sábado, 5 de diciembre de 2015

POESÍA: COCINANDO VOTOS QUE SON ALGO ASÍ COMO ORGASMOS FALLIDOS

Resultado de imagen de LA COCINA DE LOS VOTOS

Como moscas se vienen ellos, algunos, son los políticos
y se meten de de lleno en la despensa donde se cuecen los sentimientos de uno
como si el mundo solo fuera parte de ese segundo
en que se introduce el voto en una urna de la que saldrá humo.

Ellos son como aquellos esqueletos
que bailaban danzas de la muerte con las que asegurarse ellos mismos
el dominio del mundo
una vez el cuerpo reconvertido en otro tipo de materia y el alma plasmada en las páginas de un libro.

Soy del tiempo solo ese segundo
en que me siento atraído
por lo que fui y de lo que siego siendo en esta cárcel carente de sentido
en que se desvanecen en el aire los deseos de uno.

Me miro en el espejo
y veo una cara sin más complejos que aquellos que yo mismo aderezo en el interior de mi organismo
con un poco de sal, pimienta, ajo y muchas dosis de optimismo.

Así de sencillo
es eso de danzar como si fuéramos malditos
pieles rojas a los que hay que extinguir antes de que el verano venga cargado de nuevos optimismos.

Danzad malditos
y hacerlo ante la hoguera
donde se purifican los instintos asesinos
de quienes se sienten más que hombres libres, lobos asesinos.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

viernes, 4 de diciembre de 2015

UN ARTÍCULO DE MARISOL DONIS SOBRE EL FARMACEÚTICO FRANCISCO GARRIDO Y PARDO DE LA CASTA

www.aefla.portalfarma.com publicación del Consejo General 2ª época nº 106 julio/septiembre 2011 Pliegos de Rebotica, Asociación Española de Farmacéuticos de Letras y Artes 

Marisol Donis: Doctor Garrido: Había una vez un boticario

Francisco Garrido y Pardo, de profesión farmacéutico, fue un hombre de extraordinaria originalidad, de ingenio singular, que nos dejó una herencia literaria notable a través de los anuncios publicitarios a finales del siglo XIX, las madrileñas calles de Luna, Pez, San Bernardo..., formaban parte del llamado “Barrio Latino”, calificado por Emilio Carrere como el barrio bohemio, pícaro, con casas de “puerta abierta”, rodeaban al viejo caserón que albergaba la universidad. En una de esas calles, luna, por entonces repleta de palacetes aristocráticos que se entremezclaban con casas de farolillo rojo, una farmacia albergaba a un personaje tan bohemio y pícaro como el barrio: el Doctor Garrido. 

Francisco Garrido y Pardo, vino al mundo en 1848 en Graja de Iniesta, pueblo perteneciente a la comarca de la Manchuela, a 90 kilómetros de cuenca. Años después la familia se traslada a Valencia en donde nacería su hermana pequeña. 

Garrido apareció por Madrid en 1873 después de vivir dos años en Requena (Valencia) al frente de una botica de la subdelegación farmacéutica de aquel partido. Allí no había más promoción que los hechos secos. Sus amigos farmacéuticos le injuriaban. 

Establecido en Madrid en la calle luna, 6 con farmacia alopática y homeopática, el primer anuncio de sus específicos publicado en la prensa española, estremeció a la clase médica y farmacéutica. “la primera farmacia despachando bien y económicamente”. 

Jamás regaló a sus clientes un caramelo de menta ni una pastilla de leche de burra. Lo único que regalaba era su tiempo. A cualquier hora del día o de la noche estaba a disposición de la clientela, no en vano vivía en la trastienda. 

Se hizo famoso su slogan: “niñas ya sabéis, estoy siempre en luna 6”. Allí vivía junto a sus hermanas Prudencia y Lucía y sus dos jóvenes criados José López y Genoveva Díaz, en la trastienda del amplio bajo donde instaló la farmacia. 

Podía presumir de ser uno de los hombres más populares de Madrid. Abonado a su butaca del teatro real y concurrente asiduo a los estrenos. El gobierno de Alfonso XII había permitido un impuesto de 10 céntimos en forma de sello móvil, por cada localidad cuyo precio excediera de una peseta. Como todas las localidades, menos las de paraíso, valían más de la peseta, todas quedaban sujetas al sello móvil. 

