lunes, 1 de febrero de 2016

POESÍA: ¿A QUÉ ESPERAS?

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Te destapas como la cerveza,
agua clara,
espuma que llena la copa de la paciencia.

Tiempo de espera
de aguas que no llegan
de veranillos con sol de primavera
en la larga cuesta
de un mes de enero que no lo conoce ni su abuela.

Raya difusa
más allá de al piel seca
de los campos sedientos
que esperan
sobre el cielo nubes, paciencia,
que al final todo llega,
desde la vida hasta la muerte, tan certera, como que mañana será otro día en nuestra larga carrera
hacia el vacío de nuestra existencia.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

POESÍA: SAPOS Y RANAS Y DE QUE MANERA

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Saltaba como las ranas sobre las charcas infectas,
lanzaba sus ancas,
limaba sus dientes con respuestas lisonjeras,
se comían hasta las piedras.

Sapo de piel viscosa
de él solo queda
su impronta sobre el suelo, y de que manera
escupe el sapo
y croa la rana en la pantanosa ribera
de arrozales profusos y nieblas perpetuas.

Se lleva la mañana
los últimos rumores de una noche de amores escondidos entre las matas secas
mientras suena
la voz ronca y seca
del alba que arranca por las acequias agua fresca.

En la marisma, albufera,
la niebla trae
olores a tierra cultivada desde lejanas épocas
mientras las ranas siguen su búsqueda perpetua
de barro fresco, lodo, mierda,
y los sapos escupen
y de que manera
todo aquello que llevan en sus vísceras enfermas.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

domingo, 31 de enero de 2016

POESÍA: SUEÑOS QUE SE QUIEREN COGER



Cuando era jaula
sin cielo
el país en el que nací,
cuando los barbechos se extendían
y los hombres no tenían con que comer
siempre había
eso forma parte de mi ser
un momento para ser libres
y soñar en aquello que no se atinaba a ver.

La luna de un espejo,
la luna al revés,
el sol ardiendo,
el sol matando mi interés.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: PARA CUANDO EL FRÍO COMENZABA A DESCENDER




Apuré la taza de café,
no pensé
en el poso que en el fondo se dejaba ver,
ni toque
la cucharilla con la que meneé
el café.

Ligeramente miré
el tabique, la pared,
hallé el reloj mostrando una hora, las seis,
el atardecer.

El frío comenzaba a descender
desde las ramas incógnitas
de un ciprés
y a la vez
en el nido hecho con algodón, copos de nieve de las montañas del Everés
bocas abiertas piaban a la vez.

Autor: José Vte. Navarro Rubio

El Hacho, fortaleza, acuartelamiento y prisión

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El Faro Digital. es

Escrito por  Victor Marques Ibañez
Una de las dos Columnas de Hércules. Así consideraban las antiguas leyendas al monte Hacho, la montaña baja situada en la costa africana enfrente de la otra columna, el Peñón de Gibraltar. Situada en este monte Hacho, se encuentra la Fortaleza que toma su mismo nombre.

