sábado, 15 de junio de 2013

POESÍA: TÀPIES Y LA DEMOSTRACIÓN DE QUE TODO PUEDE SER

 

El lienzo viene a ser
desde una caldereta que se arroja sobre una pared
a un extraño signo
que uno puede ver
en un poblado celta de los tiempos hallsttáticos ¿quizás? ¿puede ser?

Todo sobre el lienzo
se corresponde
queriendo o sin querer
con esa concepción del mundo
que Tàpies creyó entender
en tonos crema, ocre, o cualquier color, digamos pastel.

La escoba como símbolo
de un determinado quehacer
un día sin querer
se queda sobre el lienzo
en señal de lo que tiene que ser
una nueva visión del arte
a través de lo que Tàpies
nos intenta hacer ver

Placer, emoción ¿Y qué?
¿Como poder demostrar
y cómo entender
que lo que uno ve
es arte y no caos en una pared?

De Tàpies se dice
que atacaba el lienzo
y dejaba sobre él
la impronta y esos elementos mágico ancestrales
que servían para entender
ese mundo interior tan necesitado de ser
aireado y puesto a tender
de ahí que lo cotidiano en su obra se vea por doquier.

Tàpies, genio y al revés
genialidades las suyas,
y a buen entender
ver su obra es un placer.

Autor: José Vte. Navarro Rubio



POESIA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 12



No eran coros
de serafines
los que acabo de oir
esta mañana
ni silencios largos
cortados con guadañas
los que tocan a una puerta
cerrada
tras la cual
nada de nada.

Eran pájaros vestidos todo de negro
con levitas blancas
y soplos de aire
los que se arremolinaban
sobre esos lugares transitados
por mis pasos
y algunas miradas
de coches que a toda velocidad pasan

El ruido del motor de arranque
del ordenador que me sirve para contar estas hazañas
me señala
que esta vivo
y con ganas
de servir para algo más de lo que en un manual de instruciones se señala.

Y con esto
esta poesía se acaba
ahora que nuevas inquietudes
comienzan a fraguarse en mi alma,

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESIA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 11

 

En la tierra que un día pisamos
huele a todo aquello que vamos dejando
en los campos
con la luna brillando sobre las ramas de los olivos
donde el mochuelo encandila a su presa y se siente el amo.

Huele a silencios con cal labrados
en las agoras de los pueblos
donde ya nadie va a dejarse engatusar por el amo
que solo piensa en lo suyo
y lo tuyo lo ve como un regalo.

Huele a vida pasada
sin más encargos
en las casas
cerradas, estas, a cal y canto
con las habitaciones esperando
que alguien vaya a abrir las ventanas
y dejar que los rayos
de sol meridiano
se estampen por allí casi claudicando
donde anida la penumbra
y se presienten fantasmas reclamando
un poco más de seriedad con los difuntos de antaño.

Todo en la tierra me huele
a mi época de escolar con libreta en una cartera del brazo colgando
como si mi olfato
se hubiera acomodado
a todo aquello que marcó una niñez
que se abre paso
en un viejo libro de lomo cada vez más desgastado
y palabras a punto de salirse
de la frase que le sirve de reclamo.

La soledad
ella sola gambando
como un jabalí
en medio de un campo
o como una gacela
retozando
en un verde prado,.

Dos poetas
Pessoa y Lorca
y un loco desgarbado
que confunde las gaviotas con patos
y las langostas
con venados
en un Cadasqués
de aguas templadas por el mar Mediterraneo
y de amores tardíos
en un jardín encantado
al que Dalí acudía
vestido de Cesar Imperato
para reclamar al pueblo llano
menos fronteras y más espacio
donde vender sus cuadros.

Poesía en Pinarejo
allí estamos
solo algunos
entre ellos tu y yo Carlos
siempre a la espera
y en la espera nos desesperamos
aunque  los dos sabemos
que la vida no es nada sin aquellos que anhelamos.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

viernes, 14 de junio de 2013

POESÍA: HISTORIA DE PINAREJO TAL Y COMO A MI ME LA CONTARON V


              V
Y dirán ustedes
vaya chusmo de poeta
y como remata el villano
de forma que la rima
se pasa por alto
y se llega al final del verso deseando
comenzar con el siguiente
antes de que el sueño nos alcance casi rulando sin querer.

Tal y como les comenté
hace de esto ya un rato,
largo o corto, rato es,
aquel Rey Carlos III,
siempre Rey,
por y para ello el muy taimado nacer,
que aparece en un retrato,
pintura al pastel,
con escopeta en la mano,
libro no,
porque no sabía leer,
y perro a su lado
descansando a su real placer
tenía tantas ganas de amasar fortuna 
que segregaba de la raíz, esencia o ser
todo lo que le ponían a la firma
ya fuera villa, lugar o majano
que se viniera a vender
y de esta forma,
tras dejarse entender,
y a las primeras de cambió,
como debe ser,
dijo que El Pinarejo,
que más le daba a él,
tenía que ser
un lugar con sus propios amos,
procurador, alcalde y juez,
y el por encima de todos,
tenia tal y como debe ser,
el que se llevara los buenos dineros,
de aquel banquete de papel y más papel,
que al final tras estampar firma y sello, decía a poco entender,
"Yo el Rey"
así lo mando,
todos a obedecer.

Autor: José Vte. Navarro Rubio



POESÍA: HISTORIA DE PINAREJO TAL Y COM0 A MI ME LA CONTARON IV



             IV
No se paró la historia
en aquellos siglos
tan lejanos
en que los godos y vándalos
pasaron por España
y se instalaron
allí donde veían que había buenas tierras y pastos.

De esta forma
Pinarejo fue tierra de paso
en una frontera de moros y cristianos
a cada cual y a su modo más bárbaro.

Repobladores de todos los lugares
de una España
partida a golpe de mazo
llegaban hasta nuestras tierras
para repoblar lo conquistado
y entre hoy llego y mañana me marcho
El Pinarejo del Castillo,
un lugar cercano,
fue también repoblado.

Contaban nuestras abuelas y abuelos
que en Pinarejo había una cueva
y allí vivía,
junto a un gran pozo
y un pino como la iglesia de alto,
el guardia encargado
de mantener aquel pinar a salvo
de cazadores furtivos
y leñadores de esos que llenan en menos que canto un gallo
un buen carro
de encinas, olivos, pinos y olmos
con que avivar el fuego
en los inviernos tan duros
como el granito o mármol.

Pinarejo se pierde entre nubes y rayos
y para cuando llega el siglo XVI resurge
de las manos
de aquellos hombres y mujeres
que allí se habían instalado
y querían por encima de todo
no estar sujetos  nadie y ser ellos sus propios amos
sin necesidad de depender
siempre para lo malo
del Castillo de Garcimuñoz
y de sus nobles
tan empeñados
en que nada se les marchara de las manos.

Autor: José Vte. Navarro Rubio



POESÍA: HISTORIA DE PINAREJO TAL Y COMO A MI ME LA CONTARON III

 
                 III
No me digan que de esta historia
nadie les había hablado.

Yo la se de buena mano
gracias a Dña Pía por empeñarse tanto
en que aprendiera a leer
para que fuera por todos respetado
y de Don José no les hablo
pues para los días de darme clase
yo ya andaba por Valencia
la del Cid, junto al río Turia y mar Mediterraneo
de emigrante, por aquellos días,  adelantado.

Si comencé por el siglo XVIII
fue por no dar saltos
pero visto que tengo cuerda para rato
les diré
que yo en Pinarejo más de una vez me he encontrado
piedras de esas pulidas
que se llaman del rayo
con más años encima
que aquel Matusalen que salía en los salmos.

Dicho esto me es grato
recordar a todo el pueblo
incluido los nacidos fuera de ese territorio
para mi sagrado
que ya los íberos y celtas junto con los romanos
construyeron poblados
cerca de un camino llamado Murciano
para así de esa forma sobre pequeños altillos
sobre el llano destacados
poder atacar a los intrusos
y dejarlos tan blancos
como ese cerro de yeso
que hay cerca de Santa María, en uno de sus lados,
derecho o izquierdo,
según se venga o vaya
de uno hacia otro pueblo,
bebido, sereno o mamado.

¿Y después qué?
se preguntará algún osado,
a esos y esas les digo
con la mano en el pecho
como si fuera un manco
que por aquí murió
Jorge Manrique, poeta destacado,
y un tal infante Don Juan Manuel, escribió tantos libros,
que dejó sin plumas
a todos los pájaros
que le salían al paso.

Pero a mi el que más me encanta
por su carácter de un buen vasallo
y hombre de letras
aunque llevaba faldilla y gorro en el altozano
es D. Jacome Capistrano de Moya,
ilustrado
y descubridor, uno de tantos,
de las ruinas de Segobriga,
y por ello y otras cosas propias de gentes con poco tacto
casi por la inquisición condenado.

Y en esto les dejo
pues en la cocina he dejado
a fuego templado
un chorizo bien curado
de aquellos hace ya años
que mi madre colgaba de un palo
para que no se los comiera el gato.

