lunes, 10 de febrero de 2014

POESÍA: CAMINO DE PINAREJO EL PUERTO LAS CABRILLAS ME DEVUELVE EL HAMBRE

 

Camino de Pinarejo las Cabrillas,
con su Venta L'home del siglo diecisiete,
puerto de montaña este,
domesticado por el hombre,
que ahora se levanta sobre pilares
y a través del cual como si fuéramos navegantes
desembocamos en un mar de vinos
de esa zona del Levante
que en su día fue más que la mismísima ciudad de Cuenca
territorio conquense.
Nos mira al pasar Requena
y sin detenerse el coche
coge este más fuelle
a su paso por Utiel, tan noble y deseable,
que en ella me siento casi arcipreste,
pero el coche
que es todo ya en nuestras vidas
continua su viaje
y sin ya deslizarse por pueblos con fuentes y caños de aguas  con sabor a potajes
nos llegamos hasta los pantanos
a cada cual más salvaje
con sus túneles de color azabache
y a pesar de lo moderno que son pues sobre ellos pusieron las manos más de un indeseable
pasamos cerca de Alarcón con su río, castillo, murallas y restaurantes
donde paramos a repostar y mitigar hambres
antes de darnos una vuelta por sus iglesias
y si al culto están abiertas contemplar con cara de cardenales
esos sabores a cubas de vino viejas aderezadas con huesos de jamón y buenos fiambres
que en ellas se perciben cuando entramos en esas grandes naves con retablos e imagenes..
El viaje nos deja si nos desviamos del camino programado en una tarde
de bar en bar y de restaurante en restaurante
ya sea en Motilla del Palancar o en Honrubia
o allí donde nos digamos paro y disfruto de la comida manchega y del vino con olor a frutales
y de esta forma tan poco convencional
en menos que canta un gallo, gallina, pato, avestruz o cernícalo subido en un descapotable
me encuentro en el pueblo donde murió
un poeta tan noble
que aparece en los libros
más por lo que dedicó a su padre
que por su propia muerte a manos de un castillero con coraje
que por defender su castillo
mató viniendo a cuento, pues eran tiempos de celadas y combates,
a Don Jorge Manrique
cerca de la Nava, así consta en documentos oficiales.
Y por fin
se acabó el viaje
cuando de pronto vemos unos molinos
desafiando con sus aspas el aire
y a lo lejos
como si fuera una pintura sobre un lienzo o escaparate
ese trozo de iglesia
con más piedras en sus paredes
que las que se pueden recoger en todos los montes
de estas tierras tan pobres
como el almuerzo de un maletilla
en la posguerra de España
a esas horas en que las cigarras cantan
y el sol que cae de lleno sobre la tierra que le hace desde siempre sutiles homenajes
se queda incrustado sobre la piel de los que trabajan los campos hasta con los dientes
a falta de sables.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...