De origen muy antiguo, romano o bizantino, la fortaleza del Hacho que comenzó como una torre de vigilancia ha sufrido múltiples transformaciones a lo largo de la historia. Construida por los romanos y mejorada por los visigodos, en el 709 es recibida intacta por los árabes de Muza permaneciendo en su poder hasta 1415, en que semiderruida e inservible pasó a manos portuguesas y así la recibieron los españoles que la mantuvieron en parecido abandono hasta 1771. Pero el imponente aspecto que podemos contemplar hoy en día, data del proyecto de 1773 diseñado por el arquitecto Juan Cavallero. Situada a 190 metros de altura y unos 800 del casco urbano de la ciudad de Ceuta, esta emblemática fortificación se compone de un amplio recito de planta hexagonal irregular con una superficie aproximada de 100.000 m2 y circundada por una imponente muralla de casi dos kilómetros de longitud de entre 8 y 22 metros de altura que cuenta con 41 torres (40 en el proyecto inicial) y con unos imponentes baluartes en cinco de sus vértices.
Los planos originales se encuentran depositados en el Servicio Histórico Militar y están firmados en Ceuta el 31 de julio y 8 de diciembre del año 1773. En ellos se da cuenta con gran detalle de las obras realizadas, así como de las construcciones antiguas preexistentes en el lugar.
El interior del recinto amurallado albergaba la torre Vigía (desde la que se daban las señales de alarma), un cuartel con capacidad para 300 hombres, un polvorín para doscientos quintales de pólvora (9.200 kg) y diversas instalaciones para dar cobijo a los víveres, y pertrechos necesarios para la vida y funcionamiento de la guarnición.
La Ley de Prisiones de 1849 disponía que los castigados a cadena perpetua cumplieran su condena en la ciudad de Ceuta y otros presidios africanos menores. Todo esto cambia cuando en el año 1870 se crea el Penal del Hacho, concentrando en él a los incomunicados, los incorregibles y a los más peligrosos de aquellos que cumplían su condena en Ceuta y los presidios africanos, más los que trajeron de la península, convirtiéndose en el penal más duro y con peor fama de todo el sistema penitenciario español de la época.
Los presos estaban divididos en tres categorías: Políticos (de ultramar, principalmente cubanos y convictos de la península), Incorregibles y Forzados (destinados a trabajos de fortificación) y Militares (condenados por delitos militares). A finales del siglo XIX la población reclusa era de 754 presos que se encontraban alojados en cinco masificadas naves, cuya capacidad real era de 300.
Como Presidio pasa por diferentes vicisitudes, hasta que en 1910 se suprime el Penal de Ceuta siendo sus presos distribuidos por los diversos penales de la península. Hasta este momento la Fortaleza había funcionado en su doble cometido penal y militar. A partir de ese momento y hasta nuestros días vuelve a su cometido castrense original, que a su vez trae nuevos y vertiginosos cambios e innovaciones. Sin embargo aún permanecerá como Prisión Militar para Oficiales, Suboficiales y Tropa hasta que en 1979 son trasladados a Cádiz sus últimos “huéspedes” y en 1981 se suprime la Dirección y Administración de la Prisión Militar del Hacho.
En su cometido puramente militar, durante la segunda mitad del siglo XIX fue artillada con el material más moderno de la época: el Obús Plasencia mod. 1870 OHRS (Obús de Hierro Rayado Sunchado) de 210 mm. A principios del siglo XX es sustituido el anterior material por el Obús ORDOÑEZ mod. 1891 OHRS de 240 mm. al mismo tiempo que llega personal de otras Armas, tales como la Sección de Telegrafía Óptica del Batallón de Ingenieros de Tetuán en 1908 (más tarde entregada a la Comandancia de Artillería y convertida en Estación Meteorológica) o el Palomar Militar en 1910. En 1928, llega la luz eléctrica a la Fortaleza. También en 1928 se instala la primera centralita telefónica. En 1965 se disuelve el Regimiento Mixto de Artillería nº 8 y el Grupo Antiaéreo es trasladado a la Puntilla, con lo que en la Fortaleza solo queda la Batería de Costa K-3 y la Prisión Militar. En 1981 se traslada desde la Puntilla el Grupo de Artillería Antiaérea Ligera (GAAAL) del RAMIX-30. A partir de éste en 1985, se crea en el Hacho el Grupo de Artillería Antiaérea Ligera VI. Otra novedad es, la creación en ese mismo año de la Unidad de Servicios de Acuartelamiento (USAC). Las últimas innovaciones han consistido en un edificio de dos plantas para alojamiento de Tropa (1986); Talleres para vehículos (1992) y un Puesto de Mando fortificado para el Grupo de Costa (1995).
En la actualidad permanece acuartelado en su interior el Grupo Antiaéreo del RAMIX-30 que proporciona el “paraguas” antiaéreo a la ciudad de Ceuta y a las unidades allí acantonadas.

POESÍA: LA CONQUISTA DE LA LUNA

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Subía el Apolo por los cielos
y lo llevaba Jesús Hermida
casi pegado en el paladar donde las palabras toman cuerpo.

De siempre pensé
que aquello era un cuento
tan grande como el de Pinocho
o el de la Princesa de mis sueños
con zapatillas de cristal
y en su casa un barreño
con el cual sacar brillo al suelo.

Nunca me creí lo de la Luna
ni lo de aquello de unos astronautas rompiendo mis  sueños.

Malditos ellos
con aquellos trajes en una España
de estraperlo.

Recuerdo
una frase larga
pagada a no se que precio.

Lo recuerdo
tan lleno de lo impropio
que desprecio el momento
en que vi a la Luna como un terreno
conquistado por quienes solo ven en sus conquistas el color dorado, brillo del oro, que yo desprecio.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio


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