Autor: José Vte. Navarro Rubio




POESÍA: HISTORIA DE PINAREJO TAL Y COMO A MI ME LA CONTARON II

            
 
               II
Nadie quería pertenecer al Castillo
y ello era de ser muy humanos
y además no había en ello nada de malo.

Ni en la Almarcha
lugar que al Castillo ya se le había ido de las manos,
ni en el Molino del del Licenciado,
pueblo hoy abandonado
junto a las aguas de un pantano,
ni en Torrubia,
pueblo con tanto encanto,
ni en Casa Blanca,
de cal hasta el cielo que le sirve de marco
y ya casi descansamos,
ni en Pinarejo, de todo los pinares el que tenía más encanto,
y pueblo nuestro en el alto páramo,
donde los ánades se bañaban
en un gran charco
que de lejos parecía el mar Mediterraneo,
había más clamor
desde que el sol salía
hasta que la luna llenaba los claros
que pedir al Señor
que todo lo ve con el ojo vago
y en eso tiene buena mano
concediera a El Pinarejo el privilegio deseado
con tal de que sus vasallos
fueran ellos por si mismos los amos.

El clero de Pinarejo
con un tal Poveda,
cura-párroco, a su mando
proclamaba a grito pelado
desde encima de un púlpito
de color oro pintado
que ya estaba bien de que los del Castillo se llevaran
las limosnas del clero raso
y las tercias en forma de grano
mientras la iglesia se caía
y en el campanar las grullas hacían su nido
a falta de campario y campanazos
con que llamar a misa para adora al Dios santo.

Los grandes terratenientes del Pueblo
de ellos Luis Antonio Melgarejo
el más documentado
y un tal Antonio de Olmedilla
que sabía mas de cuentas que el Barcenas ese condenado
pensaron y bien pensado
que ya estaba bien de ser pobres y encima ser apaleados
y así de esta forma  juntaron
una gran cantidad de moneda de vellón, plata, oro y latón del malo
con la que comprar el privilegio deseado
al Rey de España,
por aquellos días un tal Carlos,
de España III y no IV
por haber ya faltado  el I y el II, uno y otro Austrias los condenados,
que por el cielo andaban rumiando
exabruptos que por educación me callo.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

jueves, 13 de junio de 2013

POESÍA: HISTORIA DE PINAREJO TAL Y COMO A MI ME LA CONTARON I


                I
Hete aquí la mucha  melancolía
que en El Pinarejo había
que un día,de un determinado año,
los pinarejeros y pinarejeras
que al Castillo de Garcimuñoz
se debían
decidieron después de pensárselo bien
y salir al quite hombres de mucha valía
ser villa
y separarse de por vida
del Castillo de Garcimuñoz al que se debía
el lugar, con sus pastos, casas, habitantes
y todo lo que crecía y corría
ya fuera hacia el Espinillo o hacia la Hoz,
o hacia Santa María o Villar de la Encina.

Por Dios bendito
cuanta fortuna
poder ser al igual que otras villas
tierra de hombres libres,
con menos ataduras
y si cabe decir
que si hubo honra y fortuna
fue porque en El Pinarejo
era y mucho lo que se padecía
por aquellos tiempos
de tantas guerras e injusticias
ya fuera a mano de los nobles
o del mismo Rey
al que se servía
desde el mismo día
del nacimiento hasta que el alma de la tierra partía
hacia mejor vida.

Con decir
siglo, año y Rey
aquí la historia finalizaría
pero como estamos
por hacer largo el relato
yo recomiendo
que cojan silla
y si tienen suerte
y los calores no atizan
podrán sin lugar a dudas
disfrutar de las aventuras
que tienen que ver con Pinarejo
y el yugo feudal
que el Castillo de Garcimuñoz imponía,
villa esta última
a la que fue a morir Jorge Manrique,
poeta que de eso de la muerte sabía
más que ningún mortal
por aquellos días.

Autor: José Vte. Navarro Rubio






POESIA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 10



En Pinarejo
donde ni el aire respira
por miedo a atragantarse
de todos esos elementos
que por el cielo
se arremolinan
vine en un día,
de notarios y notarías,
a volver a mi juventud
aquella por mi vivida
en que soñaba y padecía
por el mundo
que no me entendía
y para ser sincero
con mi propio ser
que me pedía
libertades en aquellos momentos prohibidas.

Pinarejo ¿...?
Pinarejo ¡...!

¡Ay de Pinarejo
y de mis días!
él,
casas, campos caminos, arboles y fauna protegida
con la nieve a cuestas
helándole y muriéndose de risa
y yo,
de aquello me queda
una brizna de recuerdos
todavía,
junto a una chimenea
soñando con que la nieve
fuera permanente en mi vida.

Con la nieve como protagonista
desde entonces,
50 años largos me vigilan.

Por eso la nieve me agrada
y con la nieve
en la misma carne introducida
se me vienen sin querer los nuevos días.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 9



En la medida de lo que es concreto y sencillo,
en esa medida en que todo cabe
desde un pelo a un camello por el ojo de una aguja,
uno que no renuncia
a nada de lo que da la vida
aprovecha el momento
para hacer un elogio de aquellas cosas sencillas
que no necesitan
de más alquimia
que sentido común
para confeccionar una buena camisa.

Y en ello entra el tiempo
como medida
de todo aquello
que se presenta ante nuestras vidas
y nos obliga
a correr hacia una meta no definida
a la que tenemos que llegar en primera fila
para seguir siendo
¡no se me rían!
pura estadística
en la época
de la antifilosofía
en que los grandes magnates
de la industria
se nutren
de todo aquello
que dispara las ventas
de cosas inútiles
y montañas de pastillas
con la que atender,
así lo manda la psiquiatría,
la congoja y la melancolía.

Autor: José Vte. Navarro Rubio


miércoles, 12 de junio de 2013

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 8

Jean-Paul Sartre


Ser en la tribu lo que uno quiere
cuesta...cuesta arriba,
como todo en la vía
mientras se apaga el eco
y se abren otras puertas
y perspectivas.

Aunque las arterias desagüen
en el corazón
y a veces su sangre fluya
tan densa como  una papilla
en mi pecho late
creo a veces que son sonrisas
y otras veces nada de eso
ni por asombro, pena mía,
un soplo de melancolía.

Ser , ser, ser,
filosofo como Jean Paul Sartre
y vivir pensando
que las mosquitas
son un castigo de los dioses
es una ironía,
el castigo es nacer
y arrastrase por la vida
hasta que llega el premio
si perseveras y ahondas
en ese pozo de sabiduría
de aguas en su fondo
donde las neuronas
como los viejos soldados nunca mueren
y defienden su trinchera con la vida.

 Ser, ser ser y no seas diferente,
se así, si te estimas.

Autor: José Vte. Navarro Rubio



lunes, 10 de junio de 2013

ESAS COSAS SOBRE LOS MANCHEGOS

 

- El manchego no se cae: se pega una costalá de miedo.
- El manchego no dice hola: te dice ¡yeee, hermoooosoo!
- El manchego no es goloso: es galgo.
- El manchego no se enamora: se pone borrico.
- El manchego no se lanza: sale flojo.
- El manchego no trata de convencerte: se pone cansino.
- El manchego no va sucio: lleva relejes.
- El manchego no se agacha: se amaga.
- El manchego no te llama la atención: te dice ¡Ande vas!
- El manchego no tiene amantes: tiene zagalas o mozas.
- El manchego no pide que lo lleven: pide que lo acerquen.
- El manchego no se impresiona: dice ¡ La Virgen ! o ¡Puivaya!
- El manchego no tiene lumbalgias: está arriñonao.
- El manchego no cotillea: es un bacín, luego bacinea.
- El manchego no hace recados: hace mandaos.
- El manchego no pierde el tiempo: está perreando.
- El manchego no dice "no tardaré en venir": dice "vengo al contao" o "oramismito"
- El manchego no te dice que estás equivocado: te dice " te paece queee" o "amos calla".
- El manchego para decir que Sí no niega dos veces, niega tres veces: ¡No, ni na!
- El manchego no se enfada: se condena.
- El manchego no está gordo: está lustroso.
- El manchego no duerme: se queda traspuesto.
- El manchego no se va: sale arreando.
- El manchego no come uvas: come ugas.
-El manchego no va a sitios con mucha gente: va a sitios con un puñao de gente
 -El manchego no se lleva mal con otras personas: no hace buenas migas.
- El manchego no invita: convida.
- Al un manchego no le viene justa una cosa: le viene cabal.
- El manchego no se ajusta los pantalones: se ataca.
- El manchego no va a casa de María: va anca María.
- El manchego no descansa al mediodía y por la tarde cuando está vendimiando.: echa un culete.

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 7

 

Se merece vivir
esa poesía repetida
y en ello le doy mi indulto
aunque solo sea por un día.

Quede en paz
quien la lea
y todos aquellos que a su amparo encuentren nostalgias retenidas.

Paz + paz,
son paces que no se olvidan,
ya te las comas en plato
o en bocadillo
y con sardinas.

