sábado, 19 de abril de 2014

POESÍA: EN DÍAS DE MAQUIS



Allí en el silencio ya caído,
se aupó el maqui-guerrillero sobre su cuerpo herido
no por la metralla ni por el miedo
sino más bien por las noticias, aleteo de insectos,
que le llegaba de oídas
a esas horas muertas de la mañana en que se cubren los árboles del blanco que les regala el cielo.

La sierra con sus vaguadas, hilillos de agua
y rascacielos pulidos por el sol y por la lluvia
y por su aliado intimo el viento
despertaba a lo que el día el diera
ya fueran sonidos de ovejas y machos cabrios en celo
que a metralla incrustandose en los cuerpos.

Iba para largo
esa contienda o herida que todavía supuraba la pus de los muertos
en combate, en la retaguardia, en las cárceles, en los paredones de los cementerios
y a ello
estos
los guerrilleros se debían por juramento.

A esquivar las balas,
a tomar el terreno
casi como fuera un sacramento,
promesa hecha
un día
en el cual se fueron de casa con lo puesto.

Por millares
o por cientos
dependiendo de los días y de los momentos
desde Francia atravesando los Pirineos
o a través del mar Cantábrico vestidos de pescadores sin cebos
llegaban para quedarse ya fuera en la montaña o en cualquier otro lugar de ocurrir algún contratiempo.

La vida como la muerte
o como la lotería, azar sin más miramientos,
formaba parte de ese juego
que consiste en ganar o perder
y si me apuran en ello
en perder siempre pues la muerte venga de donde venga siempre deja lágrimas y lamentos.

La montaña y el río
¿que dirían de esto?
Extraños eran aquellos animales
que se miraban desde lejos
y a base de acosarse y de lanzarse tiros sin más miramientos
sembraban los campos de lutos tan eternos que todavía hoy en las tumbas se duermen sueños eternos.

Autor: José Vicente Navarro Rubio 

Ortega, Francisco de (+1600) DEL CASTILLO DE GARCIMUÑOZ EN CUENCA, MISIONERO AGUSTINO

Nacimiento y profesión religiosa



El Castillo de Garcimuñoz (Cuenca) fue la patria chica de este gran misionero agustino, como lo fue también la de otro hermano suyo llamado Juan de Ortega, del que sabemos que profesó en el Convento de san Felipe el Real, el cual figura matriculado en la Universidad de Salamanca y que ocupó importantes cargos en la Provincia de Castilla. Por lo que respecta a fray Francisco, entre los escasos datos con que podemos contar antes de 1570, parece no haber duda de que es el mismo que aparece emitiendo su profesión en el convento de Toledo el día 25 de septiembre de 1564. Una nota, puesta por el P. Herrera, al margen de la profesión, dice: «Fue obispo de Cáceres en Filipinas. Hago mención de él en el Alfabeto».
Sin embargo, hay que reconocer que no es fácil armonizar la fecha de la profesión con los datos aportados por el propio fray Francisco en el Memorial dirigido a Felipe II en 1593. Según esos datos, su tarea evangelizadora tendría que haber comenzado en 1555, puesto que en 1593 se cumplían 38 años, de los que dieciséis los había pasado en Nueva España y los otros 22 en las Islas Filipinas. Pero es que, si profesó en 1564, no es posible su partida para México en 1555. Lo cierto es que para el autor del Alphabetum no hay duda de que es el mismo que profesa el día 25 de septiembre de 1564. Del citado Memorial espigamos lo siguiente:
«Fray Francisco de Ortega, de la Orden de S. Agustín, Visitador General de su Orden en las Islas Filipinas, por Autoridad Apostólica y Real de V.M. y de su General, dize: que, después de haber estado treinta y ocho años en Indias, diez y seis en Nueva España y los demás en las Islas Filipinas, predicando la palabra de Dios, ya ministrando los Sacramentos a Españoles y a Indios, contando en ese tiempo lo que ha tardado en ir y venir a este Reyno de aquellas partes dos veces, y con esta última tres, a los pies de V.M., habiendo navegado veinte y dos mil leguas con muchos peligros y trabajos a informar a V.M. del estado de aquellas Islas y de lo que, a su entender, por larga experiencia que de aquella tierra tiene..., después de haber llevado los quarenta Religiosos, eceto dos que murieron en el viaje que V.M. mandó llevar para la conversión de aquellos naturales, y de haber fundado doce monasterios..., y de haber visitado la Provincia y de haber hecho lo que V.M. le mandó y su Orden le encargó, con parecer y licencia del Gobernador de aquellas Islas, y persuasión y ruegos de los religiosos de aquella Provincia, aunque cargado de años y trabajos y consideración de los venideros, pospuesto todo peligro de tan larga y peligrosa navegación, viene esta tercera vez a dar quenta a V.M. de lo que a su Real servicio conviene...».
Fue pionero en la predicación del evangelio en la isla de Mindoro, donde fueron numerosas las conversiones que consiguió. Junto con la labor misionera, desempeñó el cargo de Visitador General, comisionado por el propio Rey y por la Autoridad Apostólica. En 1572, impulsado por su gran celo apostólico, pretendió, junto con otro religioso agustino, fray Agustín de Alburquerque, pasar a China a predicar el Evangelio, misión que no pudieron realizar, porque los mercaderes chinos que se habían comprometido a llevarlos no cumplieron su promesa. Se le considera, con toda justicia, como uno de los fundadores de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas.
En 1575 fue elegido Prior del convento de Manila y Definidor, siendo reelegido para los mismos cargos en el Capitulo de 1578. En 1580 se encontraba en Madrid, resolviendo varios asuntos que le había encargado la Provincia. Interesado Felipe II en enviar una embajada al emperador de China, extendió su nombramiento de embajador suyo a fray Francisco de Ortega, el cual, para llevar a cabo aquella misión, debía hacerse acompañar de otros dos agustinos. De vuelta a Filipinas, fueron vanos sus intentos para entrar en China, de modo que no pudo dar cumplimiento a los deseos del monarca español.
Importantes asuntos, entre ellos el reclutar más misioneros, y sin miedo a aquellas terribles travesías, le trajeron de nuevo a Madrid en 1584. La Provincia de Castilla le dio el título de Visitador de Filipinas, nombrándole jefe de la misión que había de salir con destino a las Islas, todo lo cual fue confirmado por el Prior General de la Orden con fecha 5 de junio de 1587. Y, en efecto, con aquel grupo de misioneros llegó a Manila en mayo de 1590. En 1591 fue nombrado Definidor de la Provincia para el Capítulo General, teniendo que desplazarse, una vez más, a España y de aquí a Roma; con ese motivo el Gobernador de las Islas le invistió de poderes extraordinarios para tratar en Madrid asuntos relacionados con la Audiencia de Manila y de su Obispado. Siete años más tarde lo encontramos de nuevo, ya por última vez, en Madrid, en el Convento de san Felipe el Real, en cuyos libros de consulta aparece su nombre desde el 8 de mayo de 1598 hasta el 22 de febrero de 1599.
El día 12 de abril de 1599 Felipe III lo presentó para Obispo de Nueva Cáceres en Filipinas. El Papa lo preconizó en 13 de septiembre del mismo año, siendo consagrado en México al año siguiente. Falleció sin haber podido tomar posesión de la sede, puesto que «murió de camino», según el P. Tomás de Herrera.
Entre los escritos que nos dejó figuran interesantes Memoriales, Relaciones e Informaciones varias sobre «el estado de las Islas» y «sobre los muchos servicios que prestó la Orden en aquellas tierras».
Teófilo Viñas, OSA

