martes, 1 de julio de 2014

POESÍA: DE ESA CARRERA DEL DARRO EN GRANADA

  

Se llega al paseo
como quien no anda
y en la sangre tuviera ganas
de llenar los espacios con la resonancia de sus pisadas
en la Cuesta del Chapiz
ya la tristeza del alma
a punto de desembocar allí donde se siente más estimada.

El Sacromonte duerme
a estas horas de una tarde solo preparada
para quienes quieren encontrar en aquello que buscan con la mirada
lo genuino que hace a los pueblos diferentes y a sus almas hermanas.

Por el Paseo de la Harina
tras llegar al Mirador de Morayma
uno retoma sus pasos y entre jardines con palacios
y escuelas en su suelo afincadas
llega casi en volandas
a ese río Darro
de Granada sus aguas casi más estimadas
y tras recorrer un sinfín de espacios de esos que entrañan
se ve allí arriba la Alhambra
como si alguien te esperara
y  cerca de por donde andas
puentes caídos en desgracia
con sus arterias al aire
y sus piedras colgando a falta de la obra que le falla.

Ya la Plaza Nueva se llena
a estas horas de la tarde de bandadas de turistas cada uno con su cruz y espada
como si quisieran tomar Granada
pero de aquí, en ello reside la gracia,
nadie se lleva otra cosa que no sea un grato recuerdo de la horas pasadas
entre fuentes con sus aguas,
jardines pidiendo al calor calma,
edificios levantados por combatientes de todas las armas
y comida tan bien elaborada
que los dulces y postres
regados con vino, cerveza, agua y limonada
invitan a la reflexión
y a subir por esas cuestas empinadas
que siempre llevan a picos de vista de águila
con la Alhambra al fondo esperando tu mirada.

Autor: José Vicente Navarro Rubio


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