A la paz de Dios, vaya usted en paz,
mi paz te bendiga.

Paz como alma arrojadiza
en algunos lugares del mundo
donde se prueban las armas antes de ser vendidas.

La paz
que palabra tan bonita.

Paz una. paz de por vida.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 6



Siempre se está a tiempo
de contar una verdad o escupir una mentira.
El ser humano hace de todo en la vida.
Mata y asesina
y cura al mismo tiempo las heridas
¿Por qué?
Respuesta: negativa.

Las guerras y guerrillas,
las celadas en una sierra donde las águilas anidan
y los libros de caballería
volviendo loco a quien  en ellos confía.

Siempre es la palabra
 y si tragas saliva
suena a algo más
que a una afirmación poco dudativa.

La paz es una cosa distinta
a lo que en los libros se recoge
pues siempre se salda con victimas
que de las guerras solo sabían que existían.

Paz,
fueron tantos años de paz, mal entendida,
que no se me olvida
como esta se repartía.

En España la palabra paz
se confundía
con supresión de libertades y dictadura

Autor: José Vte. Navarro Rubio



POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 6



Siempre se está a tiempo
de contar una verdad o escupir una mentira.
El ser humano hace de todo en la vida.
Mata y asesina
y cura al mismo tiempo las heridas
¿Por qué?
Respuesta: negativa.

Las guerras y guerrillas,
las celadas en una sierra donde las águilas anidan
y los libros de caballería
volviendo loco a quien  en ellos confía.

Siempre es la palabra
 y si tragas saliva
suena a algo más
que a una afirmación poco dudativa.

La paz es una cosa distinta
a lo que en los libros se recoge
pues siempre se salda con victimas
que de las guerras solo sabían que existían.

Paz,
fueron tantos años de paz, mal entendida,
que no se me olvida
como esta se repartía.

En España la palabra paz
se confundía
con supresión de libertades y dictadura

Autor: José Vte. Navarro Rubio



POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLIÁS 5

 

Escuchate y abrete
como fruta sin paraíso a la vida
que vida solo hay una.

Encuentro de palabras
una tras una
y todas juntas
llamando a una puerta
de la que sale una queja aguda:

¡Se me fue la vida!

Lamento es
y sobran las preguntas
aunque a través
de una angosta abertura
se ve una figura
andar tras de su exclamación buscando ayuda.

La vida y dura
y los silencios y de sepultura
y las exclamaciones y quizás las preguntas
todos juntos
y todas juntas
mirando un calendario
en el cual una hoja anuncia
tornados y tormentas, granizos y lluvias,
soles rompiendo los terrones y fríos comiéndose las dudas

Para esto y lo que queda
me envaino las preguntas
y continuo con las dudas.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLIAS 4



¿Que queda
de aquello que fue?
¿De lo que nos dieron
y no guardamos?
¿De lo que nos servimos
y dimos por hecho?
¿De lo que pensábamos
y quedó solo en eso?
¿De lo que soñábamos
y se esfumó en un día de calores inmensos?
¿De aquellos besos?

¿Que queda de todo ello?
Si no lo que somos,
si no lo que eramos.

Y quizás fue
y quizás tuvo ello sentido 
ser paridos con sufrimiento
de la madre
que nos trajo al mundo
de la madre.....que siempre nos veló
hasta en sus sueños.

Dolor en la vida
que llevamos y llevaremos
y dolor en la muerte
de los que se fueron
y de las que llegaran, muertes, es cierto,
y de la que nos serviremos
para cruzar los espacios
de un lugar concreto
e ir en busca de lo que no acierto ni a definir ni presentir aunque debe haber dolor en ello
por parte de los que se quedan
y por parte de los que se fueron.

Autor: José Vte. Navarro Rubio
.

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 3

 

Fui viajero de un tren
en el que viajaba de pequeño
y ahora descansa
ya perdida la inocencia
en los estantes de una vieja estantería.

Desde ese día,
de una niñez que fue finiquitada
y dada por desaparecida
a poco que la reviva,
uno ha viajado en trenes con maquinistas
añorando en la flor de su edad marchita
las vías de recorrido largo
esas que llevan a lugares donde poder iniciar una nueva vida.

El tren al que yo subía
quedó en mi memoria perdido un día
y de tan niño que era
creía que corría deprisa
cuando lo veía
a través del cristal de un escaparate
que trasmitía por telepatía
los silbidos del encargado de las estaciones
y el olor a carbonilla que entraba por las ventanillas.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 2



Hablar de la ciudad en la que uno creció
es mal oficio
como el dejarse llevar por sus estornudos.

La ciudad oculta aquello que le da pena al mundo
entre ellos:
A sus vagabundos.
A sus parados.
A sus pobres sin oficio conocido.
A los bipolares, ascéticos y moradores bajo puentes y cabinas de todo tipo.
A los ladrones de poca monta
y a los atrevidos defensores de las minorías que existen en todas las parte del mundo,
y esto ocurre
desde que Magallanes se atrevió a salir y volver al mismo sitio
después de dar tantas vueltas
que al final pienso que vago sin rumbo fijo,
como si hubiera sido una libélula
debajo de un foco de luz,
en un patio andaluz con vasos llenos hasta arriba de vino tinto.

La ciudad gime de vergüenza cuando le sale su instinto maternal
y ve como madre que da a luz en cualquier rincón o sitio
que solo puede ofrecer a sus hijos e hijas
las aceras y las calles para que circulen en pos de su destino.

Nueva York se luce cada día con un nuevo anuncio
y en su búsqueda  de identidades y remotos antepasados
se encuentra con la frontera de lo permitido
y allí muere desde siempre entre lamentos y perjuicios
por querer ser algo más de lo que no fue y por querer vivir de culo
a la nación que la hizo grande para que fuera escaparate de viajeros en barcos que llegaban
con lo justo
para malvivir y ser ciudadanos de un País
que sin inventar otra cosa que no fuera la prensa puesta a su servicio
se valió de su lejanía para crearse un noble título,
de patria donde cualquier nacido se puede forjar un buen destino.

La ciudad destruye lo que uno anhela
y allí donde florecen los racimos de uvas
la ira se viene a vivir dentro del grano del que surgirá el vino.

Ciudad y destino va todo junto
desde que se nace
hasta que se muere
pasando por tanto que da miedo abrir ese libro
en el cual la ciudad escribe su diario monótono
con el cual poder decir que tiene sentimientos aunque nadie sepa decir donde los ha visto.

Autor: José Vte. Navarro Rubio


domingo, 9 de junio de 2013

POESÍA: EL HACEDOR DE MELANCOLÍAS 1

 Image

Me refugio en la ciudad en la que vivo
y a través de ella descubro
su puerto sin barco alguno y a un grupo de estibadores descargando  baratijas chinas
de esas que cada día nos vienen enviando al paro más absoluto.

La ciudad con la que yo sueño esta llena de mujeres y hombres que piensan por si mismos
y de cafés con sus terrazas donde el tiempo se detiene y no avanza a pesar de que la noche nubla
nuestros destinos.

Esa ciudad,
con sus jardines, plazas, ríos, hospitales,  escuelas para niñas y niños
y salones de té
donde se juega al mus incluido,
es una ciudad pensada para ser habitada en un futuro,
en ese momento justo
en que ya cercano el otoño
y con el tiempo menguando en la escala del uno al infinito
nos entretendremos descifrando como será nuestra partida de este mundo.
                               y
creánme que quiero contarles en estos minutos
cuales son mis planes
para con esa ciudad
y el porqué me entretengo construyendo este montículo de ideas y diáfano discurso
que no repetiré
por mucho que se diga
que  la ciudad con la que yo sueño esta llena de mujeres y hombres que piensan por si mismos
y de cafés con sus terrazas donde el tiempo se detiene y no avanza a pesar de que la noche nubla
nuestros destinos.


La ciudad se llama Nueva York
y fue concebida para ser hogar de indios
hasta que un listo se atribuyo la gloria de quedarse con todas las tierras que habían junto a un río.

Es a esa ciudad
a la cual yo acudo,
de noche en noche
antes de comenzar a hablar de otro asunto
que tiene que ver con Federico Garcia Lorca,
pues en ella creció el poeta
en temple, arte y estilo,
antes de que le pegaran unos asesinos un sinfín de tiros.

Es el suyo, el de Federico,
un libro
que aunque ha andado mucho
todavía está por descubrirse
al igual que un día lo estuvieron las fuentes del Nilo..
                     Ciudad esta es
a la que dedico sin más glorias ni penas
que lo que cuesta ponerse delante de la maquina y pegarle a los dedos de lo lindo
algún que otro rato perdido
y el de ahora es uno de esos instantes de ocio
en un domingo vencido.

Por ello me divierto abriendo el grifo de lo que no queria´decir y
digo
porque es de honrado caballero dar a cada uno lo suyo
y Nueva York en esto fue casa de  muchos republicanos exiliados y fugitivos
que al otro lado de ese océano tan atrevido del cual no me acuerdo si es el Atlántico o  el Indico
hizo de generoso hospicio.
                  
