martes, 11 de febrero de 2014

POESÍA: EN VALERIA (CUENCA) ME SENTÍ COMO VIRIATO

 
Llegué a Valeria
no se si de Arriba o de Abajo
casi destemplado
después de pasar el río Júcar
por Pasaconsol y contemplar como por aquellos llanos
el agua transcurría, de palmo en palmo, cantando,
con voz serrana, manchega y tinte de gorrión de águila enmascarado,
bellas melodías
de aquellos otros años
en que cerca de un balneario
un autobús fue a caer al río y en le murieron todos sus ocupantes en  menos que canta un gallo.
Valería tiene su encanto
con castillo comido por los fríos, silencios y espasmos
de ese aire que recorre los cañones y picos afilados
y entre las ruinas creí ver
en mitad de un encantamiento prolongado
a un emperador romano, quizás Trajano,
relamiéndose de gusto y llevando en la mano
un pergamino de piel de cabra y en él un plano.
Por allí pasan las buenas gentes
con aparatos modernos en forma de cascos
a través de los cuales se cuenta la historia
de lo que en su día fue Valería y de lo que después quedó entre la tierra enterrado.
Valeria tiene su plaza con iglesia y bancos
y por ella paseaba ese día un galgo
al que sus malos dueños habían molido a palos.
Para dormir nos ofreció casa y camastro
una hostelera de las de antaño
que en mitad del pueblo y en una casa habilitada al caso
ofrecía posada para los que hasta allí van llegando.
De esta forma que les voy contando
entendí a los valerianos
ya fueran de Arriba o de Abajo
siempre pendientes de su trabajo
y al igual que aquellos sus antepasados los romanos
de expandir su imperio más allá de donde el horizonte se extiende a lo largo.
No se rían si les digo
que en Valeria uno se sintió como Viriato
muy cuidado en exponer sus mejores armas, el dialogo,
entre todas aquellas gentes
que al ver los restos romanos gritaban entre risas ¡vaya lo que hemos heredado!

Autor: José Vte. Navarro Rubio

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