En ese escenario Garrido ve actuar al gran Gayarre, en la ópera la favorita, quien comparte escenario con la contralto española Elena Sanz, amante de Alfonso XII. En los toros ocupaba la grada novena y al aparecer en su localidad era objeto de una gran ovación. Unos le dicen que baile, otros que hable, y él se quita el sombrero saludando cortésmente a sus admiradores. 

La inauguración del nuevo coso taurino situado en la zona de la Fuente del Berro, a la derecha de la carretera de Aragón (hoy palacio de los deportes) que sustituiría a la plaza de toros de la calle de Alcalá, a pesar de hallarse tan alejada del centro, registra llenos. No podía faltar Garrido para disfrutar de un espléndido cartel. Se lidian diez toros por los matadores Bocanegra, Lagartijo, Currito, Frascuelo, Vicente García Villaverde, José Machío y Angel Fernández Valdemoro. Tampoco falta a la primera corrida de la beneficencia en 1875 escenario de lo que sería la primera cogida mortal ocurrida en la nueva plaza, la del banderillero Mariano Canet Yustó víctima del miura Chocero. Por no hablar de la grave cogida de Frascuelo en abril de 1877. 

La fiesta taurina vive sus mejores momentos. Cualquier acontecimiento nacional se celebra con una corrida extraordinaria, lo mismo en verano que en invierno a pesar de las frías temperaturas que asolan Madrid, en noviembre o enero. 

Los mejores representantes de la tauromaquia española de la época brindan sus toros a Garrido. En cierta ocasión, con presencia de la familia real, Lagartijo brinda el toro veneno al Duque de Montpensier y minutos después el torero Currito brinda el suyo al Doctor Garrido, el nombre de este toro, boticario. 

La prensa no deja de reseñar todas sus salidas y entradas, a pesar de ser unos años con grandes temas periodísticos como la boda de Alfonso XII con María de las Mercedes y la segunda boda con María Cristina de Hansburgo, sin olvidar el atentado al rey en octubre de 1878 a manos del anarquista Juan Oliva o la fundación del partido socialista obrero en mayo de 1879. 

Asimismo, Garrido frecuenta el café Fornos lugar de cita de famosos como Lagartijo, Frascuelo, Gayarre. Tan seguro está Garrido de su popularidad, que se llega a plantear su candidatura a diputado. En el periódico la fe lo comentan de ésta manera: “es el hombre que después de Romero Robledo merece más que nadie el honor de ser elegido diputado por acumulación. Su popularidad es inmensa y como ya se sabe que el número de tontos es infinito, nadie puede contar con tantos votos como él, pero algunos Garridos de la política oscurecerán su fama. Hasta ahora le han ido bien sus polvos y sus panaceas entre médicos y boticarios”. 

Garrido responde a la fe argumentando: “no son tontos los que votan a Garrido, sino personas regulares y de buen criterio que aprecian sus cualidades de honrado trabajador”. 

Nuestro personaje no deja indiferente a nadie. 

Por esos años los médicos rurales viven con apreturas debido en gran parte a las gentes sin apenas recursos que visitan sus consultas. Se quejan, además, del intrusismo de charlatanes, o farmacéuticos con maneras de charlatán, en clara alusión al Doctor Garrido. 

En la revista Vasco-Navarra la Razón, de contenido médico-farmacéutico, fundada por el médico Victor Acha, podemos leer el 31 de agosto de 1878: “ese carcinoma de la farmacia española, ese bufón incorregible, ese boticario caco-químico de moralidad profesional”, al tiempo que transcribía un anuncio de Garrido. El comentario tenía su origen en lo publicado por esos días en un diario de San Sebastián: 

Donostiarras, el Doctor Garrido llegará a esta ciudad el 20 del mes actual. Abandonando por algunas semanas mis habituales y penosas ocupaciones en Madrid, me ha parecido justo y conveniente estar con vosotros a quienes tanto quiero, algunos días. Yo no vengo a ver enfermos, yo no vengo a encontrar más que mi distracción, mi reposo y mi tranquilidad, dejando la carga cotidiana que me tengo impuesta para ganar el pan, con un pequeño paréntesis temporal, a fin de emprenderla con más ahínco terminado el viaje. más si algún enfermo de esos que por momentos está solo esperando la muerte, tiene fe en mi sistema que a tantos ha curado en tan críticas circunstancias, siempre y donde quiera que se halle, está y estará a la disposición del desvalido, el Doctor Garrido”. 

