viernes, 4 de diciembre de 2015

UN ARTÍCULO DE MARISOL DONIS SOBRE EL FARMACEÚTICO FRANCISCO GARRIDO Y PARDO DE LA CASTA

www.aefla.portalfarma.com publicación del Consejo General 2ª época nº 106 julio/septiembre 2011 Pliegos de Rebotica, Asociación Española de Farmacéuticos de Letras y Artes 

Marisol Donis: Doctor Garrido: Había una vez un boticario

Francisco Garrido y Pardo, de profesión farmacéutico, fue un hombre de extraordinaria originalidad, de ingenio singular, que nos dejó una herencia literaria notable a través de los anuncios publicitarios a finales del siglo XIX, las madrileñas calles de Luna, Pez, San Bernardo..., formaban parte del llamado “Barrio Latino”, calificado por Emilio Carrere como el barrio bohemio, pícaro, con casas de “puerta abierta”, rodeaban al viejo caserón que albergaba la universidad. En una de esas calles, luna, por entonces repleta de palacetes aristocráticos que se entremezclaban con casas de farolillo rojo, una farmacia albergaba a un personaje tan bohemio y pícaro como el barrio: el Doctor Garrido. 

Francisco Garrido y Pardo, vino al mundo en 1848 en Graja de Iniesta, pueblo perteneciente a la comarca de la Manchuela, a 90 kilómetros de cuenca. Años después la familia se traslada a Valencia en donde nacería su hermana pequeña. 

Garrido apareció por Madrid en 1873 después de vivir dos años en Requena (Valencia) al frente de una botica de la subdelegación farmacéutica de aquel partido. Allí no había más promoción que los hechos secos. Sus amigos farmacéuticos le injuriaban. 

Establecido en Madrid en la calle luna, 6 con farmacia alopática y homeopática, el primer anuncio de sus específicos publicado en la prensa española, estremeció a la clase médica y farmacéutica. “la primera farmacia despachando bien y económicamente”. 

Jamás regaló a sus clientes un caramelo de menta ni una pastilla de leche de burra. Lo único que regalaba era su tiempo. A cualquier hora del día o de la noche estaba a disposición de la clientela, no en vano vivía en la trastienda. 

Se hizo famoso su slogan: “niñas ya sabéis, estoy siempre en luna 6”. Allí vivía junto a sus hermanas Prudencia y Lucía y sus dos jóvenes criados José López y Genoveva Díaz, en la trastienda del amplio bajo donde instaló la farmacia. 

Podía presumir de ser uno de los hombres más populares de Madrid. Abonado a su butaca del teatro real y concurrente asiduo a los estrenos. El gobierno de Alfonso XII había permitido un impuesto de 10 céntimos en forma de sello móvil, por cada localidad cuyo precio excediera de una peseta. Como todas las localidades, menos las de paraíso, valían más de la peseta, todas quedaban sujetas al sello móvil. 

En ese escenario Garrido ve actuar al gran Gayarre, en la ópera la favorita, quien comparte escenario con la contralto española Elena Sanz, amante de Alfonso XII. En los toros ocupaba la grada novena y al aparecer en su localidad era objeto de una gran ovación. Unos le dicen que baile, otros que hable, y él se quita el sombrero saludando cortésmente a sus admiradores. 

La inauguración del nuevo coso taurino situado en la zona de la Fuente del Berro, a la derecha de la carretera de Aragón (hoy palacio de los deportes) que sustituiría a la plaza de toros de la calle de Alcalá, a pesar de hallarse tan alejada del centro, registra llenos. No podía faltar Garrido para disfrutar de un espléndido cartel. Se lidian diez toros por los matadores Bocanegra, Lagartijo, Currito, Frascuelo, Vicente García Villaverde, José Machío y Angel Fernández Valdemoro. Tampoco falta a la primera corrida de la beneficencia en 1875 escenario de lo que sería la primera cogida mortal ocurrida en la nueva plaza, la del banderillero Mariano Canet Yustó víctima del miura Chocero. Por no hablar de la grave cogida de Frascuelo en abril de 1877. 

La fiesta taurina vive sus mejores momentos. Cualquier acontecimiento nacional se celebra con una corrida extraordinaria, lo mismo en verano que en invierno a pesar de las frías temperaturas que asolan Madrid, en noviembre o enero. 

Los mejores representantes de la tauromaquia española de la época brindan sus toros a Garrido. En cierta ocasión, con presencia de la familia real, Lagartijo brinda el toro veneno al Duque de Montpensier y minutos después el torero Currito brinda el suyo al Doctor Garrido, el nombre de este toro, boticario. 

La prensa no deja de reseñar todas sus salidas y entradas, a pesar de ser unos años con grandes temas periodísticos como la boda de Alfonso XII con María de las Mercedes y la segunda boda con María Cristina de Hansburgo, sin olvidar el atentado al rey en octubre de 1878 a manos del anarquista Juan Oliva o la fundación del partido socialista obrero en mayo de 1879. 