POESÍA: LA PATRIA DEL DISPARATE

 

En la patria del disparate
los silencios huelen a ceniza
en mitad de una calle
donde diversas pitonisas fustigan
los tobillos de las sabandijas.
Los espíritus esquivos
viven por aquella zona
en una buhardilla
a la espera
de que las soledades paridas
dentro de un libro de tapas duras
sean solo un siglo
sin más ataduras
Ella se llamaba Remedios, la Bella,
y tenía poderes
que solo ella conocía.
En la ciudad
las calles son como lineas
de libros abiertos
en las que se vislumbran
una muy metódica escritura
que habla de fantasías
contadas por quien fue maestro universal en eso de anunciar todas las muertes
 menos la suya.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: EL PENDENCIERO GENARÍN Y LA SEMANA SANTA DE LEÓN

 

 


No hay santo más borracho
anunciando pagana procesión
que Genarín, santón,
para quien lo conoce
o lo conoció.
La muerte como símbolo,
la Mocha como pendón,
la barrica para llenar las panzas
y sus cofrades
vestidos para la ocasión,
todos salen a la calle
para implorar su perdón
con copas de vino en la mano,
y lo que caiga 
de ese cielo de León
en que Genarín por una noche se erige en el Salvador.
Genarín recibió
su baño de gentes
a la hora y noche, de sopetón,
en que las botellas de orujo
al aire
brillaban más que el sol.

Autor de la poesía: José Vicente Navarro Rubio

Más de 20.000 personas, en su mayoría jóvenes, acompañaron en la madrugada del Viernes Santo en León a 'Genarín', el 'santo' más irreverente del mundo que protagoniza la procesión pagana más concurrida que se conoce.

Fue llegar el 'putero y pendenciero' Genarín, junto a sus personajes, y una especie de locura colectiva invadió toda la plaza. El santo Genaro y sus cofrades, la muerte, una barrica y una mujer de mala vida llamada 'La Mocha', además de 'manolas genarianas', han llevado a que el público estallara en vivas a este pendenciero personaje.

La cofradía fue creada por los denominados 'cuatro evangelistas': Paco (un dentista con aires de poeta); Luis (un aristócrata bohemio); Nicolás (un árbitro de fútbol y agente comercial; y Eulogio (taxista y literato).

Es el milagro de Genarín, un hombre de leyenda, que tras el encuentro con sus fieles ha recibido en la muralla en la que falleció pan, queso y una naranja, alimento para un largo año en el que de nuevo volverá a procesionar por las calles leonesas.