Recibía en el hotel Ezcurra por aquel entonces el más elegante y señorial de la zona. 

Alrededor de su figura se tejieron las más variadas leyendas, que si pagaba sueldos mensuales a varios médicos para que elaboraran las fórmulas magistrales y redactaran los anuncios insertados en la prensa, que si paseaba por la castellana montando a caballo acompañado de un criado negro mientras los niños le vitoreaban..., mil leyendas que no se correspondían con la realidad, o por lo menos en parte. No necesitaba de los servicios de ningún médico, porque era doctor en ciencias y farmacia con preparación más que suficiente para preparar sus específicos. El sirviente negro no aparece en la documentación del padrón correspondiente a su casa durante esos años. Lo más seguro es que se tratara del mozo a cuyo cuidado estaba el caballo dentro del hipódromo. 

Durante treinta años fue el boticario más famoso de Madrid, admirado por unos y denostado por otros, pero siempre en el candelero. Inventó los anuncios de gran efecto y con ellos, Garrido creó un género literario perfectamente definido. 

Anunciaba en el Imparcial, el Globo, el Liberal, siempre con su pincelada personal. Ocupaba páginas enteras cuando los demás anunciantes lo hacían en unas pocas líneas, porque el precio del anuncio no suponía un problema al no pagar con una tarifa fija, sino que era un precio pactado, el que individualmente pudiera conseguir el anunciante. Aunque parezca mentira, muchos médicos y farmacéuticos, compraban el periódico para descubrir qué sorpresa encerraba el anuncio de la farmacia de luna 6. Era ingenioso, perseverante, llegando a presidir el gremio de anunciantes. 

Todos esos anuncios publicitarios fueron recogidos en un almanaque que se vendió en librerías. 

Manuel Ortega y Gasset, en su libro sobre el Imparcial periódico que fundó su abuelo, dice que el celebérrimo Doctor Garrido colaboró en el imparcial tanto como cualquiera de los escritores de la casa solo con sus anuncios publicitarios. 

Paulatinamente, su estrella se fue apagando. 


  • Falleció en febrero de 1904 en alicante. Amasó una gran fortuna que gastó sin freno. Se puede afirmar que no murió rico. Años después de su muerte, el diario la voz en 1929 publica una columna bajo el título madrilerías, que comienza: “había en Madrid un boticario que siempre estaba en su farmacia de luna, 6

jueves, 3 de diciembre de 2015

EL DOCTOR GARRIDO PARDO NATURAL DE VENTA DEL MORO (VALENCIA)


LA FARMACIA DE LA CALLE DE LA LUNA Y EL DOCTOR GARRIDO.

En la calle de la Luna, número 6 de Madrid hay una farmacia cargada de historia. Nadie ha de llevarse a engaño cuando lea en su fachada que allí se encuentra desde el año 1833, mientras que en el portal anexo se halla escrita la fecha 1853 como fin de la construcción del edificio que la alberga, porque ambas son correctas.


Fotografía: M.R.Giménez (2012)
Farmacia Cardona en la calle de la Luna, número 6 desde 1833.

En los “Anales histórico-políticos de la Medicina, Cirugía y Farmacia” se habla de Pedro Herranz Árias, que fue Boticario de Cámara del rey Fernando VII, entre otros cargos, como primero en instalar una botica en la calle de la Luna ya en el año 1833. Herranz, proveniente del pueblo de Cercedilla (Madrid), instruiría convenientemente a su sobrino Claudio Santos Herranz Martín en el oficio, transfiriéndole la Botica de Herranz alrededor del año 1851.

En el periodo en que este segundo boticario Herranz atiende la farmacia de la calle de la Luna se levanta la causa actual, en el número 6, y el negocio continuará con una nueva cesión de la botica alrededor del año 1862. Esta vez Esteban Rodrigo de la Torre, sería el nuevo farmacéutico.




Fuente: B.N.E. (1865)
Anuncio de Esteban Rodrigo, Luna, 6.