Asimismo, Garrido frecuenta el café Fornos lugar de cita de famosos como Lagartijo, Frascuelo, Gayarre. Tan seguro está Garrido de su popularidad, que se llega a plantear su candidatura a diputado. En el periódico la fe lo comentan de ésta manera: “es el hombre que después de Romero Robledo merece más que nadie el honor de ser elegido diputado por acumulación. Su popularidad es inmensa y como ya se sabe que el número de tontos es infinito, nadie puede contar con tantos votos como él, pero algunos Garridos de la política oscurecerán su fama. Hasta ahora le han ido bien sus polvos y sus panaceas entre médicos y boticarios”. 

Garrido responde a la fe argumentando: “no son tontos los que votan a Garrido, sino personas regulares y de buen criterio que aprecian sus cualidades de honrado trabajador”. 

Nuestro personaje no deja indiferente a nadie. 

Por esos años los médicos rurales viven con apreturas debido en gran parte a las gentes sin apenas recursos que visitan sus consultas. Se quejan, además, del intrusismo de charlatanes, o farmacéuticos con maneras de charlatán, en clara alusión al Doctor Garrido. 

En la revista Vasco-Navarra la Razón, de contenido médico-farmacéutico, fundada por el médico Victor Acha, podemos leer el 31 de agosto de 1878: “ese carcinoma de la farmacia española, ese bufón incorregible, ese boticario caco-químico de moralidad profesional”, al tiempo que transcribía un anuncio de Garrido. El comentario tenía su origen en lo publicado por esos días en un diario de San Sebastián: 

Donostiarras, el Doctor Garrido llegará a esta ciudad el 20 del mes actual. Abandonando por algunas semanas mis habituales y penosas ocupaciones en Madrid, me ha parecido justo y conveniente estar con vosotros a quienes tanto quiero, algunos días. Yo no vengo a ver enfermos, yo no vengo a encontrar más que mi distracción, mi reposo y mi tranquilidad, dejando la carga cotidiana que me tengo impuesta para ganar el pan, con un pequeño paréntesis temporal, a fin de emprenderla con más ahínco terminado el viaje. más si algún enfermo de esos que por momentos está solo esperando la muerte, tiene fe en mi sistema que a tantos ha curado en tan críticas circunstancias, siempre y donde quiera que se halle, está y estará a la disposición del desvalido, el Doctor Garrido”. 

Recibía en el hotel Ezcurra por aquel entonces el más elegante y señorial de la zona. 

Alrededor de su figura se tejieron las más variadas leyendas, que si pagaba sueldos mensuales a varios médicos para que elaboraran las fórmulas magistrales y redactaran los anuncios insertados en la prensa, que si paseaba por la castellana montando a caballo acompañado de un criado negro mientras los niños le vitoreaban..., mil leyendas que no se correspondían con la realidad, o por lo menos en parte. No necesitaba de los servicios de ningún médico, porque era doctor en ciencias y farmacia con preparación más que suficiente para preparar sus específicos. El sirviente negro no aparece en la documentación del padrón correspondiente a su casa durante esos años. Lo más seguro es que se tratara del mozo a cuyo cuidado estaba el caballo dentro del hipódromo. 

Durante treinta años fue el boticario más famoso de Madrid, admirado por unos y denostado por otros, pero siempre en el candelero. Inventó los anuncios de gran efecto y con ellos, Garrido creó un género literario perfectamente definido. 

Anunciaba en el Imparcial, el Globo, el Liberal, siempre con su pincelada personal. Ocupaba páginas enteras cuando los demás anunciantes lo hacían en unas pocas líneas, porque el precio del anuncio no suponía un problema al no pagar con una tarifa fija, sino que era un precio pactado, el que individualmente pudiera conseguir el anunciante. Aunque parezca mentira, muchos médicos y farmacéuticos, compraban el periódico para descubrir qué sorpresa encerraba el anuncio de la farmacia de luna 6. Era ingenioso, perseverante, llegando a presidir el gremio de anunciantes. 

Todos esos anuncios publicitarios fueron recogidos en un almanaque que se vendió en librerías. 

Manuel Ortega y Gasset, en su libro sobre el Imparcial periódico que fundó su abuelo, dice que el celebérrimo Doctor Garrido colaboró en el imparcial tanto como cualquiera de los escritores de la casa solo con sus anuncios publicitarios. 

Paulatinamente, su estrella se fue apagando. 


  • Falleció en febrero de 1904 en alicante. Amasó una gran fortuna que gastó sin freno. Se puede afirmar que no murió rico. Años después de su muerte, el diario la voz en 1929 publica una columna bajo el título madrilerías, que comienza: “había en Madrid un boticario que siempre estaba en su farmacia de luna, 6

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