El entierro de Genarín
 
 


Cada año en la noche de Jueves Santo, miles de leoneses toman el casco antiguo de la ciudad(el popular Barrio Húmedo) para celebrar el entierro de Genarín, la procesión ruidosa, bufa y borracha por antonomasia. Este popular desfile pagano, que se celebra a partir de la medianoche, no tiene convocatoria precisa y tampoco a parece en el programa oficial de las fiestas, pero cada año logra congregar a millares de leoneses que beben orujo sin tregua.
 
La singular procesión conmemora la muerte de un pellejero, borracho, pendenciero, amante del orujo y los burdeles que en la noche de Jueves Santo de 1929 murió atropellado por el primer camión de la basura que hubo en León, mientras realizaba sus necesidades primarias. Con el paso de los años, la ronda de fieles, muy escasa al principio, se ha ido masificando, aunque en época franquista llegó a estar prohibida y los participantes clandestinos fueron perseguidos. Aún hoy, hay gente que piensa este ritual como una burla intolerable hacia la semana santa.
 
El rito, que este año llegó a su 72 aniversario, comienza recordando la tradición y bendiciendo con orujo a los nuevos cofrades. Luego la comitiva se dirige a la Plaza del Grano para iniciar el recorrido por las calles que, según la tradición, frecuentaba el pellejero. Un tonel de madera adornado con flores y velas marca el paso, a la vez que se corean consignas como: "Genarín, valiente, queremos aguardiente", "Hombre pequeño de gran pitilín, San Genarín", "Genaro, si t'estrujo, saco buen orujo", etc...
El recorrido continúa hasta llegar al punto exacto donde feneció. Allí el hermano colgador de la cofradía de Genarín trepa la vieja muralla de León y hace la ofrenda: laurel, queso, una hogaza de pan, naranjas, una botella de orujo, y los siguientes versos:


Y antes de ser declamadas para gloria de este mundo,
Siguiéndote en tus costumbres, pues nunca ganasteis lujos,
Bebamos a tu memoria una copina de orujo,
Que fue lo que más chupaste antes de ser difunto

POESÍA: DESDE MI EXILIO DE INTERIOR LES HABLO CON DESGANA

 

En el exilio temporal
de la Semana Santa
uno se recluye en casa
y lo hace a sabiendas de que todo pasa
ya sean saetas, lloros, gritos y detemplanzas,
La normalidad,
esa palabra que me encandila,
se abalanza
como si fuera una pesada carga
para quienes deseosos están de fiesta
y de saltar a la más mínima señal dadas
la barrera desde donde se divisa
la fiesta sacra
con una cierta educación enseñada
en ese templo de virtudes
donde convergen la edad atesorada
a lo largo de toda una vida
viendolas venir de todos los colores, tamaños, precios y cargas
y como es normal en estos casos
esa tradición mamada en el seno más profundo de nuestras moradas
como decía Santa Teresa de Jesus interiores
y como decía mi abuela, en paz descansa,
de hambre unas y las otras de chusco de pan y caldo de gallina a la taza.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESIA DE MIGUEL HERNANDEZ A LOS AVIADORES DE LA REPUBLICA: EL VUELO DE LOS HOMBRES

 

 EL VUELO DE LOS HOMBRES
Sobre la piel del cielo, sobre sus precipicios
se remontan los hombres. ¿Quién ha impulsado el vuelo?
Sonoros, derramados en aéreos ejercicios,
              raptan la piel del cielo.

Más que el cálido aceite, sí, más que los motores,
el ímpetu mecánico del aparato alado,
cóleras entusiastas, geológicos rencores,
              iras les han llevado.

Les han llevado al aire, como un aire rotundo
que desde el corazón resoplara un plumaje.
Y ascienden y descienden sobre la piel del mundo
              alados de coraje.

En un avance cósmico de llamas y zumbidos
que aeródromos de pueblos emocionados lanzan,
los soldados del aire, veloces, esculpidos,
              acerados avanzan.

El azul se enardece y adquiere una alegría,
un movimiento, una juventud libre y clara,
lo mismo que si mayo, la claridad del día
              corriera, resonara.

Los estremecimientos del valor y la altura,
los enardecimientos del azul y el vacío:
el cielo retrocede sintiendo la hermosura
              como un escalofrío.

Impulsado, asombrado, perseguido, regresa
al aire al torbellino nativo y absorbente,
mientras evolucionan los héroes en su empresa
              inverosímilmente.

Es el mundo tan breve para un ala atrevida,
para una juventud con la audacia por pluma;
reducido es el cielo, poderosa la vida,
              domada y con espuma.

El vuelo significa la alegría más alta,
la agilidad más viva, la juventud más firme.
En la pasión del vuelo truena la luz, y exalta
              alas con que batirme.

Hombres que son capaces de volar bajo el suelo,
para quienes no hay ámbitos ni grandes ni imposibles,
con la mirada tensa, prorrumpen en el vuelo
              gladiadores, temibles.

Arrebatados, tensos, peligrosos, tajantes,
igual que una colmena de soles extendidos,
de astros motorizados, de cigarras tremantes,
              cruzan con sus bramidos.

Ni un paso de planetas, ni un tránsito de toros
batiéndose, volcándose por un desfiladero,
darán al universo ni acentos más sonoros
              ni resplandor más fiero.