Esteban Rodrigo formaba parte de la asociación “Amigos de los pobres” que prestaban auxilio a los que pidan por ser atacados por el cólera, durante la epidemia de cólera morbo del año 1865. Anunciaba en prensa sus preparados de alcanfor, como antídotos contra esta enfermedad, y posteriormente la apertura de su nuevo laboratorio especial de homeopatía advirtiendo que dicho establecimiento se ha montado en un local completamente separado del alopático (medicina convencional), para observar estrictamente las reglas hahnemanianas (Samuel Hahnemann, médico fundador de la Homeopatía, s. XVIII).

Tres años después de que su anterior propietario prescindiera de la farmacia de la calle de la Luna, se establecería en ella el más célebre de los boticarios de Madrid. Francisco Garrido Pardo, conocido por todos como El Doctor Garrido, no dejaría indiferente a nadie.




Fuente: ABC.
El Doctor Garrido, Francisco Garrido Pardo.

El Doctor Garrido había nacido en Venta del Moro (Valencia) en el año 1847. Doctor en Farmacia, había tenido la suya en Requena (Valencia) durante dos años, hasta que en 1873 entró en Madrid para establecerse en la de la calle de la Luna, número 6.

Aquella farmacia, entonces de sexta categoría, fue adquirida por 6.000 duros y se vendió porque así le convenía a su dueño, comprándola Garrido y mejorando sus instalaciones para proseguir con la venta de medicinas alopáticas y homeopáticas, como su antecesor.

Por aquel entonces el propio Garrido se quejaba de que los viejos farmacéuticos trataban de hundir a los recién llegados y también de que los médicos, que ya tenían elegidas aquellas boticas de su interés, sólo esperaban adulaciones y agasajos de aquellos, sin reparar en otros farmacéuticos con preparados más eficaces y menos costosos. (Las medicinas prescritas solían prepararse en las propias boticas de manera individualizada). Es así como el Doctor Garrido decidió recurrir a los anuncios de los periódicos para promocionar su establecimiento.



Fuente: B.N.E. (1873)
Uno de los primeros anuncios que insertó el Doctor Garrido en el periódico "El Imparcial".

Otros farmacéuticos habían recurrido ya a la publicidad en la prensa, pero nadie de manera tan perseverante como el Doctor Garrido, que comenzaría con pequeños anuncios en el año 1873 y no los abandonaría hasta mediados de los años noventa del siglo XIX, cuando dejó la farmacia.

En ocasiones sus textos incluían rimas como éstas: “Allí se curan negros, blancos, cochinchinos, franceses, ingleses, alemanes y hasta de la Alcarria” (1875). “Mi panacea es, señores, / la que todo lo compone; / quito tristezas, dolores, / y hasta si hay quien se opone, / vuelve a un viejo a sus amores” (1876).

Él mismo se ocuparía de la redacción de su publicidad que divulgó en muchos periódicos, fundamentalmente en “El Imparcial” y en “La correspondencia de España”, gastando grandes sumas de dinero que le proporcionarían pingües beneficios.



Fuente: Prensahistorica.mcu.es (1890).
Anuncio de "La Correspondencia de España".

De los anuncios en pequeño formado pasó a largos artículos en los que relataba historias de enfermos desahuciados que recobraban la salud, consejos terapéuticos o cartas de gratitud. “De agradecidos y satisfechos a satisfecho y agradecido”. En ocasiones también sus textos, escritos en tercera persona, defendían su integridad como doctor en Farmacia ante las acusaciones de charlatanería y desprestigio de la ciencia con que le insultaban sus colegas. “Aunque exagere la gente, no diciendo la verdad, Luna, 6, en mi farmacia, quien quiera me encontrará”.

Del Doctor Garrido se decía que no faltaba nunca a las fiestas y regocijos populares. Muy aficionado al teatro llegó a encargar al dramaturgo Ángel María Segovia un apropósito (breve pieza teatral) titulado “El doctor Gorrilla siempre en su farmacia: o Nadie se muere hasta que Gorrilla quiere”, basada en su persona, que fue estrenada en el teatro de la Alhambra de la calle de la Libertad de Madrid, en octubre del año 1874.

La farmacia de Garrido, que había contratado a un hombre anuncio, también pasaba consulta médica, llegando a tener tres sucursales en total: dos en la calle de la Luna, números 6 y 38, y otra en la calle de la Madera, número 24, en la que se atendía gratuitamente. Despachaba a toda España contestando a correo seguido a los que de provincias nos escriben.