                            Tanto hablar
no alargará más mi discurso
por eso me voy
hasta allí justo
donde una estatua de piedra con una terraza abierta en su frente como si fuera un anfiteatro
de leones y cristianos peleando sobre la arena de un circo
me llama
entre murmullos
y me dice
¡vaya susto,
valiente y astuto
fornicador de poemas
y hombre consumido por las letras que se esconden en un libro!

¡Vente hasta mi
y sube de inmediato hasta este occipital abierto como ventana al mundo
y aquí sin más que hacer que mirar hacia el suelo cubierto de mármol y granito
podrás comprobar que en Nueva York no hay más murmullo
que el que lanzan los vendedores de perritos calientes que echan mucho humo!

Por favor taxista puede parar
 junto al arcén
que que vea como vomita la ciudad luces de neón y humo.

Pare,
taxista, pare, por Dios bendito,
que no me queda ni un dolar en los bolsillos
con que pagar esta carrera
que no me lleva a ningún sitio.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESIA: CARAJO GRITÉ Y ESCUPÍ SAPOS POR LA BOCA

 
           I
Plenitud y silencio
duda..................
alta la catedral
y pequeñas sus figuras
no se si creo
o
venido el caso
si creería

      II
La piedras desnudas
mueren todos los días
y resucitan
sin necesidad de ayuda
al canto del Ángelus
en el mediodía

    III
Oscuridad
y luz difusa,
olor a cera,
plegarias, rezos
y preguntas
de los que salen sin mirar a las alturas
y de los que entran
en una catacumba
donde crecen silencios
tras cada nicho o tumba.

    IV
Cuenca
allí
y arriba,
y abajo
tan tranquila,
en la quietud de un momento
sin más habladurías
que el sonido de un pito
en la boca de un policía.

    V
Soy y seré
quizás mi pregunta
sea agua consumida
en una pila
que bebe el ganado
después de una jornada dura.

   VI
Atino en decir
que me asaltan las dudas
por hacer lo que quiero
y no lo que debería,
romper los versos,
comerme las rimas,
hacer una gran hoguera
y en mitad de las llamas vivas
arrojar los millares de hojas
que me sirven de ayuda
en esos momentos concretos,
de ellos hay muchos en la vida,
en que uno se siente tan libre
que por la boca le sale espuma.

      VII
Y tu aquí
¿qué me preguntas?
No sabes que la noche
es parte de esas historias duras
que cada uno cuece
en la olla de su memoria selectiva
para ofrecer como comida
cuando presiente
que le asaltan las dudas.

       VIII
De todos los versos el octavo
me causa tristeza repentina
no se por qué el 8
tiene tanta carga emotiva
si nunca jugué al fútbol
ni a esa edad yo sabía
que un día
haría con el 8 una poesía.

      IX
Canta
y puede ser la alondra
y canta
y puede ser el poeta
y canta
y se da
tanta desvergüenza
en esta España
cada vez más selectiva
que del canto cojo
las letras que
por la calle el aire ventila.

    X
En la hora décima
mueren  en el mundo
tantos mortales
que no cabrían
ni el Vaticano
por estar lleno de curas
ni en el Palacio de Oriente
reservado para fiestas oportunas
ni en el mayor de los teatros
donde las pajaritas
se mueren de risa
en los cuellos de las camisas
ni en un cementerio
de esos de lápidas votivas
ni en el corazón de los ricos
pues ellos no sienten ni de la tristeza ni de la amargura.

    XI
Por fin respiro
me se llegado al momento
de acabar con esta locura
de decir lo que siento
y de no escuchar a nadie preguntando ¿de que dudas?

   XII
Y subió Moisés a la cima de un monte
donde no sabía
que le esperaba un cantero
esculpiendo en una piedra muy pulida
tantos mandamientos
que desde entonces los que mandan en el mundo
se dedican a lanzar Constituciones
que solo sirven para decir ¡cuanta democracia escrita!

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: LOS CAPONES Y COLLEJAS DE PINAREJO POR AQUELLOS DÍAS DE UN SIGLO QUE POR MI CABEZA CAMINA



NUDILLO DEL DEDO CORAZÓN


COCOTE/COGOTE/CORONILLA


En Pinarejo los capones se repartían
sin orden ni concierto
e igual daba el día, la semana o el mes
en que a uno le caía
aquella pedrea de la lotería
que consistía
en recibir en el cocote
un golpe que te dejaba a la deriva
al ser proyectados los nudillos
con la fuerza expansiva
equivalente a  un cañón de artillería.

Don Gregorio se llamaba
quien hacia uso de esta practica
tan poco educativa
y para ello nuestro amigo se servía
de su labia y descomunal puntería.

Pocos en Pinarejo
y menos la chiquilleria
se salvó del capón en la testa equina
y algunos que todavía recuerdan la medicina
dicen entre sobresaltos y agonías
que sintieron piar a pajaritos y que veían una gran nube sobrevolar sobre su vista.

Yo me salvé
pues para cuando estaba en edad de figurar en la lista
ya iba
camino de Valencia
y por eso hoy en día
adolezco de cuño y firma
de quien en Pinarejo
en vez de peladillas
repartía capones sin mirar quien era el que los recibía.

Paco Arenas también se salvó
gracias a que de monaguillo ejercía
y Clemente Requena
por pies salió corriendo
y si no llega a ser por su padre
todavía hoy en día
andaría corriendo entre olivos y viñas.

Mi primo Luis Rubio
me contó mil veces
su desventura
tan mal lo pasó
que cuando me lo decía
daba muestras de mucho enfado y pocas alegría.

El capón en Pinarejo
fue mala medicina
pues ninguno que lo recibió
curó de su borriquería.

 Poesía realizada sin el ánimo de ofender a nadie. Los términos borriqueria y testa equina se emplean de forma metafórica.

COCOTE

Definición: Parte superior trasera de la cabeza. Cogote.
"Si no acacha el cocote se lleva la colleja entera".
"Bajate la boina que te se va a enfriar el cocote". ""Esto está más duro que el cocote de Cristo".

Autor: José Vte. Navarro Rubio

EL CHOCOLATE JOSEFILLO Y OTRAS CURIOSIDADES





Es para mi un honor recordar
aquel chocolate que solíamos merendar
y que tan bueno nos solía estar
que nos veníamos a chupar
hasta más allá de donde la lengua alcanzaba a llegar.

Josefillo era el nombre del chocolate
y hoy lo he vuelto a recuperar
tal y como en su día se solía empaquetar
en onzas que servían para aliviar
las hambres voraces de nuestra infancia en la época de autarquía económico social
de aquel general
que implantó en España una dictadura de tipo militar.

Recuerdo de aquellas onzas de chocolate
que mi madre solía comprar
lo duro que resultaba hincar el diente a tan excelente constituyente de origen vegetal.

Autor de la poesía: José Vte. Navarro Rubio


 
ARTICULO SOBRE LAS BONDADES DEL CHOCOLATE
Publicado en la Voz de Galicia.es el 30de marzo de 210:

Comer una onza de chocolate al día, preferiblemente de chocolate negro, puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares por los efectos de los flavonoles que contiene el cacao, según un estudio publicado este martes por The European Heart Journal.
«La buena noticia es que el chocolate no es tan malo como solíamos pensar. La mala noticia, al menos para algunos de nosotros, es que la cantidad que necesitamos (para reducir el riesgo de esas enfermedades) es baja: entre seis y ocho gramos al día es suficiente», dijo a Efe Brian Buijsse, autor principal del trabajo.
De acuerdo con las observaciones de Buijsse, del instituto alemán de nutrición humana Nuthetal, ingerir una media de 7,5 gramos diarios de chocolate puede reducir un 27% el riesgo de sufrir ataques de corazón y un 49% el de apoplejías, en comparación con personas cuyo consumo medio es de 1,7 gramos.
Estos resultados se explican en parte por una presión sanguínea menor en las personas que consumen más chocolate, dijo Buijsse, que para realizar su investigación tomó como referencia a 19.357 personas con edades comprendidas entre los 35 y 65 años, que fueron seguidas durante diez años.
«El flavonol del cacao parece ser la sustancia responsable» de reducir ese riesgo, ya que «mejora la disponibilidad del óxido de nitrógeno de las células que cubren las paredes interiores de los vasos sanguíneos», afirmó Buijsse.
El chocolate blanco no tiene ningún valor en la prevención de estas enfermedades pues «no contiene masa de cacao, sólo azúcar y mantequilla de cacao», a diferencia del chocolate con leche, que contiene en torno a un 30% y el negro, que posee un 40% o más.
Además, el epidemiólogo advirtió de que las «pequeñas cantidades de chocolate podrían ayudar a prevenir enfermedades cardiacas sólo si sustituyen a otros alimentos de alto contenido energético como los aperitivos» y no a comidas saludables.
«Comer grandes cantidades de chocolate es probable que cause un aumento de peso, pues el chocolate contiene mucho azúcar y grasa y, por lo tanto, es rico en calorías», sentenció Buijsse.

