miércoles, 11 de febrero de 2015

POESÍA: DEL HOMBRE Y LA TIERRA (10)




1)
Todo duerme,
nadie espera,
ni la luz a las tinieblas,
ni los ruidos  a los silencios,
ni las paces a las guerras,
ni el odio al amor,
ni la pobreza a la opulencia,
2)
Todo calladamente espera,
a esas horas concretas
en que la vida brota
sobre la tierra
y por los caminos comienzan
a transitar seres
que en su corazón llevan
alguna idea concreta
con la cual santificar ese día que ante ellos callado se muestra.
3)
Se mascan,
tal hierba,
los silencios de la noche
que se llenan
de silbidos de caracolas llenas de arena.
Es la noche
la que lleva
hacia esos paisajes
que comienzan
con tinieblas
y finalizan con luces entrando por todos los rincones de una ventana abierta.
4)
Se llenan,
a sabiendas
de que todo volverá a ser lo que era,
los lugares con misterios que en la noche se entierran,
las cabezas con ideas que por el día se desechan,
y las almas con sensaciones malas y buenas.
Quien quiera
saber de todo esto algo más de lo que se entiende por muestra
ya sabe
que tiene las puertas abiertas,
para salir a la calle
y correr tras las estrellas.
5)
Llegan
las preguntas sin respuestas
y otras
tan abiertas
que parecen barajas
sobre una mesa
que los jugadores dejan
después de echar una partida
y jugarse unas prendas
que no quitarán ni las penas.
6)
Huele a leña
quemada en una hoguera
para cuando el frío aprieta
y la noche, toda ella,
comienza a llenar las casas
con su presencia.
El humo que sale de una chimenea
es la última presencia
de todo aquello que se quema
ya sean libros o ideas.
En noches de cuchillos largos
y sonidos de tacones sobre adoquines de calles y aceras
tembló el mundo
y todo lo que sobre la tierra
era algo más que una mata seca.
7)
Paciencia. Mucha paciencia.
Toda la paciencia
del mundo
y con ella
todas las buenas ideas
que sirvan ellas
para edificar sobre la tierra
un mundo mejor
en el que todos los seres puedan
hablar con la tranquilidad puesta
en que no recibirán ninguna reprimenda
8)
Es tiempo de hablar
de todo aquello
que se lleva
en el alma y pesa
tanto como una pluma
que en el cielo vuela
y para cuando cae sobre la tierra
lo hace poco a poco
como si no quisiera
saber nada de lo que bajo el cielo se cuece en grandes hogueras.
9)
La fe
y la inteligencia
¿Quién manda?
¿Cómo se come esa fruta fresca?
La fe mueve montañas enteras
y la inteligencia piensa
si valía la pena
tanto trabajo sin recompensa.
10)
Para que todos lo entiendan
acaba un poema
y comienza otro
que vive en la cabeza
dando vueltas
hasta que el poeta lo adorna
y viste entre aleluyas y gentileza
con todo aquello que encuentra.

Autor de la poesía: José Vicente Navarro Rubio

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