Todos los aviadores tenéis este trabajo:
echar abajo el pájaro fraguador de cadenas,
las ciudades podridas abajo, y más abajo
              las cárceles, las penas.

En vuestra mano está la libertad del ala,
la libertad del mundo, soldados voladores:
y arrancaréis del cielo la codiciosa y mala
              hierba de otros motores.

El aire no os ofrece ni escudos ni barreras:
el esfuerzo ha de ser todo de vuestro impulso.
Y al polvo entregaréis el vuelo de las fieras
              abatido, convulso.

Si ardéis, si eso es posible, poseedores del fuego,
no dejaréis ceniza ni rastro, sino gloria.
Espejos sobrehumanos, iluminaréis luego
              la creación, la historia.
autógrafo
Miguel Hernández

POESÍA: LOS QUE SE VAN, CIEN AÑOS DE SOLEDAD Y DON MANUEL AZAÑA

 

Cien años de soledad,
tanta carga y tantas virtudes
en el libro condensadas
que uno que lo leyó
recién publicada su primera edición en España
se sintió
personaje de la novela
quizás fuera
porque en ella se condensaban
esas virtudes matriarcales
tan arraigadas en algunos pueblos de la Mancha
de ascendencia ganadera casi vasca o navarra.
Dirán que a este se le fue la fuelles
y en vez de ablentar para separar el grano de la paja
lo que hace es revolver el estiércol en la cuadra.
Si no me creen lean
y entiendan de que va este poema
que solo por esta mañana
se me abalanza entre sonidos de una aspiradora
que ahora mismo se para
y un perro que duerme a mi lado
después de pegarse una panzada a perseguir moscas
en esta biblioteca, habitación sagrada,
en la cual descansan, las memorias de Azaña
y un libro sobre la Guerra Civil de España
que habla de aciertos y desaciertos, traiciones y como si fueran baladas
aquellas palabras de Don Manuel Azaña:
publique usted Señor Negrín lo que quiera
pero yo no vuelvo a España.

Autor: José Vicente Navarro Rubio


POESÍA: NOS TOMAMOS UN RESPIRO

 

Todo es un alijo de palabras
tan extrañas
que la vida a mi alrededor gira
como si fuera un tiovivo
y yo uno de esos animales de carga
que no necesita de pienso ni de agua
para volver año tras año
a la misma feria y a las mismas patrañas.
Vuelve la normalidad
después de la Semana Santa
a una España de saetas y andas
con costaleros, penitentes y parados de larga estancia
dando color a la fiesta
para gloria de unos y penitencia de los que más necesitados están de la palabra patria.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

viernes, 18 de abril de 2014

MUERE GABRIEL GARCIA MARQUEZ


 
 
El escritor colombiano Gabriel García Márquez. / The Douglas Brothers

Bajo un aguacero extraviado, el 6 de marzo de 1927, nació Gabriel José García Márquez. Hoy, jueves 17 de abril de 2014, a la edad de 87 años, ha muerto en México DF el periodista colombiano y uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Autor de obras clásicas como Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca y Crónica de una muerte anunciada,fue el creador de un territorio eterno y maravilloso llamado Macondo.
Nació en la caribeña Aracataca, un poblado colombiano, un domingo novelable a partir del cual el niño viviría una infancia a la que volvió muchas veces. Entró a la literatura en 1947 con su cuento La tercera resignación; la gloria le llegó en 1967 con Cien años de soledad, y su confirmación en 1982 con el Nobel de Literatura. Ahora, el ahijado más prodigioso de Melquiades se ha ido, para quedarse entre nosotros un hombre que creó una nueva forma de narrar; un escritor que con un universo y un lenguaje propios corrió los linderos de la literatura; un periodista que amaba su profesión pero odiaba las preguntas; una persona que adoraba los silencios, y con un encanto que cautivó a intelectuales y políticos, y hechizó a millones de lectores en todo el mundo.

