miércoles, 17 de agosto de 2016

POESÍA: A FEDERICO GARCIA LORCA, EN MIS REDUERDOS


¿Qué la luna no fue?
Entiendo que en ese día ladraron las perros
y entiendo que lo hicieran a pecho descubierto
¿Qué día?
Y en las montañas gemía el viento,
una vieja profecía
tan vieja que ea casi un juramento
perseguía a los nacidos en aquel huerto.

La tierra y el hombre
¿matan los recuerdos?
Los recuerdos matan
cuando se llevan muy dentro
y los hombres se miran entre recelos
todo por nada
por un poco más de terreno,
por una linde,
por un árbol, un surco, un cencerro.

Cuentan que las ovejas balaron
con lenguas de fuego
y que la leche se les cortó
 a todas sin dar tiempo
a ordeñarlas , manos de acero,
las de los pastores
temiendo
que la luz que se veía lejos
no fuera la de una estrella o lucero,
baja la luz, rastrea el suelo,
son coches que llegan hasta el bajo cerro
cargados de escopetas, pistolas y cintos de balas hasta el cuello.

A la luz de un fuego
contaba en esto un ciego
que en días como estos 
era lo mejor
echar el cerrojo,
 por si quien sabe, 
lo que algunos llevan dentro,
en el corazón noble del vecino atento,
cayera un trueno
y lo convirtiera en un mar de dudas 
y de malos pensamientos.

Así el ciego
remueve la lumbre,
así el ciego
habla de todo esto
con su nuera, con su hijo y con su nieto
y así todos atentos
aprenden a tener miedo.

Los coches llegaban
y se oían detrás de los cerros
disparos y más disparos
y lamentos,
pocas oraciones y pocos Credos,
a la hora de matar
los asesinos quieren a su Cristo lejos.

Saben los cuervos que graznan
en el viejo olivo de al lado del cementerio
que aquello no trae nada bueno,
la muerte desde siempre solo trajo más muerte,
y los lamentos como si fueran libros abiertos
desde siempre, asi de cierto,
se quedan grabados en las páginas de la memoria 
y por mucho que pase el tiempo
siempre habrá un momento 
para poder recordar lo que a un familiar le hicieron.

Los cuervos tan negros
no me dicen nada nuevo,
desde siempre los vi
en las tapias de los cementerios,
en las almenas de los castillos
o allí donde bajo la tierra yacen enterrados los muertos.

Así pasa el tiempo
el sol lejano espantado
quiere sobre el mar vomitar desprecios
y los ríos que traen aguas para consuelo de los campos sedientos,
se sienten tan en ellos llenos
de esa tristeza que convierte al agua en hielo
que los campos lloran 
y los ríos pasan pregonando:"No quiero
que se diga que somos culpables de todo esto"

En la huerta ladra el perro
con esa sabiduría que llevan dentro,
año tras años los perros aprendiendo
que los seres humanos son tan feroces como los leones de los desiertos,
y en la huerta
una luz dentro
y mujeres que lloran, no hay consuelo,
y un hombre que piensa 
que culpa tiene mi hijo de esto.
sabe el hombre por viejo
 que van a matar a su hijo bueno.

Lo sabe desde que su hijo salió de casa
con lo puesto
a escondidas
y temiendo
que la barbarie del mundo
cayera sobre él
por eso 
de ser diferente,
por eso de lanzar al viento
sus sentimientos.

Las noticias corren, 
las noticias corren más que el viento,
de boca en boca,
de geranio en geranio,
de beso en beso,
de recelo en recelo,
de Padre Nuestro 
en Padre Nuestro,
de cuño en cuño,
de barbecho en barbecho,
de cante jondo en seguidilla, fandango, verso,
en Granada todo se sabe
desde aquel momento
en que un rey moro lloró
por lo poco que hizo por impedir perder a la joya más bella de su joyero.

Por la carretera desierta solo circulan
los monstruos y cabestros
transportando a las tierras que solo dan frutos secos,
mercancía humana que utilizarán para abonar sus odios eternos.

Son ellos
los que matan,
es el nuevo credo
naciente
con camisas y pañuelos en los cuellos
deslumbran
ya vienen
matando y leyendo
octavillas que llenan a todos de miedo,
pues ahora se mata
solo por eso
por una palabra mal dicha
por aquello que ocurrió hace 1000 años de ello.

Matar es fácil,
tan cierto
que los que matan no sienten nada por ello
y dicen que sacan pecho
y que luego todo lo cuentan 
en las tabernas 
al primer sorbo 
escupen su veneno

Por maricón lo matamos,
dijo uno,
el que parecía menos entero,
por eso,
dijo el otro,
en sus ojos veneno,
y además se escuchó al que jugaba con un cigarro en sus adentros,
por rojo
y por eso de llevar cultura y hacer creer al pueblo
cosas para las cuales no nacieron.

En aquella taberna,
la de los asesinos del páramo desierto,
los demás reían
pensando en ese escarmiento
que Granada necesitaba
por aquello
de que aquí mandamos nosotros
y a callar chuma, bajo pueblo.

Tenían por cierto,
se les veía en sus ojos de cuervos viejos
que habrían mas muertes
tantas más
que da miedo 
en pensar las que después se produjeron.

No se sabe cuantos tiros
sobre ellos cayeron,
si fue el primero
o el último
el tiro
que acabó con ellos,
pobre del maestro cojo
que se creía la luz del entendimiento
o de los banderilleros
que un día oyeron
en la barrera decir
que serían toreros
o el poeta
que tanto hizo por enseñar aquello
de que la cultura hace grande a los pueblos.

¿Fue rápido?
¿Se recrearon los asesinos
y sobre los muertos fumaron satisfechos?
¿Donde los enterraron?
¿Que se hizo de sus cuerpos?

Tengan por cierto 
que alguien lo sabe
seguro,
que desde hace mucho tiempo,
pues Granada desde siempre fue como un pueblo

Calla
el día
en esto en que  a uno
le viene el recuerdo
de todas las guerras con sus muertos,
así de cruel es la vida
y así se escriben los versos.

En una mañana cualquiera
despertaremos
con aquello
de aparecieron los restos
y volveremos a escribir historias
quizás
aprendan algunos de todo esto,
que los poetas nunca mueren
por mucho plomo que lleven en sus adentros.
GLORIA AL POETA Y A LOS QUE JUNTO A EL MURIERON

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

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