El Doctor Garrido vendió su célebre farmacia de la calle de la Luna en el año 1893, falleciendo nueve años más tarde. Desaparece el último representante de toda una época, de un gran cacho de historia española contemporánea, decían las reseñas que sobre él se escribieron en los periódicos.
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Fuente: Jesús y María Paz Cardona Conthe (1941).
"Farmacia Conthe - Antigua del Dr. Garrido". Los cristales de la fachada se conservan en el interior del local.



Fotografía: M.R.Giménez (2013)

En la década de los años veinte del siglo pasado la farmacia de la calle de la Luna, número 6 ya era propiedad de la familia que actualmente la dirige con el nombre de Farmacia Cardona.



Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Decoración interior de la farmacia Cardona, con la imagen de Galeno.



Fotografía: M.R.Giménez (2013)
Decoración interior de la farmacia Cardona con una alegoría de la Farmacia.

El militar Julián Conthe Monterroso se haría cargo del establecimiento, expropiado durante la Guerra Civil Española, hasta que fue fusilado en el año 1936. El negocio continuó abierto y fue Luis Cardona Prado, yerno del anterior, quien mantuvo la oficina de esta farmacia cuyas paredes de oscura madera, cenefas y capiteles dorados que acompañan a los perfiles de Galeno e Hipócrates, por fortuna hoy podemos seguir admirando.

Fuentes:
“Anales histórico-políticos de la Medicina, Cirugía y Farmacia” de Manuel Fernández de Gregorio. 
“La Farmacia Española” Revista científica y profesional.
pinarejolamancha.blogspot.com
Hemeroteca ABC.
Hemeroteca B.N.E.
Prensahistorica.mcu.es

Los antiguos cafés de Madrid agradecen muy especialmente la colaboración de los farmacéuticos Jesús y María Paz Cardona Conthe de la “Farmacia Cardona”, su amabilidad, facilidades, la información aportada para este blog y sobre todo su amena y muy interesante conversación.


Publicado por M.R. Giménez


“Se presenta esta señora / para todos protectora”... y se ve a doña Baldomera, reclinada sobre el cuerno de la abundancia del que salen monedas sin cuento. Aunque ha pasado más de un siglo de aquel fraude y algunos de los pareados podrían parecer lejanos, el asunto tiene tanta actualidad que casi todos los versos, aparentemente simplones y de una poética elemental, podrían servir hoy de titulares en cualquier periódico de economía: “Hay muchos revendedores / que cotizan sus valores” o “Por su valor y al contado / toma papel del Estado”. De hecho, la fama de doña Baldomera fue tal en su momento que la propia Aleluya la comparaba con uno de los “inventores” de la publicidad de productos farmacéuticos, el doctor Francisco Garrido Pardo, quien desde su establecimiento de la calle de la Luna, en Madrid, comenzó a realizar ventas masivas de sus específicos gracias a una propaganda sistemática y constante en casi todos los diarios y revistas españolas de su época: “Con la fama que ha adquirido / eclipsó al doctor Garrido”, reza el pareado situado bajo una viñeta en la que se puede ver a doña Baldomera soplando en la trompeta de la Fama

domingo, 29 de noviembre de 2015

EL PRINCIPIO DE LA PITUFINA

Es un concepto que introdujo Katha Pollit en un artículo en el New York Times allá por 1991. Básicamente, viene a describir una situación en la que una obra de ficción tiene una sola mujer entre un elenco casi en su totalidad masculino. En dicha obra, el protagonista y los demás elementos principales serán hombres. El nombre del principio viene, por supuesto, de los dibujos animados de Los Pitufos. Un grupo de pequeños seres azules viven en el bosque. Un día, aparece una chica pitufa. Al principio, nadie le hacía caso, pero unos pases mágicos de Papá Pitufo y, zas, se convierte en una atractiva pitufina de pelo rubio largo, pestañas seductoras, tacones altos y cara de pobrecita desvalida. Y ese es todo su cometido: hacer de pitufina Barbie


Algunos personajes femeninos que sufren del principio de Pitufina:
Miss Piggy en The Muppets
La Princesa Leia en Star Wars
Penny en The Big Bang Theory
Abril en Las tortugas Ninja
Gamora en Guardianes de la Galaxia
Letty en Rápido & Furioso
Viuda Negra en Los vengadores
Sue Storm en Cuatro Fantásticos
Acerina en Halcones Galácticos
Agata June en Fuerza G o Gatchaman
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