Condolencia de Mario Vargas Llosa

Nada más conocerse la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez, el premio Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa hizo esta declaración de condolencia a EL PAÍS:
“Ha muerto un gran escritor cuyas obras dieron gran difusión y prestigio a la literatura en lengua española en todos los países del mundo. Sus novelas sobrevivirán e irán ganando lectores por doquier. Envío mis condolencias a toda su familia”.
Gabriel no iba a ser su nombre. Debió llamarse Olegario. Acababan de sonar las campanas dominicales de la misa de nueve de la mañana cuando los gritos de la tía Francisca se abrieron paso, entre el aguacero, por el corredor de las begonias: “¡Varón! ¡Varón! ¡Ron, que se ahoga!”. Y nuevos alaridos enmarañaron la casa. Una vez liberado del cordón umbilical enredado en el cuello, las mujeres corrieron a bautizar al niño con agua bendita. Lo primero que se les vino a la cabeza fue ponerle Gabriel, por el padre, y José, por ser el patrono de Aracataca. Nadie se acordó del santoral. De lo contrario, se habría llamado Olegario García Márquez.
Aquel domingo 6 de marzo de 1927, Aracataca celebró la llegada del primogénito de Luisa Santiaga y Gabriel Eligio. Fue el mayor de 11 hermanos, siete varones y cuatro mujeres. En realidad, para los cataqueros había nacido el nieto de Tranquilina Iguarán Cotes y el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, los abuelos maternos con quienes se crió hasta los diez años en una tierra de platanales bajo soles inmisericordes y vivencias fabulosas. Era un pelaíto en una casa-reino de mujeres, acorralado por el rosario de creencias de ultratumba de la abuela y los recuerdos de guerras del abuelo, el único hombre junto a él. ¡Ah! y un diccionario en el salón por el que entra y sale del mundo.
Diez años que le sirvieron para dar un gran fulgor a lo real maravilloso, al realismo mágico. Los cuentos fueron para él ese primer amor que nunca se olvida, el cine los amores desencontrados y las novelas el amor pleno y correspondido.De todos ellos, creía que la historia que no embolatará su nombre en el olvido es la de sus padres recreada en El amor en los tiempos del cólera.
Son las vísperas de su vida.
Donde todo empieza... Amor y amores deseados, esquivos y de toda estirpe en sus escritos.
García Márquez, que será conocido por sus amigos como Gabo, vive un segundo tiempo cuando a los 16 años, en 1944, sus padres lo envían a estudiar a la fría, helada, Zipaquirá, cerca de Bogotá. Descubre sus primeros escritores tutelares, Kafka, Woolf y Faulkner.
El zumbido de la literatura y el periodismo lo rondan.
Allí, en el frío del altiplano andino, lo sorprende el cambio de destino del país y el suyo. Estudia Derecho, cuando el 9 de abril de 1948 es asesinado el candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán. Un suceso conocido como El bogotazo. Fue el antepenúltimo germen de un rosario de conflictos políticos y sociales, conocido como La violencia que habrán de germinar en sus obras.
Después de El bogotazo volvió a sus tierras costeñas con una mala noticia para sus padres: deja la carrera de Derecho. A cambio empieza en el periodismo. Primero en el periódico El Universal, de Cartagena, entre otras cosas como crítico de cine bajo el seudónimo de Séptimus; luego en El Heraldo, de Barranquilla, hasta volver a Bogotá, en 1954, a El Espectador, el diario que en 1947 había publicado, un domingo, su primer cuento.
Además de crónicas y reportajes escribía para las páginas editoriales y la sección Día a Día, en la que se daba cuenta de los hechos más significativos de aquella Colombia donde la violencia corría en tropel. En 1955 escribe la serie sobre un suceso que terminará llamándose Relato de un náufrago.
Ryszard Kapuscinski aseguró que, aunque lo admiraba por sus novelas, consideraba que “la grandeza estriba en sus reportajes. Sus novelas provienen de sus textos periodísticos. Es un clásico del reportaje con dimensiones panorámicas que trata de mostrar y describir los grandes campos de la vida o los acontecimientos. Su gran mérito consiste en demostrar que el gran reportaje es también gran literatura”.

