viernes, 16 de octubre de 2015

UN POEMA DE LA SUECA SONJA ÄKESSON

 


Sonja Akesson nació en Buttle, Gotland, Suecia, en 1926. Sus poemas tratan acerca de temas cotidianos, situaciones domésticas, cosas que escuchó por la calle. Este es un fragmento de un poema autobiográfico extenso. Murió en 1977.

AUTOBIOGRAFÍA (RESPUESTA A FERLINGHETTI) (1963)

Llevo una vida tranquila
todos los días en el 83 A de la Calle de la Reina.
Les soplo la nariz a mis pibes y lustro pisos
y ollas de cobre
y cocino papas y salchichas.
Llevo una vida tranquila
cerca del subte
soy una sueca
era una chica sueca
leí el libro médico debajo de la frazada
y fui miembro de la Liga Juvenil
Bautista.
Soñaba con cantar en el coro
y acompañada por una guitarra
bajo las llamas de las velas.
Soñé con cantar
con la guitarra en la fiesta de Lucia
y tenía dos discos de Alice Babs
y una campera, con cierre.
Trabajé en un café 
con espejos y cerveza
y un cuchitril para cerdos en el patio.
Todavía puedo percibir el olor de las ratas
y del helado de frambuesa, y del queso
del dueño que era también un catador de leches.

Yo era una mocosa típica.
Cavaba túneles bajo la nieve.
Me sentaba bajo un manzano cuando nevaba
esperando el Día del Juicio Final.
Me vi atrapada en una choza de migrantes
a la vuelta de mi Liga Juvenil.
Tomé un curso de taquigrafía por correspondencia
y garabatié las chicas de tapa del block.

Estuve en un auto lleno de nieve
Levantando refugiados bálticos.
Hombres con los pulmones apelmasados
rogando agua.
Una mujer con un ojo colgando
como un huevo sangriento en su mejilla.

He visto niños silenciosos
en multitudes hambrientas
desde las profundidades de un asiento de cine.
Los he visto.
Soy una madre.
Estuve ahí.
Pero no sufrí 
lo suficiente.

Soy una sueca.
Tengo una tarjeta de seguro de salud.
Lloro en mi cuarto.
He de morir de cáncer.
Soy formada por las circunstancias.
Conduzco una guerra conmigo misma
por ser una mujer rechazada.
¡Y tengo ciertos planes!
Tengo una hija
que debería tener un futuro.
Puede que me compre una parcela en el cementerio.
Soy tan sólo temporariamente
un utensillo usable de la casa.
Nunca cumplo una promesa.
Veo una expectativa 
en mi aniñado espejo
como si tuviese que conseguir un árbol de Navidad.

Llevo una vida tranquila
en el 83 de la Calle de la Reina 
a través del jardín cada día
mirando las paredes.
Pienso en mi hermana
que cuidadosamente teje manoplas para ollas en crochet 
del cerebro a cuerda
de mi cuñado.
Pienso en mi hermano
que es un caníbal.
Frío mis bifes.
Lavo mis manos.
He oído el solitario llamado
de los medio-devorados en lo escabroso.
Soy la mujer.
Yo era ella.
Pero no sufrí
lo suficiente.

Me fui adentro y cerré mi puerta
me senté en mi silla confortable.
Visito las tiendas formales
donde compro mis estériles
apuntalamientos de propiedad.
He escrito poemas con pensadas
pausas y puntuaciones.
Convierto mis panes en piedras.
Me siento como si tuviese una mano atada tras mi espalda.
Me siento como si tuviese una piel muda
ajustada sobre mi cara
y fantaseo acerca de un pequeño cuchillo
entre mis dientes.

He sentido 
cómo yo vomitaba mi garganta
y cómo mi lengua también se deslizaba hacia afuera
un inusable trapo de piel.
¿Dónde hallo un instrumento
para todo mi aire encerrado?
Soy un zapato sucio 
en una calle demasiado atestada.
Soy un perro sin amo
repleto de persistente amor
entre indiferentes zapatos sucios.

Veo una semejanza entre yo
y las papas.
He sentido lo podrido desde adentro
en la lluvia de otoño.

He escuchado a parejas de casados
en sus colchones de goma espuma a medida
quejarse acerca de perdidas excitaciones.
Entiendo su disgusto.
He sentido caricias
pegarse como chicle.
Dormito junto a mi pequeña pileta de lona.
Espero
junto a las madres aburridas.
Y observo a sus maridos
llegando en sus VW's
sobre sus gastadas cubiertas.
Usan brillosas camisas de nylon
y pequeños almohadones de cuero detrás.
Tienen cronómetros a prueba-de-idiotas
y aspectos llenos de carne muerta
y yo lo siento
en mi propia carcomida cara.

Llevo una vida tranquila
leyendo homenajes a la existencia
por alguien que no ha sufrido lo suficiente.
Mastico mis propias bromas.
Lucho con mi dura piel.
Yo era el patito feo
que nunca se transformó en cisne.
¿Tenía yo un par de alas entonces?
Siento los efectos secundarios de las quemazones.
Acaricio mi pobre joroba.
Trato de encontrar mi pequeño cuchillo
hace mucho tiempo arruinado por el óxido
y aplastado por pies en el pasto amarillo

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...