan cargada de infortunios.

Algo me dice que ese silencio que nos viene de los campos
es tan tuyo como  mío,
pues respiramos de la misma forma
y bebemos de la misma fuente que nos dio la vida.
Tan prolongado es ese silencio
que nos acompaña y llega con nosotros hasta allí mismo
donde el paisaje cambia y finaliza el camino.

Nadie sabe de ti soledad que llamas
y vienes a yacer
como si fueras un apagado latido
en el fondo de ese corazón herido
que se alimenta de las bocanadas de nostalgias
de estas tierras tan malqueridas que en mi memoria habitan
desde que uso de la razón para entender el mundo.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ: FRÍA LOSA

                            

Fría losa
convertida en lápida conmemorativa
levantada en el lugar
donde dicen que fue herido de muerte
el capitán y poeta Jorge Manrique
en un siglo XV ya olvidado y casi perdido.
Tomada ya la esculpida piedra por el color
sobrevive y lucha con el destino
de ser junto al camino
parada obligada de hombres, mujeres y niños.

Camino de La Nava
se iba perdiendo el hilo de voz, de vida y de aliento
de un soldado malherido;
tuvo que ser aquí,
al lado de este camino,
entre soledades y recios gritos,
en este descarnado lugar
y en la penumbra de los corazones de hombres
llevados por el rencor más absoluto,
donde a falta de buen refugio
y entre cielos dormidos
cayera Don Jorge herido.
 Aquí quedó en un tálamo vacío
como si fuera
una piedra más
de los barbechos, campos y camino
la huella y señal
que nos habla de Jorge Manrique,
el poeta que de la muerte sabe más que ninguno.

                            



Autor: José Vte. Navarro Rubio
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