Libros inolvidables

García Márquez ha vendido más de 40 millones de ejemplares en más de 30 idiomas.
Novelas: La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1957), La mala hora (1961), Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Del amor y otros demonios (1994), Memorias de mis putas tristes (2004).
Grandes reportajes: Relato de un náufrago (1970), Noticia de un secuestro (1996), Obra periodística completa (1999). Primer tomo de sus memorias, Vivir para contarla (2002).
Cuentos: Ojos de perro azul (1955), Los funerales de la Mamá grande (1962), La irresistible y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), Doce cuentos peregrinos (1992).
Mientras trabaja como periodista escribe cuentos y no se desprende de una novela en marcha que lleva a todos lados, titulada La casa.
Ese mismo año aparece su primera novela, La hojarasca. Después viaja a Europa como corresponsal del diario bogotano y recorre el continente, e incluso los países de la “cortina de hierro”. En 1958 vuelve y se casa con Mercedes Barcha. Hasta que se instala en México DF, en 1961, donde hace vida con sus amigos, las parejas Álvaro Mutis-Carmen Miracle y Jomí García Ascot-María Luisa Elío (dos españoles exiliados de la guerra). Un día Mutis le da dos libros y le dice: “Léase esa vaina para que aprenda cómo se escribe”. Eran Pedro Páramo y El llano en llamas, de Juan Rulfo. Ese año publica El coronel no tiene quién le escriba.
—“¿Fue tu abuela la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?”, le preguntó en los años setenta su amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza.
—“No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: ‘Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa”.
La escritura no le da para comer y trabaja en cine y publicidad. Llega 1965. Pronto terminarán cuatro años de sequía literaria. El embrión es La casa. Páginas que no terminan de coger forma. Hasta que un día, mientras viaja en un Opel blanco con su esposa Mercedes y sus dos hijos de vacaciones a Acapulco, ve clara la manera en que debe escribirla: sucedería en un pueblo remoto, y descubre el tono: el de su abuela que contaba cosas prodigiosas con cara de palo, y la llenaría de historias: las contadas por su abuelo en la Guerra de los Mil Días de Colombia. Y el comienzo de la novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Ha sido el soplo divino de Kafka, Faulkner, Sherezada, Rulfo, Verne, Woolf, Hemingway, Homero… y sus abuelos Tranquilina y Nicolás.
El escritor durante la ceremonia de los Premios Nobel en Estocolmo en 1982
Da media vuelta y regresa en el Opel blanco a su casa de San Ángel Inn, en México DF.
Una vez llega, coge sus ahorros, 5.000 dólares, y se los entrega a su esposa para el mantenimiento del hogar mientras se dedica a escribir. La Cueva de la Mafia es la habitación de su casa donde esa primavera se exilia con la enciclopedia británica, libros de toda índole, papel y una máquina Olivetti. Vive y disfruta ese rapto de inspiración al escribir hasta las ocho y media de la noche al ritmo de los Preludios de Debussy y Qué noche la de aquel día de los Beatles.
En otoño el dinero se acaba y las deudas acechan. García Márquez coge, entonces, el Opel y sube al Monte de Piedad a empeñarlo. Es una nueva tranquilidad para seguir escribiendo, aumentada por las visitas de sus amigos que les llevan mercaditos.
Al llegar el invierno de 1965-1966 pone un punto y aparte, y llora, llora como ni siquiera en sus novelas está escrito. Tenía 39 años Gabriel García Márquez cuando, esa mañana de 1966, salió de La Cueva de la Mafia, atravesó la casa y se derrumbó en lágrimas sobre la cama matrimonial como un niño huérfano. Su esposa, al verlo tan desamparado, supo de qué se trataba: el coronel Aureliano Buendía acababa de morir. Era el personaje inspirado en su abuelo Nicolás.
Muere orinando mientras trata de encontrar el recuerdo de un circo, después de una vida en la que se salvó de un pelotón de fusilamiento, participó en 32 guerras, tuvo 17 hijos con 17 mujeres y terminó sus días haciendo pescaditos de oro.
Un duelo perpetuo para el escritor que, el 5 de junio de 1967, ve recompensado al saber que esa historia comandada por el coronel, bajo el título de Cien años de soledad, inicia su universal parranda literaria en la editorial Sudamericana, de Francisco Porrúa, en Buenos Aires. Todos quieren conocer la saga de los Buendía.
La novela impulsa la universalización del boom de la literatura latinoamericana. “Verdaderamente fue a partir del triunfo escandalosamente sin precedentes de Cien años de soledad”, afirmaría José Donoso en Historia personal del boom.
En medio de la algarabía, García Márquez se va a vivir a Barcelona donde afianza su amistad con autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. El éxito es rotundo y trasciende a otros idiomas. Luego empieza a escribir El otoño del patriarca (1975) como un ejercicio para quitarse de encima la sombra de su obra maestra. Para entonces ya es muy activo con la causa cubana y está más presente en Colombia. En 1981 publica Crónica de una muerte anunciada.
García Márquez con una edición de 'Cien años de soledad' a finales de los sesenta / COLITA
La noticia del Nobel lo sorprende en México en 1982. En la frontera del amanecer del 10 de octubre el teléfono lo despierta. Con 55 años se convierte en uno de los escritores más jóvenes en recibir el máximo galardón de la literatura. En diciembre rompe con la tradición al recibir el premio vestido con un liquiliqui, una manera de rendir homenaje a su tierra costeña y compartirlo con su abuelo Nicolás que usaba trajes así en el ejército. Una ausencia que acompañó al escritor desde los 10 años, cuando este murió, y convirtió en incompletas todas sus alegrías futuras, por el hecho de que el abuelo no las sabía, escribe Dasso Saldívar en la biografía Viaje a la semilla.
Tres años después culmina la historia de sus padres: El amor en los tiempos del cólera. Siguen El general en su laberinto (1989) y Del amor y otros demonios (1994).
Hace realidad uno de sus sueños, en Cartagena de Indias: la creación de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y se une a otros proyectos informativos. Son los años de su vuelta al periodismo. Al principio de todo.
En 1999 le detectan un cáncer linfático. Todo ello mientras termina de escribir sus memorias, Vivir para contarla, a las que cuando puso punto final se topó con la muerte de su madre, Luisa Santiaga Márquez Iguarán. Un domingo lo trajo ella al mundo; y un domingo lo dejó ella. Fue la noche del 9 de junio de 2002. Dos años más tarde escribe su última creación: Memoria de mis putas tristes.
Sus recuerdos empiezan su peregrinación.
Hasta que se han ido del todo al encuentro de los Buendía.
Y de no haber sido escritor, lo que realmente hubiera querido ser Gabriel García Márquez también tiene que ver con el amor, presente en todas sus obras. Lo supo hace muchos en Zúrich cuando una tormenta de nieve tolstiana lo llevó a refugiarse en un bar. Su hermano Eligio recordaría cómo él se lo contó:
—“Todo estaba en penumbra, un hombre tocaba piano en la sombra, y los pocos clientes que había eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, solo para que los enamorados se quisieran más”.
Entre realidades, deseos, sueños, alegrías, agradecimientos, imaginaciones y, sobre todo, por el paraíso irrepetible de su lectura, Gabriel García Márquez está ahora en el mismo lugar donde él llevó a Esteban en su inolvidable cuento El ahogado más hermoso del mundo, después de que a la gente del pueblo “se le abrieran las primeras grietas de lágrimas en el corazón”… Porque una vez comprobado que había muerto “no tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás”… El rumor del mar trae la voz del capitán de aquel barco, que en 14 idiomas, dice señalando al mundo, por encima del promontorio de rosas amarillas en el horizonte del Caribe: “Miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas; allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia donde girar los girasoles; sí, allá, es el pueblo” de Gabriel García Márquez.

