lunes, 30 de diciembre de 2013

POESÍA: BUSCARINI RECITANDO VERSOS



La noche da para tanto
y son sus minutos tan largos y ciertos
que cuando como o ceno los recojo en la cuchara como si fueran fideos.
Me veo en el Madrid de los años treinta
vendiendo libros en un rastro de esos de viejo
junto a un librero, poeta y amigo de las noches más que las cornejas y lechuzas lo son de un entierro.
Y me veo vestido con capa, sabre y sombrero
con plumas sobre la cabeza
igual que esa fotografía de mi abuelo
que descansa sobre una comoda en mi casa de Pinarejo.
A todo esto
el poeta del que les hablo es Buscarini,
Dios lo tenga en su seno,
pues murió recitando poemas
que sus médicos guardaban como si fuera un diagnostico más en la vida de aquel pobre loco y a la vez hombre cuerdo.
No recuerdo del rastro otra cosa que no fuera
a hombres y mujeres leyendo poemas y versos
que los niños recitaban mientras tiraban un tejo o saltaban sobre una soga que lamía el suelo.
Vuelvo a Buscari porque en un momento alzo la voz
y mirando de fijo a uno de los hermanos Quintero
le pidió por Dios que le diera dinero
para poder publicar el poema que lo elevaría a la categoría de Dante o del Moro de Venecia, Otelo.
Todo el mundo reía
menos un hombre viejo
que asombrado ante lo que pasaba
lanzo un pañuelo
y reto a muerte,
en ello les juro que me creí el cuento,
a todos los que se reían del poeta lelo.
La noche da para tanto
que me dormí y para cuando de mis ojos se fue el velo
y aparecieron delante de mí
los dulces olores de un caldero de chocolate con churros servidos por chulos y chulapas
Buscariní ya estaba lejos
encerrado en un manicomío
comido el cuerpo por un mal de amores con olor a azufre del infierno.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

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