viernes, 6 de diciembre de 2013

LA NOVELA LA NAVE DE LOS LOCOS DE PIO BAROJA Y PINAREJO



 Fragmento de la Nave de los Locos de Pio Baroja en la que se alude a Pinarejo:

El saludador comenzó a comer despacio y a beber el vino a sorbos, y luego empezó así su
narración:
—Como le he dicho a usted, he sido yo siempre muy arreglado y amigo del ahorro, y como
comprendía que la guerra no había de durar siempre, guardaba mis dineros para la vejez. Tenía una
casa en Pinarejo, en la Mancha, que me costaba muy poco, y había llevado allí a mi madre, a mi
mujer y a una sobrina suya, moza muy guapa, la Teodora Mi mujer estaba muy enferma, tísica,
desde hacía algunos años, y el cirujano decía que no tenía cura. Los vecinos contaban que yo me entendía con la Teodora, mi sobrina, pero no era verdad. Ahora, si mi mujer se hubiera muerto, yo me
hubiera casado con ella. ¿Usted no tendrá un cigarro?
 Alvarito le dio un cigarro al ex guerrillero, quien lo encendió despacio, y, después de unas
chupadas, siguió así:
—Yo no hablaba a nadie de la partida de mi casa de Pinarejo, ni de la gente de mi familia. No sé
cómo, pero el Papaceite, Perdiz y el Cuentacuentos averiguaron dónde yo tenía la casa y hasta que
guardaba dinero. Aquellos hombres me tenían a mí rencor porque veían que no gastaba locamente
como ellos.
 Estos contaron al capitán Calero, a quien llamábamos Calerito, lo que ocurría.
Calero empieza a rondar mi casa, habla con la Teodora, se entiende con ella y un día se lleva el
saquito de monedas de oro, que yo había guardado a costa de tanto esfuerzo, y a la chica.
—¿Y se casó con ella? —preguntó Álvaro.
—No; el capitán Calero estaba casado; pero era hombre joven, buen mozo, y la engañó y
trastornó a la sobrina de mi mujer. Le dijo que yo era un avaro, un roñoso, que mientras los demás
gastaban con los compañeros, yo ahorraba como un miserable, y la convenció para que entre los dos
cogieran mis ahorros y se los gastaran alegremente.
Supe que hubo francachelas en que tiraron el dinero, y despues la Teodora y el capitán fueron a vivir a una casa de Santa María de los Llanos.
La primera vez que me encontré a solas con Calero, le dije:
—Devuelva usted ese dinero.
—Es tan tuyo como mío —me contestó él—; además que ya nos lo hemos gastado alegremente.
—Devuélvame usted lo que queda, porque si no, lo vamos a pasar mal.
—Lo pasarás mal tú —contestó él.
Entonces yo le agarré del brazo y él se separó y me dio un golpe con el mango de la pistola en la
cabeza. No le maté porque había gente delante.
Fui a mi casa de Pinarejo y le dije a mi mujer lo que pasaba. Ella, celosa, replicó que yo quería
vengarme porque estaba enamorado de la Teodora. Le contesté que no. Ella me replicó que pasara
la noche con ella.
Todas las horas de aquella noche las pasé desvelado y pensando.
Por la mañana, al despertar, miré a mi mujer; había tenido un vómito de sangre y estaba muerta.
Me levanté, cogí el trabuco y lo cargué con balas cortas y con bolas de cera.
—Y con bolas de cera, ¿para qué? —preguntó Alvarito.
—Dicen que al que se le tira así, arde. Después arreglé mi caballo y salí al camino de Santa
María de los Llanos.
Busqué la casa del capitán Calero, llamé en ella y encontré a mi sobrina; la dije lo que tenía que
decirla y pregunté por el capitán.
—No está —me contestó ella.
—¡Bah! Me han dicho que sí. Dime dónde está, porque tengo que hablar con él.
—Registre usted la casa si quiere, y verá usted cómo no está —replicó ella.
»—Recorrí toda la casa con mi trabuco en la mano, hasta llegar a una alcoba, cerrada con una
puerta ligera.
—¿No hay nadie aquí? —pregunté.
—No.
—¿Lo juras?
—Sí.
»—Cogí mi trabuco y disparé sobre la puerta. La puerta se abrió y apareció el capitán,
malherido, echando sangre.
—¡Me has matado! —dijo—. .Toma!, y me disparó a boca de jarro su trabuco.
»—Me llevaron al hospital de Quintanar de la Orden, y allí pasé más de dos meses.
—¿Y Calero? —preguntó Alvarito.
—Se murió.
—-¿Y de la sobrina, qué fué?
—No sé; escapó. Anda haciendo mala vida por ahí. Ya ve usted; yo, que tenía la vejez
asegurada... Es el sino de las personas.
—No había en el ex guerrillero ni asomo de remordimiento ni idea de que podía haber obrado
mal.

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