sábado, 4 de junio de 2016

POESÍA: PARA CUANDO LA LUZ AVANZA



Sobre la pared la luz del sol,
ella se plasma sobre la fachada,
recorre los poros
sin sensualidad humana
del cemento, de las persianas
y deposita la luz
de todas las madrugada
su aliento, su esperanza
en que el día no vuelva a las andadas
y termine como siempre siendo solo uno más en las páginas
de un calendario que avanza a trancas y barrancas

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESIA: ASCIENDE EL ASCENSOR MIENTRAS ME HAGO PREGUNTAS



¿Quizás el ascensor arrastra un alma herida
que se apea en el tercero,
que traga salvia,
que le da la vuelta a la llave
para encontrase la misma escena de todos los días,
las mismas preguntas,
la misma cama, el mismo diario encima de la silla,
la misma comida,
el mismo programa de noticias,
el mismo paquete de galletas, la misma tinta
con la que escribir esas cartas que después no tira?

Llega el ascensor con su rutina,
la de todos los días
con ellos y ellas
tocando casi a escondidas
la tecla del piso
y ya arriba,
la puerta se abre
i el solitario se encamina
a esa casa en la que guarda lo mejor de su vida,
palabras llenas de misterio
en una jaula encerradas con un poco de agua y de comida
para que no se muera la espera,
para que no se diga
que ella la soledad no estuvo jamás herida
en su ternura.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: EN LA MUERTE DE ELLOS

No vi más que montones de huesos
unos sobre otros,
todos ellos
confundidos en un mismo deseo
la vida en su último aliento
la muerte ya en ellos
avanzando por los nervios,
subiendo, bajando, cruzando el cuerpo.

Ya bajo el suelo,
la última gota de sangre
se sale del reguero
queda junto al cuerpo
esperando otros tiempos
y con ellos
la resurrección de los muertos.

Las hormigas se nutren de esos alimentos
abandonados junto al hormiguero
en tiempos de guerras a la postre como los sarmientos
de los que cuelgan racimos que nos comemos.

Bajo la tierra
el barro esculpe el contorno de los huesos,
se llena de ellos,
abrazo tierno
la tierra se convierte en parte de los cuerpos,
para cuando el tiempo
avanza, año tras años, trayendo,
el olvido de quienes nunca perdieron la esperanza en recuperar los restos
de ellos, alimento
de las hormigas, casi cemento
con el cual levantar rascacielos,
esos que lamen los labios de los astros en el espacio inquietos.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: DEL AMOR Y EL SUFRIMIENTO

Eso de la herida,
hablemos del sufrimiento,
de las alegrías compartidas,
de las penas
a poco que excavemos
en el interior de la herida
y saquemos
el mal que mata
para poner remedio
a la enfermedad y al sufrimiento.

Del amor tierno y de los besos,
caricias,
sentimientos,
sin mas adornos ni aderezos
que el desinterés  creciente y en ello
hablemos
de todo aquello
que nos une y dejemos, lo demás, para otros momentos.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: CORRIDA EN ALBACETE, SEIS TOROS EN ESTA POESÍA


No alabo las corridas
con la plaza llena
y sobre el tendido
las negras zapatillas
casi de puntillas,
la capa atrás y el torso de quien se juega la vida
como si fuera el de una mariposa en el aire buscando la mejor de las posturas

Se acerca el torero
y con la mano estirada cita.
Lagrimas en los madrigales
de una madre casi niña, la del toro, no se rían,
esperando ya con velos, caída hasta su sonrisa,
a que la tarde le traiga el sabor amargo de las margaritas
anunciando la muerte
de ese su hijo que hasta la plaza marchó para no salir ya de ella con vida.

Quieto en la arena al toro con la muleta se le cita
en mitad de la arena
el brazo indica
que llega el final de la tarde y que toca acabar con la vida
de ese astado negro, color de las aceitunas
que siente sobre su lomo la picadura
de la espada curva,
entrando entre las venas, hasta la empuñadura.

Mientras el toro muere, 
descabello en la misma arena de sangre teñida,
el tendido silba
pidiendo con ese descaro propio de nuestra incultura
la oreja con la que celebrar la buena faena del torero serio hasta la barbilla.