POESÍA: PINAREJO, SU MOLINO Y LA HISTORIA DE AZUCENA PRINCESA ALLÍ CAUTIVA




Me he permitido la osadía de tomar una fotografía del blog de mi amigo Paco Arenas y componer este poema que tiene que ver con las bodas de Pinarejo y aquella costumbre de dar vueltas al molino.

HISTORIA DE ALÍ Y AZUCENA

En aquel Molino de viento de Pinarejo se decía
que vivió una princesa cautiva.
Mora la pobre
el moro que la atendía
le llamaba Azucena y ella por el ventano le decía
rescatarme del cautiverio
y si lo haces con prisas
me iré contigo
más allá de ese horizonte que me causa tanta nostalgia y desdichas.

Azucena
estaba cautiva
por querer a un pobre criado
que a su padre servía
y por eso un mal día
Azucena en el molino fue  a caer cautiva
y el moro que la quería
desterrado de Pinarejo
para servir en galeras en las costas de Alejandría.

El moro a la  mora
así le dijo en su despedida:
vendré a por ti un día
cargado de oro y de pedrería
con que pagar a tu padre
y por hacer hacer de esta desdicha una nueva dicha.

Regresó Alí
y en una noche de cerrada luna
a la puerta del molino de viento tocó de forma repetitiva
para enseñar a su prometida
un arcón de oro que llevaba
con el cual poder decirle a Mustafa que quería por mujer a su hija.

La ventana cerrada
ya los gritos se oían desde más allá de Santa Ana
donde Mustafa
padre de Azucena tenía
una cueva donde guardaba el ganado que pastaba cerca de la villa.

Acudió Mustafa
al molino para ver lo que ocurría
y se encontró a Ali
esgrimiendo una daga con la cual lo mataría
por haber cegado sus sueños
y haberse llevado  a un mundo que el desconocía
a su prometida.

Alí juró gastar su fortuna
en recordar la memoria de su prometida
y desde aquel día
todos los que en Pinarejo se casaban
ya fueran moros o cristianos de Santa Águeda su santa más querida
daban vueltas al molino
cantando entre risas
esta pequeña estrofa
que encontré muy escondía
en un cofre de marfil
que en el molino de viento había
en la escalera de piedra
de subida
a la alcoba en la que Azucena pasó buena parte de su vida.

Canción o estribillo:

Murió Azucena de amor
y nosotros que nos casamos en este día
no queremos más fortuna
que una familia que nos quiera
y unos amigos con los que disfrutar nuestra dicha.

Girar pinarejeros y pinarejeras, niños y niñas
entorno al molino de viento,
girar,
que el molino no gira
y besar sus piedras antiguas
pues quienes besan donde cayeron las lágrimas de aquella princesa cautiva
tiene asegurada  su descendencia
para el resto de sus días.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

        OTRAS ESTAMPAS Y BAILES





POESÍA: LA LUZ Y LA CAL EN PINAREJO ERAN UNA DICHA

Vieja fachada de cal, Ubrique

La luz cae
y en su caída se olvida
del momento en que surgió
y de quien le dio la vida.

Luces de la mañana
con sabores a nuevo día
en un lugar concreto
y a la puerta de una casa
contando esas horas perdidas
en no hacer nada
y en repasar el paso de uno por la vida.

Luces cegadoras
que si miras al astro rey
te comen la vista
como si fueran lenguas de sol relucientes
atravesando el cuerpo
y huyendo a toda prisa
por caminos que de cerca parecen grandes
y de lejos se convierten en una quebrada linea.

Cal y luz.
En Pinarejo era una dicha
ver las paredes blancas
y sujetas en ellas
la luz de un día y el calor de un sol desprendiendo su energía
para crear vida
al amparo de los campos en los que crecen las semillas
y de los cuales el hombre se sirve
para criar una familia.

En los veranos
de luces en los montes perdidas
se oyen las chicharras
cantar sus melodías
agobiadas por el calor
y tranquilas
a la sombra de cualquier árbol bajo el cual hacer de la sombra su salvavidas.

Luz y luces
en una ventana perdida
y detrás de ello una perilla
y un cable largo
de los tiempos en que en esa casa vivía
una familia
acomodada a lo que la tierra daba
y a un sentimiento fuerte de pertenencia a un pueblo del cual se creían hijos e hijas.

Luz
que me tranquiliza
y tras los montes
luz que nos devuelve a otros días
de voces y carreras, de fiesta, toros y alegre música.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