FUENTE: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/06/actualidad/1391715274_928706.html

MUSICA TRADICIONAL: PINAREJO: LOS SACRAMENTOS DEL AMOR


 “Fondo de Música Tradicional del CSIC-IMF, Barcelona: www.musicatradicional.eu”.
INFORMADA POR JOSÉ NAVARRO VALENCIA DE 45 AÑOS EN EL AÑO 1948

El primero es el bautismo
ya se que estás bautizada
y en la pilita del Cristo
para ser mi enamorada

SELECCIONADA PARA EL BLOG POR JOSÉ VICENTE NAVARRO RUBIO :

Hay un cancionero que dice lo siguiente:
  
LOS SACRAMENTOS

  El primero es el bautismo;
bien sé que estás bautizada
en la pila del bautismo
para ser mi enamorada.

  El segundo es confirmación;
bien sé que estás confirmada,
que te confirmó el obispo
con su mano consagrada.

  El tercero es penitencia;
la que jamás yo cumplí,
que me dijo el confesor
que me apartara de ti.

  El cuarto es la comunión;
comunión nos han de dar
cuando estemos los dos juntos
en las gracias del altar.

  El quinto es la extremaunción;
la que dan a los enfermos;
¡ay!, qué malito estoy ya
por el amor que te tengo.

  El seis es sacerdotal;
sacerdote no he de ser,
que en los libros de esta dama
toda la vida estudié.

  El séptimo es matrimonio;
que es el que vengo a buscar;
con licencia de tus padres,
contigo me he de casar.

POESÍA MUSICAL: SANTA MARÍA DEL CAMPO RUS: MAMBRÚ SE FUE A LA GUERRA

m

 

 
 “Fondo de Música Tradicional del CSIC-IMF, Barcelona: www.musicatradicional.eu”.
INFORMADA POR AMALIA PERONA OROZCO

SELECCIONADA PARA EL BLOG POR JOSÉ VICENTE NAVARRO RUBIO

MUSICA TRADICIONAL: SANTA MARIA DEL CAMPO RUS: LOS SACRAMENTOS DEL AMOR


 “Fondo de Música Tradicional del CSIC-IMF, Barcelona: www.musicatradicional.eu”.
INFORMADA POR AMALIA PERONA OROZCO

A esta puerta hemos llegado
cuatrocientos a cantar
si quieres que te cantemos
licencia nos has de dar.
Si quieres que te cantemos
licencia nos has de dar.

SELECCIONADA PARA EL BLOG POR JOSÉ VICENTE NAVARRO RUBIO

MUSICA POPULAR: SANTA MARIA DEL CAMPO RUS: LA BASTARDA, ROMANCE




 “Fondo de Música Tradicional del CSIC-IMF, Barcelona: www.musicatradicional.eu”.
INFORMADA POR MARIA PERONA OROZCO DE TREINTA Y TRES AÑOS SE LA OYÓ A SU MADRE Y A SUS TÍAS

http://musicatradicional.eu/sites/default/files/images/wC46_CuadernoLiterario_24%283%29%2C26%281%29.JPG



SELECCIONADA POR EL BLOG POR JOSÉ VICENTE NAVARRO RUBIO

MUSICA POPULAR: SANTA MARIA DEL CAMPO RUS: DANZA DEL PALOTEO A SAN ANTÓN



 “Fondo de Música Tradicional del CSIC-IMF, Barcelona: www.musicatradicional.eu”.
DICTADA POR AMALIA PERONA OROZCO. SE LA DICTÓ SU ABUELA QUE EN SU TIEMPO FUE DANZANTA.

Arrojadme las portuguesillas
naranjitas de mi naranjal,
arrojadmelas y arrojadmelas
y volvermelas a arrojar.
Me ha enviado mi madre
cerezas a escoger
y como el cerezo me ha querido coger
venga usted madre con palos en la zamarra
..........



RECOPILACIÓN PARA EL BLOG: JOSÉ VICENTE NAVARRO RUBIO

MUSICA TRADICIONAL DE SANTA MARIA DEL CAMPO RUS: A LA VIRGEN DEL AMPARO ROGATIVA





 “Fondo de Música Tradicional del CSIC-IMF, Barcelona: www.musicatradicional.eu”.
LA SEGUNDA DE SANTA MARIA FUE INFORMADA EL 30 DE JULIO DE 1949 POR MARIA PERONA OROZCO DE 33 AÑOS. SE LA OYÓ A SU ABUELA Y DEMÁS FAMILIARES

Virgen del Amparo
extiende tu manto
y dile a tu hijo
que riegue los campos.
Los trigos se secan,
las plantas no nacen
y los corderillos se mueren de hambre.

