domingo, 7 de agosto de 2016

POESÍA: DE AQUEL AUTOBÚS CONOCIDO CON EL NOMBRE DE LA CATALANA

Le llamaban La Catalana
era un autobús
un poco extraño
llegaba muy temprano
hubiera o no heladas,
lo recuerdo en el montado
camino de la ciudad de Cuenca.

Allí en Pinarejo
se le esperaba en la Esquina del Molinillo,
junto a la carretera,
hasta ese punto llegaban
los parientes más próximos
para hacer las despedidas
o para recibir a los recién llegados.

Todo eran abrazos y besos
entre miradas tiernas.
Esta escena
creo recordar
una escena cinematográfica,
más o menos igual,
en alguna película de Berlanga.

Recuerdo con mis cinco años
recién cumplidos
subir a él
cuando partimos del pueblo
y ya acomodado en una de las butacas
explorar el autobús por dentro,
allí iba Doña Pía la maestra de párvulos de Pinarejo
y gente muy sería
con los ojos llenos de tristeza,
espanto pasajero en sus miradas
como si el mundo se tuviera que acabar por el simple hecho de viajar en aquel autobús-

A través de su ventanilla
se veían los paisajes ya domados
y los hilos de la luz tendidos con sus panzas de poste a poste.

Al llegar a Cuencas se entraba en unas cocheras
creo que al lado del parque de San Julián,
allí recogimos las maletas
y nos fuimos andando,
mi madre, mi hermano y yo
hasta la estación para montar en el tren que  tenía destino la ciudad de Valencia.

De aquel viaje recuerdo los túneles negros
por los que pasaba el tren, uno, dos, tres , cuatro,
y como se cerraban las ventanillas
para que el carbón no nos produjera toses innecesarias,
en el tren los viajeros llevaban
en cajas de cartón con pequeñas incisiones
conejos y gallinas vivas, maná que los manchegos en su destierro comían
con unas ansias tremendas.

Supe, hace de esto unos años
que aquel autobús cayó al río Júcar
a la altura de los baños de Valdeganga
y que hubo una veintena de muertos.

Se cuenta que el autobus de  viajeros fue reparado
y que siguió realizando su cometido
durante un largo periodo de tiempo,
con alguna que más desgracia.

La suerte siempre busca a uno
al igual que las desgracias,
puedo decir que en aquellos días
en que la Catalana era un saco de sorpresas tuvimos suerte yo y mi familia
de no resultar agraciados, con la muerte, por la Diosa Fortuna.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio



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