APUENTES SOBRE EL REINO DE REDONDA Y SU ÚLTIMO REY JAVIER I









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De todos los bohemios que han residido en Notting Hill a lo largo de los años ninguno fue más quijotescamente pintoresco que John Gawsworth, el alcoholizado rey Juan I de Redonda. Gawsworth heredó el reino de fantasía del escritor Matthew Phipps Shiel (1865-1947), quien emigró a Gran Bretaña en 1885 desde las Islas Leeward, donde había sido coronado rey Felipe I de Redonda -una roca volcánica de una milla de longitud- el día de su decimoquinto cumpleaños. Shiel tuvo una carrera literaria erráticamente exitosa por medio de la cual disfrutó de la amistad de R.L. Stevenson, Arthur Machen, Ernest Dowson y otros literatos de su época y vivió durante un tiempo en St. Charles Square, al lado de Ladbroke Grove.
El rey Juan, que poseía sangre irlandesa, escocesa y francesa, fue bautizado Terence Ian Fytton Armstrong en el número 97 de Gunterstone Road, Kensington, el 29 de junio de 1912. Se educó en la Merchant Taylors' School y vivió primero con su madre en Colville Gardens W11 y después en el número 40 de Royal Crescent, Holland Park. Fytton Armstrong se convirtió en un coleccionista fanático de material literario: autógrafos, cartas, manuscritos, apuntes y ediciones firmadas. Tras dejar el colegio, el Book Boy, como era conocido, alquiló una habitación en un sótano en el número 17 de Sunderland Terrace W2 y se embarcó en el estilo de vida bohemio de un poeta erudito. Trabajó en una librería del Soho, después para el editor Ernest Benn y con poco más de 20 años ya había publicado varios folletos de poesía, recopilado biografías de escritores a los que admiraba, escrito una biografía de Machen y editado una serie de antologías de historias de terror y misterio. Adoptó el nombre de John Gawsworth como seudónimo romántico en honor a su descendencia de la familia Fitton de Gawsworth Old Hall en Cheshire (Mary Fitton es, según se dice, la "Dama Oscura" de los sonetos de Shakespeare). En 1931, cuando tenía 19 años y trabajaba de empleado para un editor de Fleet Street, John Gawsworth había escrito a Shiel, que por entonces ya iba camino de los 70 años, y se había convertido en su principal bastión: le ayudó a obtener una pensión civil y cabildeó con los editores sobre sus libros. Aunque Shiel reinó como Felipe durante 67 años, consideraba Redonda como un asunto principalmente privado; pero el sagaz y ambicioso Gawsworth, nombrado Poeta Laureado del reino, pronto asumió el papel de éminence grise. En 1936, en la casa de campo que Shiel poseía cerca de Horsham, Sussex, Felipe y Gawsworth se cortaron las muñecas derechas con una navaja y mezclaron su sangre. Mediante este ritual, del cual fue testigo el escritor Edgar Jepson, Gawsworth se convirtió en el heredero de Shiel. Cuando Shiel murió, el 17 de febrero de 1947, Gawsworth accedió al trono como Juan I, dispuso su propia coronación y comenzó un reinado voluble, manteniendo su "corte en el exilio" en las tabernas y bares del Soho y Fritzrovia. Posteriormente el pub Alma, en el número 175 de Westbourne Grove W11, se convirtió en el cuartel general de Redonda.
Durante el reinado de Shiel, varios escritores, incluidos Jepson, Lawrence Durrell y Henry Miller, fueron nombrados nobles, con Gawsworth en funciones de regente. Como rey Juan extendió esta costumbre, creando así una aristocracia intelectual para perpetuar la memoria de su predecesor, emitiendo documentos reales en papel antiguo veneciano. Arthur Machen, Rebecca West, Julian Maclaren-Ross, Arthur Ransome, Victor Gollancz y otros muchos autores fueron recompensados con ducados y títulos de caballero en reconocimiento a sus servicios a Shiel o al reino.
En 1938, este pelirrojo y delgado prodigio con cara de zorro y nariz partida de boxeador se convirtió en el miembro más joven de la Royal Society of Literature. Vivía cómodamente en un piso en el número 33 de Great James Street, Bloomsbury, con su primera mujer, la periodista del Daily Mail Barbara Kentish, y se relacionaba con escritores como T.E. Lawrence, Edith Sitwell y Dorothy L. Sayers. Lawrence Durrell, cuatro meses mayor que él, se sintió inmediatamente atraído por los modos y maneras profesionales de Gawsworth cuando se conocieron en 1932. El servicial Gawsworth ayudó a Durrell a publicar sus primeros poemas. Años después, como tributo, Durrell escribió: "Yo era un absoluto novato en asuntos literarios, además de un provinciano, y ese encuentro fue muy importante para mí ya que encontré en Juan I a alguien que ardía con una intensa llama, justo lo que yo quería para mí mismo…".
Tras fundar dos revistas literarias y tratando siempre de sacar de apuros a escritores olvidados, Gawsworth, que sufría de dipsobibliomanía, se convirtió en uno de los principales personajes de la capital. Conocido como "el último jacobino", fue un ardiente republicano irlandés y, tras servir en la India durante la guerra, un nacionalista hindú que se convirtió al hinduismo. El poeta John Heath-Stubbs, nombrado duque de Redonda en 1949, escribió: "Se decía que existía una superstición en Fleet Sreet según la cual si te encontrabas a Gawsworth dos veces en una misma mañana te morirías en el transcurso de ese mismo año y él sería tu albacea literario".
El sólido verso neogeorgiano de Gawsworth, que seguía la tradición lírica de Ernest Dowson y Lionel Johnson, era la antítesis del desolado modernismo social de los años treinta. A pesar de resultar anacrónica, su prolífica producción fue admirada en su día, pero tras su servicio en las Fuerzas Aéreas durante la guerra no fue capaz de cumplir las promesas de su juventud precoz. Aunque sus Collected Poems aparecieron en 1949 y fue un editor audaz y competente de Poetry Review desde 1948 hasta 1952, su ulterior carrera se vio truncada por un prolongado descenso hacia el alcoholismo. En los años sesenta, cuando vivía en el número 35 de Sutherland Place, Notting Hill, estaba ya en plena cuesta abajo: sus publicaciones se habían reducido a un efímero goteo en conmemoración de sus mentores ya fallecidos. El "viejo y empedernido hombre de letras diabético, siempre rebuscando entre las estanterías y mis archivos personales", como él mismo se describía, vivía de la venta de libros y manuscritos, y una buena cantidad de las ganancias la destinaba a emborracharse.
Cuando se sentía deprimido, Gawsworth visitaba la iglesia de St. Mary of the Angels, situada frente a su casa, y besaba el pie de la estatua de St. Joan: tanto él como St. Joan, decía, habían sido víctimas de la persecución inglesa. En 1968, tras aceptar cierta suma de dinero por abandonar Sutherland Place, Gawsworth se convirtió en un auténtico sin techo y pasó a depender de la caridad de sus amigos y de su consorte, Eleanor Brill de Peel Street W8, a la que se refería como "Queen SJ" —subjudice, ya que el rey nunca llegó a desposarla.
A principios de 1970, tras un llamamiento a favor del poeta indigente, la BBC realizó un documental sobre Gawsworth para Late Night Line-Up. El rechoncho Gawsworth, apoyado en un bastón, es mostrado visitando a antiguos amigos literatos y paseando por las calles del Soho y Bloomsbury con gran dignidad. Hacia el final del documental, cuando saluda a Durrell en un pub londinense, Gawsworth está borracho como una cuba.
Ese mismo año, tras habérselas arreglado para echar mano de 1.400 libras provenientes de los fondos de una colecta, Gawsworth pasó varios días de parranda en el Alma, seguidos de una estancia cerca de Florencia, donde se enamoró, y que terminaron con el poeta en el hospital con úlceras sangrantes de estómago. Los años de alboroto y desmadre se cobraron su inevitable peaje y Gawsworth murió tres meses después de regresar a Inglaterra, en el Brompton Hospital, el 23 de septiembre de 1970. Tenía 58 años.
Tras su muerte, el Reino de Redonda cayó en la confusión. En 1958 Gawsworth había puesto el reino a la venta mediante un anuncio en The Times por un precio de 1.000 guineas. Al anuncio le siguió una avalancha de cartas y telegramas procedentes de todo el mundo, e incluso un miembro de la familia real sueca envió 50 libras como depósito; pero, sintiendo que estaba "vulgarizando un reino noble", Gawsworth retiró la oferta. Se cree que en 1960 Gawsworth pasó la corona a Dominic Behan, hermano de Brendan, pero el dramaturgo inglés no fue sino uno más de los candidatos elegidos para convertirse en su heredero.
La mayoría de los eruditos redondinos reconocieron al editor y escritor afincado en Sussex Jon Wynne-Tyson (rey Juan II) como el albacea literario de Shiel, y a Gawsworth como el sucesor más adecuado. Junto con algunos de sus cortesanos, incluido el bibliógrafo de Shiel A. Reynolds Morse, Juan II tomó tierra en Redonda el Viernes Santo de 1979, y juntos llevaron a cabo la difícil ascensión a su cima de 971 pies de altura. En 1997, a los 73 años, Mr, Wynne-Tyson abdicó en favor del eminente novelista español Javier Marías. Entre los distinguidos artistas y escritores honrados por Marías, que reina como rey Xavier I, se encuentran Francis Ford Coppola, duque de Megalópolis, el cineasta español Pedro Almodóvar, duque de Trémula, A.S. Byatt, duquesa de Morpho Eugenia, William Boyd, duque de Brazzaville, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, duque de Tigres, y el novelista alemán W.G. Sebald, duque de Vértigo. Además, Marías ha creado un sello editorial para homenajear a los escritores relacionados con el reino. Shiel y Gawsworth se han ido, pero el Reino de Redonda parece imperecedero.

Roger Dobson
Inside Notting Hill, mayo de 2001
Traducción: J. Pedrero

FUENTE:http://www.mgar.net/docs/redonda.htm

El reino de Redonda:
Su primer rey fue Felipe I (Matthew Phipps Shiel). Su padre, banquero de origen
irlandés, compró el territorio para celebrar el nacimiento en Montserrat de su primer varón. La Oficina Colonial Británica no reconocía sus derechos de posesión pero no se negó a que los Phipps utilizaran el título de Rey de Redonda. Tras la muerte del primer rey (1947), su amigo y discípulo John Gawsworth heredó el reinado y los derechos de los libros. Adoptó el nombre de Juan I (el escritor John Gawsworth había nacido en 1912 como Terence Ian Fytton Armstrong). Gawsworth nunca visitó la isla, otorgó títulos y cargos en función de sus deudas, y vendió el título de rey a varios compradores. Muchas decisiones etílicas del segundo rey fueron reprobables, pero inauguró la idea notable de mantener una aristocracia literaria. Juan II (John Wynne-Tyson), único heredero literario y legítimo de Gawsworth, propuso a Javier Marías que se hiciera cargo del título, por su contribución a difundir la historia de la isla y el legado literario de sus monarcas.
Javier Marías:
Desde hace casi una década mi amigo Javier Marías es rey de Redonda. Por una de esas voluntariosas carambolas literarias un escritor republicano se ha visto coronado rey de una isla fantasmal y fantástica. Ahora otro azaroso destino ha querido que Xavier I, H. M. King of Redonda, sea elegido miembro de número de la Real Academia Española. La primera parte de esta caballeresca acción podría ser muy bien el comienzo de un cuento de Borges, en el que un joven rey va a la busca de su reino, se pierde en un dédalo de corrientes marinas, y pese a intentarlo con perseverancia, el reino siempre le resulta inalcanzable. (Marcos-Ricardo Barnatán en el noveno aniversario del nombramiento, 06/07/06)
Hablé [en Negra espalda del tiempo] del oscuro escritor londinense John Gawsworth, quien prometió mucho de joven, combatió como piloto en la Segunda Guerra Mundial, anduvo por Egipto, Argelia, Túnez, Italia y la India, se casó tres veces sin descendencia, no escribió finalmente lo que prometía y acabó sus días como un mendigo, a la edad de cincuenta y ocho años. También fue rey, de la isla de Redonda. Esta isla existe, aunque es tan diminuta (menos de tres kilómetros cuadrados) que no siempre figura en los mapas. Está en las Antillas, la descubrió y bautizó Colón en su segundo viaje y pertenece a las llamadas islas de Sotavento. Se halla cerca de dos islas mayores y más conocidas: la volcánica Montserrat, y Antigua. Política y territorialmente forma parte del Reino Unido, que se la anexionó, adelantándose a los americanos, cuando a ambas potencias les dio por codiciar el fosfato de alúmina de la isla, de origen bastante prosaico, pues lo producía el guano depositado por los casi únicos habitantes del lugar, los alcatraces; aunque por lo visto también hay lagartos, ratas, gaviotas y cabras. En los siglos XVII y XVIII sirvió de temporal guarida a contrabandistas y corsarios, y, sin duda, por haber estado casi siempre deshabitada, algunas leyendas le atribuyen en el Caribe una fama semejante a la que padece en Europa Transilvania: la de un lugar poblado de fantasmas y monstruos y bestezuelas insólitas, donde más de un marinero se perdió sin dejar rastro. Es en cualquier caso, como todo reino legendario que se precie, incluida la ínsula Barataria de Sancho Panza, a kingdom by the sea, aquel en el que vivía, en el inolvidable poema de Poe, la doncella Annabel Lee. (Javier Marías, Este reino junto al mar

Súbditos de un cuento

Tal día como hoy de 1997, Javier Marías fue coronado rey de Redonda, una isla antillana cuya leyenda se alimenta del juego literario.