RECOPILADA PARA EL BLOG POR: JOSÉ VICENTE NAVARRO RUBIO

martes, 15 de abril de 2014

BANDERAS AL VIENTO

 


        

POESÍA: LA SEMANA SANTA A PIE DE CAMINO ESTÁ


 
Si oyes tambores y si en España estás
no pasa nada, no pasa na.
Es Semana Santa
y por mucho que vengas a buscar
en todos los lados por ser es igual.
Vestidos de largo
y con andas a las que hay que pasear
pasan esos días que van
hasta el Viernes Santo y ya
comienza otra vez a resucitar
la vida que de diario se llama de normal.
En Cuenca o en Sevilla , en el Grao del Cabañal
o en Alzira, Carcaixent, l'Alcudia o Guadasuar
toda viene a ser lo mismo, todo es igual.
Por eso que decimos
y por lo otro que vendrá
dejamos que el tiempo pase
y que ponga a cada uno en su lugar.
Buenas noches son
y buenas noches serán
y por si quedan dudas
esas de las cuales nadie saben donde están
yo recomiendo que se vistan de cofrades
y vayan a propagar
lo que quieran o piensen que le va
en este asunto tan particular
de ver la Semana Santa
a través de ese cristal
que todo lo hace diferente o igual.
Para más señas preguntar
por quien hizo la poesía y donde en estos momentos precisos está.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: ESQUELA MULTIUSO: EL GRITO DE UNA MUJER




No es el grito
es quien grita.

No es el grito de una mujer
es el grito de muchas mujeres a la vez.

Todas gritan y muchas se vienen a ver
violentadas y muertas
por quién
indigno de él
se atreve a decir que la quería
y que todo fue
una enajenación pasajera
y que ahora no volvería a suceder.

Grito a ciegas
en el siglo de Las Luces
y de todos los siglos
que en los calendarios de la vida
se vienen a recoger.

Con pocas  o muchas luces
ellas mueren
mientras ellos
esperan a ver lo que dice un juez.

Puede ser
que salga invicto.

Puede ser
que de él se diga
que nadie entiende lo que le vino a pasar en aquel momento en que
se arrojó sobre ella
y con saña
la vino a cubrir
en vez de con besos
con toda la violencia de su ser.

Él proclama que no recuerda nada
y que
de ella volver
no volvería a cometer
el vil asesinato
con el cual calmó su odio
hacia ese ser,
madre casi siempre ella y pareja, ella,
a la vez.

Autor: José Vicente Navarro Rubio
 

domingo, 13 de abril de 2014

POESIA. EL CONSUMISMO Y EL EGO

 

Tener lo necesario
y despreciar lo superfluo
esta es una buena receta
para ir por el mundo
aparte de con lo puesto
ligeros de equipaje
por si llegado el momento
hace falta salir corriendo.
Todo son buenos consejos
y cada uno puede coger
lo que le venga a la mano primero.
En esto de consumir
pasamos de un punto cero
al uno acompañado de ceros
hasta allí donde a cada uno le llega el dinero
como para satisfacer su ego.


Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: ¿cÓMO SOMOS?

 

Algún día comprenderemos
que lo que somos
no es por culpa del azar.
Somos lo que queremos
y siempre sin dejar de andar
nos vamos haciendo un poquito más
en todo aquello que con el tiempo llegará a conformar
nuestra forma de ser y nuestra forma de actuar
ante los problemas que se nos presentan
y ante la visión en general
de ese mundo al cual
con lo poco o mucho que hacemos
ayudamos a que sea tal y como se nos viene a representar.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: BEETHOVEN



Innovaba la música,
era un talento,
sordo y con mal carácter,
genio
y fue temido por ello,
todo en conjunto cogido con cinta de terciopelo.
Odiado fue
por quienes sentían hacia él celos,
querido y por cierto
que en determinados momentos
tocó el mismísimo cielo
para descender
a ser compositor y maestro de conciertos.


Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: BESOS COMO AGUACEROS



Todas las noches sirven
para buscar esos encuentros,
esos abrazos, esos besos,
que desde pequeños
nos fueron regalados
sin ningún tipo por nuestra parte de esfuerzo.
¿Serán los culpables
de nuestros desaciertos
la falta de estímulos
que como si fueran un aguacero
nos mojan por fuera
mientras nos dejan secos por dentro?

Autor: José Vicente Navarro Rubio





POESÍA: BUSCARINI EL MUERTO QUE NO ESTUVO EN SU ENTIERRO

 
Imagínate una esquela
que habla de tu entierro,
imagínate que estás vivo
y que tú lo estás leyendo,
imagínate todo esto.
¡Qué mal momento!
¡Qué abatimiento!
la de aquel hombre, poeta a lo cierto,
encerrado entre cuatro paredes
y leyendo que ha muerto.
¿Entendería algo?
¿Sabría de que iba todo aquello?
Poeta hasta su último día
Armando Buscarini se fue al otro mundo creyendo
que él no era el muerto.

Autor: José Vicente Navarro Rubio
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