viernes, 4 de octubre de 2013

POESÍA: LAMPEDUSA Y ESA EXCLAMACIÓN DEL PAPA FRANCISCO: Sólo me viene la palabra vergüenza, ¡es una vergüenza!

 

Ser niño o niña en un barco a la deriva
y no poder llegar a Lampedusa con sus mareas baja
para tocar con las manos la arena y sentirse en tierra libres de sus ataduras.
Un barco naufraga y los pobres que en el se hacinan
ven con ojos de sorpresa, por segundos, como si fuera una chispa,
lo peor de la vida que es la muerte repentina
a tu lado,
tocándote con las manos y queriéndote llevar a un Olimpo en el cual los dioses juegan con sus criaturas.
Lo ha dicho el Papa, ante el cual se arrodillan todos los estadistas,
con palabras graves para que no queden dudas
y  a pesar de ello el mundo responde con respuestas muy sospresivas
como si la muerte se pudiera medir con dinero o bonos o cualquier otra cosa que se les ocurra
a esos políticos del mundo tan aficionados a las estadísticas.
Pasaron de largo barcos a los cuales se solicitó ayuda,
quizás pensaron que estaban cansados de tantos extranjeros en esas sus islas
o quizás ocurrió que como la vida es tan dura
se dijeran para sus adentros "que sea otro el que cargue con esta pesadilla".
Extranjeros vienen a Europa de la cual siempre se ha dicho que es cuna de razas y culturas
y llegan buscando trabajo, libertad y lo mejor para sus familias.
¡Que dura es la vida!
cuando el hombre y la mujer
abandonas sus tierras y se despiden de sus familias
para ir al encuentro de otras formas de vivir que nosotros les hemos introducido en sus vidas
a través de los medios de comunicación  y de la propaganda activista en forma de cuñas.
Europa duerme y se deja gobernar
el sueño le enturbia como si fuera un vaso de vino tinto derramado sobre una camisa.
Algún día Europa se levantará de ese sueño que le produce pesadillas
y comprobará como las aguas marinas encierran cementerios sin cruces ni tumbas
de cuerpos enredados entre las cascos hundidos de los bajeles en las profundidades marinas
Ellos los muertos y sus amigos y familiares con vida se lanzaban a una aventura
en un mundo propicio y en un continente del cual presumían que los recibiría
con las manos abiertas y con unas ciertas dosis de simpatía.
Atino a decir la palabra Lampedusa
y me voy a un mapa para poner un circulo a esa isla
a la cual llegar es difícil
y más si te ponen una zancadilla.
Vergüenza es y así lo clama al cielo quien es de los católicos su figura más carismática y querida. 
Lampedusa y solo mi recuerdo para las victimas
que todavía a día de hoy muchas de ellas se encuentran en el mar perdidas,
Ocho mil son ya por esos lugares los tragados por la mar interpestiva
y ninguno de ellos tuvo culpa
ni de ser pobres y querer a toda costa salir de la pobreza en un plante tierra  con muchos desajustes
en todo lo que se toca y pisa.


Autor: José Vte. Navarro Rubio
 

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