Si cogen una carta de navegación del Atlántico y buscan las coordenadas 16º 56’ latitud norte y 62º 21’ longitud este hallarán una isla de tres kilómetros cuadrados, habitada por alcatraces, lagartos y ratas. Es la isla de Redonda, un enclave dejado de la mano de Dios, cercano a las islas antillanas de Montserrat y Antigua y en el que están censados el mayor número de ilustres por metro cuadrado del planeta. Los cineastas Francis Ford Coppola y Pedro Almodóvar, los escritores Arturo Pérez-Reverte y Eduardo Mendoza y el arquitecto Frank O. Gehry, entre otros, comparten aristocracia literaria y domicilio caribeño por la gracia del republicano rey Javier Marías (Javier I), que hoy hace cuatro años fue coronado rey de Redonda, tras la abdicación de Jon Wynne-Tyson (Juan II).
Aunque los lectores de Marías sabían de este reino desde su novela Todas las almas, no fue hasta Negra espalda del tiempo cuando sospecharon que aquel lugar de ficción quizá fuera una realidad y no una boutade del autor. El origen del reino, que según Marías se hereda por "ironía y por letra y nunca por solemnidad y sangre", se remonta a finales del siglo XV, cuando Cristóbal Colón descubrió esta isla en su segundo viaje. Su poca importancia estratégica y comercial hizo que en los siguientes siglos sólo fuera refugio de piratas y contrabandistas, hasta que en 1872 la reina Victoria se la anexionó antes de que lo hiciera el Gobierno de EEUU, interesado en el fosfato de alúmina de su pobre suelo rocoso, producido por el guano de los alcatraces.
El padre del escritor Matthew Phipps Shiel, un banquero de la isla de Montserrat que compró el peñasco el día del nacimiento de su primer varón, reclamó a la reina el título de rey de Redonda. Y la reina aceptó siempre y cuando nunca intentara rebelarse contra el poder colonial. Y así fue como M. P. Shiel, alias Felipe I, se hizo con el trono a los 15 años, y empezó a apuntar la creación de una nobleza intelectual.
PRIMER SUCESOR
En 1947, el trono pasó a manos de su amigo y discípulo John Gawsworth (Juan I), quien también se hizo cargo de los derechos de los libros de su maestro. Gawsworth fue el que dio forma a la primera Corte literaria, aunque muchos de los nombramientos se hicieron en los pubs que frecuentaba y con la intención de satisfacer a sus acreedores.
El tercer rey fue John Wynne-Tyson (Juan II), poseedor de los derechos de las obras de los dos anteriores monarcas. Harto del acoso de otros pretendientes al trono, Wynne-Tyson decidió abdicar hace cuatro años, aunque la noticia no se supo hasta casi un año después, ya que su sucesor, Marías, prefirió que apareciera discretamente en Negra espalda del tiempo.
Tras recibir la corona, Javier I quiso saber cuáles eran sus obligaciones para con el trono, y pronto descubrió que no tenía de qué preocuparse: "Debía contribuir a mantener viva la memoria de los anteriores reyes y de la leyenda, y heredar y gestionar los derechos de Shiel y Gawsworth". Lo que no presupone que cada rey deba legar al siguiente sus propios derechos literarios. Parece lógico que cuando muera Wynne-Tyson legue los suyos a sus hijas. "Y en cuanto a mí - dice Marías -, quién lo sabe". Lo único cierto es que el próximo rey de Redonda deberá ser escritor, sea o no español. "Ningún patriotismo en este reino", apunta Marías.
Otra potestad real es nombrar a los nobles. Marías se ha decantado por escritores y cineastas con los que ha tenido algún trato. Todos los escogidos han aceptado, salvo Gore Vidal, que adujo, primero, ser republicano, para luego añadir "un poco incongruentemente, que, por familia, se podía considerar que le habría tocado ser ‘Duke de Venise’ en la realidad, no en la redondina ficción", cuenta Marías, quien prefirió "no indagar al respecto".
Coppola se puse Duke of Megalópolis (la película que lleva años queriendo hacer) en vez de los Duke of Padrino o Duke of Santino que le ofreció Marías, que no osó a "sugerir Duke of Apocalipsis". Mendoza es Duke of Isla Larga, en referencia a Long Island (vivió muchos años en Nueva York) y a su novela La isla inaudita.
Para ser Duke es indispensable que la obra del candidato escritor esté traducida al inglés o al castellano, según sea su procedencia. Y los cineastas, que sus filmes se conozcan en ambas lenguas, aunque sea con subtítulos. Redonda es un reino bilingüe en consideración a los tres reyes anteriores, que eran británicos. Pero siempre hay excepciones, y Marías ha nombrado a Gehry, autor del Guggenheim de Bilbao, Duke of Nervión, por lo que el arquitecto ha diseñado gratis el Palacio de Redonda.
Pero no es el único que ha diseñado algo para este literario reino. Javier Mariscal ha hecho la bandera; el italiano Massimo Vignelli, el pasaporte; el diseñador de Swatch Alessandro Mendini, la moneda oficial; el israelí Ron Arad ha pensado el trono a partir de su modelo de sofá Big Easy Volume 2; la joyera Helena Rohner se ha encargado de la corona, y el también diseñador Marc Newson ha pensado una bicicleta como transporte oficial.
Como el reino de Redonda, además de la ficticia, tiene su parte humorística (su antiguo lema es Ride si sapis, es decir, Ríe si sabes), existen muchos nombramientos divertidos, como el de Comisario de Agitación y Propaganda (Juan Cruz) y el de Cónsul en Jerez (Juan Bonilla). "En breve será nombrado un Embajador en el 221B de Baker Street, que, como todo el mundo sabe, es el país de Sherlock Holmes", apunta Marías.

ENEMIGOS Y REVUELTAS
No hay monarquía sin revueltas, y el Reino de Redonda no es una excepción. Los principales ataques provienen de Internet, donde algunos colgados aseguran ser los verdaderos reyes de Ronda (incluso hay uno llamado Bill Gates que no tiene nada que ver con el amo de Microsoft). "La venta de su título, varias veces, por parte de Gawsworth en sus años más borrachos ha dado lugar a estas disputas dinásticas en las que yo jamás entraré, sólo faltaría", dice Marías.
Desde dentro también se han vivido situaciones delicadas. "Nada más iniciarse este reinado, dos cargos un tanto ambiciosos, y descontentos por no haber recibido título, anunciaron sus intenciones de iniciar una revuelta de cargos y embajadores contra rey y duques - explica Marías -. No sólo no se vieron secundados, sino que fueron aplacados - o sobornados: haya paz - con apodos o dubbings muy de su gusto para sus respectivos cargos. Con todo, tal vez no me opondría a ceder el título de rey, por ejemplo al señor Coppola, si me lo solicitara. Pero como la deshabitada Isla del Caribe no es un paraíso fiscal al estilo de otras islas cercanas, no parece probable que el futuro nos depare una sangrante revuelta".
Según confiesa Javier I, numerosas personas matarían por pertenecer a esta Corte: "Ha habido actrices que han pedido algún título; un señor que, al no haber podido hacerse con no sé qué marquesado español, pedía que se le concediera en Redonda; jóvenes que se ofrecen como espías y bufones". Y si es aconsejable que los desconocidos se abstengan de hacer peticiones, ni aunque vayan acompañadas de sobornos, peor lo tienen los conocidos: "Basta con que las personas por mí conocidas pidan un título o un cargo para que no lo reciban. No me fío de quien manifiesta aspiraciones nobiliarias, aunque sean de ficción", argumenta Marías. Los nombramientos nobiliarios son potestad del rey y Javier I tiene claro quien tiene un lugar reservado en este "club en el exilio cuyos miembros jamás se reúnen" y cuya pertenencia no les cuesta un duro. No así al monarca, que aunque sólo sea por el esfuerzo y el dinero invertido en mantener una leyenda y un juego literario bien merece un "¡Dios salve al rey!".

Óscar López
 

Ha valido la pena
Javier Marías
Al cabo de cuatro años desde que el escritor y editor inglés Jon Wynne-Tyson abdicara de su título de rey de Redonda en mi favor, harto como estaba de los asedios de curiosos, mitómanos y usurpadores, puedo decir que de momento la prolongación por mi parte de este juego y antigua leyenda me ha traído más diversión que quebraderos de cabeza, por fortuna. Mi primera decisión fue hacer absoluto caso omiso de los tales curiosos, mitómanos, usurpadores y detractores. No hacer, tampoco, el menor caso a las posibles burlas, dado que la mayoría de la gente que ha sabido de esta historia ha entendido bien de qué se trataba y la ha tomado como lo que es: una broma literaria (si bien no una payasada), de buena ley y con un pasado ya bastante legendario. Y así la han visto en particular los muy distinguidos escritores y cineastas que me han acompañado en la pequeña aventura. Ha servido este tiempo, asimismo, para crear una modesta editorial, Reino de Redonda, que no creo que nunca saque más de dos o tres libros al año, y que tal vez no dure mucho: si el Reino entra en bancarrota, se interrumpirán sus publicaciones (que beneficios no creo que vayan a dar jamás), al igual que el premio creado. Algo de tarea suplementaria sí ha traído toda esta historia, pero no agobiante (las ediciones las lleva a cabo una gran profesional, Carmen López). Y, en todo caso, los motivos de diversión han sido los suficientes, tanto para mí como (aún más importante) para los demás redondinos. Y no puedo sino concluir diciendo que hasta ahora el Reino que es "sólo aire y humo y polvo" ha valido la pena.

