lunes, 18 de julio de 2016

POESÍA: EN AQUEL MI ÚLTIMO SUEÑO DE UN MES DE JULIO

Tuvo que ser el último sueño
no me cabe de ello la menor duda,
la oscuridad latiendo
bajo los poros de la piel del aire que se respira.

Un sudor, húmedo,
impregnado de los aromas de los detergentes en agua diluido
bajaba, eran efluvios,
descendiendo por un patio comunal, de altura seis pisos,
de una noche de verano, de un antipático mes de julio.

Cojonudos los calores con su música de timbales y de elevados grados centigrados
el refrigerio es lo único
que en la noche ayuda a conciliar el sueño matutino
para esos momentos en que el silbido
de la cafetera del vecino del quinto
le invita a un café, el primero, luego vendrá el segundo,
antes de que la cerradura suene y con su ruido despierte a todo el mundo.

Es lunes, día de ayuno, el peso es una lata y si quieres perder unos kilos
la cocina se convierte en un martirio.

Ya casi el sueño convencido de que esa noche no es la suya
se hace de uno amigo
y solo él y  yo, los dos juntos,
nos vamos hasta la orilla del mar
para oír el murmullo
de los indiscretos peces marinos
desde siempre ellos enviando largos avisos
de que la humanidad se encuentra en peligro
si del mar hacemos un gran basurero con todo aquello que consumimos.

Ya el vecino del quinto anda camino del trabajo,
ya vuelven los silencios con prólogos indefinidos,
ya el edificio se asienta entre extraños ruidos,
ya acaricia la mano el despertador comprado en un comercio de artículos infinitos,
es la hora de levantarse, es lo mismo,
contar lo que uno siente, que darse por oído
y avanzar por la cuesta de una mañana, con calores asfixiantes
que consumimos en un vaso en el que convergen diferentes zumos,
el pomelo y la naranja, dos cucharillas de ázucar y con ello el alivio
de quien se siente protegido
por la diosa IRIS, la de los antiguos faraones egipcios,

¿Quien soy? me pregunto.

En el cristal del espejo
sin duda el mismo,
uno más frágil
y el otro más duro.

Quizás mañana, lo dudo,
cambie el sentido
y el reflejo que se ve en el frío artilugio
se vuelva como las capas de la cebolla, excelente aperitivo,

Autor de la poesía: Jose Vicente Navarro Rubio

Es un preludio al poema de (Carlos Edmundo de Ory. Poesía 1945-1969. Barcelona, 1970)

Amo a una mujer de larga cabellera
como en un lago me hundo en su rostro terso
en su vientre mi frente boga con lentitud
palpo tiento acaricio volúmenes de seda
me sumerjo en cavidades me esponjo en su zumo
mujer hondonada mi araña tenebrosa
laberinto infinito tambor y extraño palacio
eres mi hermana única de olvido y abandono
tus pechos y tus nalgas de dobles montes gemelos
me brindan la blancura de paloma gigante
el amor que nos damos es de noche en la noche
rotundos crudos la cama nos reúne
se levantan columnas de olor y de respiros

Trituro masco saboreo me despeño
el deseo florece entre tumbas abiertas
tumbas de besos bocas o moluscos
estoy volando enfermo de venenos
reinando en tus membranas errante y enviciado
nada termina nada empieza todo es triunfo
de la ternura envuelta en silencios
El pensamiento ha huido de nosotros
Se juntan nuestras manos como piedras felices
Está la mente quieta como inmóvil palmípedo
las horas se derriten los minutos se agotan
no existe nada más que placer y agonía

Placer tu cara no habla sino que va al trote
sobre un mundo de nubes en la cueva del ser
Somos mudos no estamos en la vida vana
Hemos llegado a ser terribles y divinos
Artesanos secretos de miel en rebeldía
Se oyen los gemidos de la carne incansable
En un instante oí la mitad de mi nombre
saliendo repentino de tus dientes impares

En esta luz puedo ver la expresión de tu rostro
que parecías otra mujer en aquel éxtasis
La oscuridad me vuelve loco si no te veo
No encuentro tu cabeza y no sé lo que toco

Cuatro manos se van con sus dueños dormidos
y lejos de ellas vagan también los cuatro pies
Ya no hay dueños no hay más que suspenso y vacío
El barco de este amor está encallando en alta mar
¿Dónde estás? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Quién eres?

Para siempre abandono estas preguntas
Ebrio loco hechizado a las puertas del conjuro
grandiosa la pasión espero el turno del hombre

De nuevo en una habitación estamos juntos
Desnudos estupendos cómplices de la Muerte.

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