viernes, 14 de febrero de 2014

BANDOLEROS CONQUENSES: FRANCISCO ANTONIO LEÓN O CIRONDO DEL PERAL



 (La leyenda del bandolero conquense Miguel Cirondo Cuartero jamás contada) Leyendas de Cuenca

 

ERNESTO CUELLAR TOLEDO




CUEVA DEL CIRONDO La historia del bandolero Cirondo, un personaje nacido allá por 1820, supuestamente en este pueblo, que robaba a los ricos para dar sustento a los pobres y que a la edad de ocho años ya se inició en estos hábitos para darle lo robado a “la tía Fermina”y a una viejecita que cuidaba de su nieto huérfano. Cuando murió Cirondo, se dice que anunciaron su muerte unas palomas girando alrededor de su lecho de muerte.
El refugio de dicho bandolero fue una cueva de dos salidas situada en una paraje montañoso del nuestro pueblo. Dicha cueva hoy conserva el nombre de “Cueva de Cirondo”.

 El Eco del comercio. 1/1/1835, n.º 246, página 2.:
 Por noticias que hemos recibido del Campillo de Alto Buey en la provincia de Cuenca, sabemos que en el día 26 del corriente fué preso el cabecilla de la facción de aquella villa Francisco Antonio León, conocido por Cirondo, el mesonero del Peral, en el pueblo de Solera, perteneciente a aquel partido, en compañía de su hijo Manuel, y del forajido Nicolas Segovía, vecino del Picazo. Este importante servicio se ha debido a la benemérita milicia urbana del Campillo con algunos soldados del escuadrón ligero de Madrid, dirigidos por el capitán D. José Toxá. Los facciosos se defendieron desesperadamente por espació de tres horas, haciendo un fuego muy vivo; pero a las seis de la mañana se rindieron.después de heridos padre é hijo. Todos tres fueron conducidos a  la cabeza del partido sin  desgracia alguna de parte de los leales, y el Alcalde mayor sé ocupa en activar el sumario, para que reciban el condigno castigo, y descubrir la conspiración en que se hallaban envueltos. Este suceso es de tanta importancia, que confían en que asegurará la tranquilidad de aquella tierra.
 La Revista española (Madrid). 5/1/1835, página 2.:
 CUENCA 30 de diciembre.—La feliz distribución que el Sr. comandante general dé esta provincia ha hecho de las pequeñas fuerzas militares destinadas á ella, acaba de producir después de otros dichos resultados útiles el más interesante que pudiera desearse para el sosiego de los pueblos y seguridad de los caminos. El capitán de caballería D. José Antonio Foxá, comandante de la columna del Cabrel, cayó en la noche del 25 del corriente sobre el pueblo de Solera con once soldados del escuadrón  ligero de Madrid y los milicianos urbanos del Campillo de Alto Buey; arrastrando los peligros e incomodidades de una noche lóbrega y nevosa, por caminos casi intransitables. Registradas varias casas sospechosas, halló por fin á las tres de la mañana ocultos en una de ellas al famoso Cirondo, mesonero del Peral, á su hijo y á Colas Segovia, vecino del Picazo, que recibieron á la tropa á balazos defendiéndose hasta las seis en que heridos los dos primeros se rindieron á discreción. El .señor comandante general ha dado inmediatamente disposiciones para que Cirondo sea fusilado en el Peral, de donde ha salido por el espacio de treinta y tres años á ejercer los robos y asesinatos mas viles con espanto de toda la provincia, é igualmente su hijo, discípulo del padre muy aprovechado en la maldad. Estos eran el resto y la esperanza de los facciosos de Peregil y de Picazo; y á seguida de su prisión se han presentado implorando el indulto los últimos once individuos que andaban todavía errantes por los bosques desde su loco y temerario arrojo.
 La Revista española (Madrid). 26/1/1835, página 3.:
S. M. ha mandado dar las gracias á los que concurrieron á la captura de Círondo y compañeros, que ya sufrieron la pena merecida por sus crímenes: los de San Clemente y poblaciones inmediatas han reconocido estos últimos días las márgenes del Zancara en persecución del célebre salteador Reserva y otros compañeros que la Milicia de Villaescusa logró aprehender la noche del 6 del corriente hemos visto conducir el sábado á esta capital dos ó tres desertores que hacia meses se abrigaban en Palomares del Campo desleales á su juramento v sobrado cobardes, para reusar tomar parte en las glorias que sus compañeros fieles adquieren combatiendo por su Reina y por su patria. Resta ahora que de Buendía si no son diferentes á la buena reputación de esta villa aprehendan ó ahuyenten de su termino á los cuatro facciosos que por su apatía ó su imprudente compasión han permitido hasta hoy en él ocasionando nuevos y excesos no sin escándalo de la comarca y de la provincia.
El Clamor público. 24/12/1856, página 1.:
Hé aqui la letrilla con que se rinde un tributo de respeto á la ley fundamental del Estado, restablecida por el ministerio Narvaez:
Que  vivan, vivan los nuestros
y viva la religión;
viva la reina absoluta,
muera la Constitución. 
Los progresistas no tienen de qué avergonzarse ni arrepentirse: solo pueden sentir, y sienten los males que se causan á los honrados nacionales (como los del pueblo del Peral), que por haber contribuido con los de La Jara á la muerte de
Cirondo y al exterminio de la gavilla, se les tiene hoy encerrados y apedreadas sus casas. Vergüenza dá ver lo que en esta provincia sucede!....» 
La Época (Madrid. 1849). 3/1/1870, n.º 6.811, página 3.




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