Javier Marías es escritor y, desde 1997, reina en Redonda como Javier I.


Una ‘familia real’ sin sangre azul

Ésta es la dinastía al completo de los monarcas del Reino de Redonda.

  • Matthew Phipps Shiel (Felipe I): Nacido en 1865 en la isla de Montserrat, fue coronado rey de Redonda en 1880 durante una ceremonia naval organizada por su padre, que compró el islote de Redonda. Enseñó matemáticas en Inglaterra antes de dedicarse a la literatura y despuntó en el género fantástico, con obras como The Purple Cloud, The lost viol y The invisible. Lawrence Durrell (Duke of Cervantes Pequeña) y Henry Miller (Duke of Thuana) figuraron en su corte.

  • Terence Ian Fytton, alias John Gawsworth (Juan I): Este londinense (1912-1970) fue piloto en la segunda guerra mundial, se casó tres veces y murió como un mendigo. Tuvo de asesores a Gerald Durrell (Duke of Angwantibo) y Dylan Thomas (Duke of Gweno). Tras su muerte, Jon Wynne-Tyson le publicó el libro de poemas Toreros y Javier Marías incluyó un cuento suyo, Cómo ocurrió, en su antología Cuentos únicos.

  • Jon Wynne-Tyson (Juan II): Nació en Inglaterra en 1924. Además de editor, publicó cuentos y obras de teatro y la novela So say banana bird. Entre los miembros de su Corte destacan Ronald Hall (Duke of Domingo) y Madeleine Masson (Duches of Mirage).

  • Javier Marías (Javier I): Nació en Madrid en 1951. De joven demostró que además de dar volteretas junto a escritores como Juan Benet, se le daba bien lo de escribir. Ha publicado un sinfín de libros, como El hombre sentimental, Todas las almas y Corazón tan blanco. En su corte figuran Francis F. Coppola (Duke of Megalópolis) y Fernando Savater (Duke of Caronte).
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  • El escritor Matthew Phipps Shiel -o Felipe I de Redonda (1865-1947)- nació en la isla caribeña de Montserrat y vivió la mayor parte de su vida en el Reino Unido. Shiel fue hijo de un armador forrado y excéntrico, predicador metodista, que antes de triunfar con los fletes había prosperado con varias tiendas de ultramarinos. Este empresario compró el islote deshabitado de Redonda, a unas doce millas de Montserrat, y se lo entregó a su hijo. El obispo de Antigua ofició en la coronación de Matthew Phipps, que se convirtió así en el primer monarca de Redonda con el nombre de Felipe I.
    (Como es sabido el reino de Redonda tiene actualmente un rey de origen español. Aunque hay varios individuos que se han autoproclamado monarcas de la isla, la mayor parte de los historiadores que han investigado este asunto, así como los mejores especialistas en genealogía, derechos de sucesión y casas reales extraeuropeas, después de consultar los anales redondinos y otros documentos paleográficos no menos confusos, han coincidido en que Xavier I -Javier Marías-, es el de mejor derecho y el único rey real y monárquico de Redonda).

    Shiel -o Felipe I- publicó sus primeras obras en la última década del siglo XIX. Por lo general en sus novelas y relatos combinó un ambiente apocalíptico y futurista con el gusto de fin de siglo por la intriga de terror. Con semejante cóctel no es de extrañar que sus obras recibieran elogios de Lovecraft. Uno de sus volúmenes de cuentos, El príncipe Zaleski (1895), sigue considerándose una gran muestra del gusto tardo-victoriano por este estilo literario, y entre sus novelas La amenaza amarilla (1898) se hizo famosa porque dio con una expresión que resumía el sentir popular sobre las guerras comerciales del Reino Unido en Oriente.
    La nube púrpura (1901) es una novela de ciencia-ficción. Shiel escribió la historia de un hombre indeciso que, por una serie de casualidades, se convierte en el primero en llegar al Polo Norte. Adam Jeffson, el protagonista y narrador, apenas toma decisiones y cuando lo hace siempre es en función de las expectativas que los demás han depositado en él. El terror surge cuando regresa del Polo y se encuentra con que es el último hombre vivo. Una nube púrpura -que se ha interpretado como una profecía del hongo nuclear- ha terminado con la humanidad y Adam, que vivía para los demás, tiene que enfrentarse a la soledad absoluta. Recorrerá una Europa fantasma hasta que, años después, encuentre a una joven con vida. Adam, que había estado acosado por la tentación del suicidio, se planteará ahora si convertirse en otro Adán y generar una nueva hornada de hombres o si, por el contrario, debe renunciar a la tentación de procrear eliminando a la joven. La novela, en resumidas cuentas, pasa de la narración de aventuras del comienzo a las reflexiones angustiosas de la soledad para culminar, al fin, con la relación de Adam y la joven. La prosa de Shiel es ágil, de una eficacia narrativa fuera de lo común y, además, le sucede lo que a Dostoievski: gana mucho con la traducción.


    John Gawsworth se llamaba en realidad Terence Ian Fytton Armstrong, había nacido en 1912 y eligió ese alias literario en honor a la morada de sus antepasados, el Gawsworth Old Hall de Chesire donde se dice que habitó Mary Fitton, la "dama oscura" de los sonetos de Shakespeare. En opinión de muchos, tenía legítimo derecho, incluso literario, a ese nom de plume: frecuentó precozmente a Yeats y Thomas Hardy, a Walter De la Mare y Wyndham Lewis, a Edith Sitwell y TE Lawrence (sí, Lawrence de Arabia), en 1938 se convirtió en el miembro más joven de la Royal Society of Literature y era un romántico que parecía buscar una muerte prematura "por alcohol o daga". Sin embargo, sus características literarias más celebradas eran un ojo verdaderamente clínico para detectar incunables en las librerías de saldo (que le permitía, según recuerda Durrell, "peinar" con treinta chelines todos los puestos de Charing Cross Road y volver, media hora después, del Departamento de Libros Raros de Foyle con billetes suficientes para sobrevivir una semana) y una capacidad sin límites para ayudar o rescatar del olvido a colegas en apuros (sus "cruzadas literarias" abarcaban desde antologías y reediciones anotadas de autores ignotos hasta pedidos perentorios a la Sociedad de Literatura de pensiones para escritores enfermos o en dificultades económicas). Así se ganaba o malgastaba su vida Gawsworth: una y otra tarea funcionaban como perfecta coartada o insalvable obstáculo -depende desde dónde se lo mire- para tener un empleo fijo y también para producir su propia obra, que se reduce a un par de plaquetas de poemas. Durante la Segunda Guerra fue piloto de la RAF ("apenas lo veíamos, lo movían de aquí para allá como un peón", recuerda Durrell), y luego sobrevino una racha de mala salud y mala suerte, a tal punto que el autor del Cuarteto de Alejandría recuerda así su último encuentro con él, cuando Gawsworth ya era Rey de Redonda (Shiel había muerto en 1947): "Lo vi caminando por Shaftesbury Avenue empujando un enorme cochecito victoriano y pensé que también él se había encadenado con niños. Pero al acercarme vi que el cochecito contenía sólo botellas vacías de cerveza que iba a canjear por unos chelines".

    El reino mercurial de Gawsworth (autobautizado Juan I de Redonda) duró hasta su muerte en 1970. Instaló su corte en sucesivas tabernas y bares entre el Soho y Fitzrovia (su cuartel preferido fue el pub Alma, en el 175 de Westbourne Grove), desde donde prodigó títulos a diestra y siniestra en reconocimiento a los más diversos servicios prestados al Reino de Redonda y su soberano: no sólo a figuras de la farándula como Dirk Bogarde, Vincent Price y Diana Dors, sino a todo arribista interesado en obtener un título nobiliario por un puñado de libras. Incluso publicó un aviso en el Times poniendo su reino en venta por mil guineas, pero la catarata de respuestas que suscitó le hizo sentir que estaba "vulgarizando algo demasiado noble" y retiró la oferta. A principios de 1970, después que la BBC le dedicara un documental (donde la cámara lo seguía, de pub en pub y a lo largo de toda una jornada, en un itinerario que le permitía reunirse con sus amigos de las más diversas épocas, hasta anunciar, borracho perdido, que tampoco esa noche tenía dónde dormir) se juntó con mil cuatrocientas libras que procedió a gastar en una fiesta en el Alma que duró varios días seguida de una escapada a Florencia, donde se enamoró y terminó en el hospital por una úlcera perforada. Poco después murió en el Hospital de Brompton. Tenía 58 años; parecía de ochenta.
     


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