Hacia las tablas el torero se encamina,
procesión solemne en las dehesas de la vida 
seis campanadas que saben a agua podrida
se oyen caer desde las alturas
en una tarde de toros
en que uno se siente casi familia
de ese toro que ya muerto es arrastrado por las mulillas
camino del desolladero allí donde le quitarán la sangrienta camisa
a ese toro ya cadáver que ha pasado a mejor vida.  

Y continua la corrida.
y en Albacete se respiran
los calores con los que se nos invita
a seguir la faena de ese torero que se juega la vida,
la del toro segura
en esa su cita
para cuando el toro sale a la plaza
y el torero lo mira.

Bien saludado
entra el toro y suena la música
mientras la cuadrilla se dispone a guiar al toro hasta allí
donde el picador con su pica
parece salido de un libro de caballerías
en mitad de una tarde ya Don Quijote jurando alguna aventura.

Vienen las banderillas
postres en esta corrida
que al toro le saben a hiel segura
que el toro recibe sin gana alguna
pues ya la tarde lleva escrita la muerte, 
que se anuncia
a ritmo lento, al tragar la saliva.

Se frena el toro
y mira
quizás se pregunta
que hizo él para recibir ese tormento
y porque la música que siempre es de alegría
en el cielo retumba como si en vez de muerte fuera vida
lo que en la plaza se siente para cuando con engañosa postura se le cita.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio


POESÍA: DESPUÉS DE UNA SIESTA LA VIDA CONTINUA

La siesta me anima,
cae, se arremolina, turba. ella inquieta,
sombra, casi caritativa,
llena la estancia con su presencia a determinadas horas del día,
okupa, bendita,
nos remonta, en la criba
a lugares de otras vidas
en las que fuimos testigos de grandiosas aventuras.

Castiga, atonta, tanto de ella se diga,
en la tarde
con los calores tocando a la puerta para darnos su bienvenida
la siesta desde siempre es bien recibida
por su trato afable,
por su sonrisa desmedida,
por su vuelta diaria aunque tu no se lo digas.

No sabiendo donde habita
la tarde se viene desde siempre
hasta esos lugares de nuestras vidas
en que te dejas caer
y te olvidas
la memoria se queda entorno a ella casi frita
mientras el ronquido seco, silba,
en el paladar retumba
y por la comisura de  los labios sale cual sonido de ultratumba.

Duerme el pastor
mientras las ovejas se olvidan
de quien guiándolas por la vida
por unos minutos se llega hasta allí donde los prados se llenan de margaritas

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio 

POESÍA: DE LOS PUENTES DE LA VIDA

Y el puente
ya no será puente
convertido en astillas,
roto por fuera y por dentro argamasa de tierra dura
estéril en sus partos
ya no cruza
a la otra parte
ofreciendo su mano, ayuda,
ya no alcanza a ser al igual que el llanto, trás la melancolía
esplendor de una luna
tan cercana que si me apuran,
se podría colgar del techo, en la cúpula
en la que santos barones ofrecen sus sagradas escrituras.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: EL RÍO JÚCAR

No era chocolate, no lo era,
era agua, ella tan negra. poseída, tan ella
de la negror de las sustancias nocivas
que el río Júcar, moría
ya cerca de su desembocadura,
olvidado él,
así el viento me lo comunica
de la nitidez, transparencia absoluta,
que entre rocas y arenas venía cantando su música,
ronroneo, trino, quejidos, disputas,
en los remansos, pozas profundas
en las que habitan las truchas.

Y el río canta y con su caminar por la vida
cambia el contenido de su música,
allí donde era canción de cuna,
nació el río bravo de una panza oscura,
en la grieta profunda
y allí por la llanura se siente el río poeta y desafía con sus estrofas y rima
 a los ecos lejanos, truenos que animan las mañanas, tardes y noches de algunos días.

Y baja el Júcar
entre castillos, paredes de roca casi alpinas,
majadas, murallas desdentadas, pueblos de reía cultura
sonando a su música
robada a los pastores que se acercan hasta allí don el río ofrece tranquilidad absoluta
para bebe de sus aguas nítidas,
todavía el río se siente amo de su propia vida,
todavía, murmulla, oraciones ellas, tan antiguas,
que ya no se recuerdan por no haber quien se las sepa de carrerilla.

El río me anima a bajar con él sin prisas
parando en sus frondosas riberas,
disfrutando de sus vistas,
molinos de moliendas ya perdidas, chopos y olmos se juntan ante mi vista
para ya sin tardanza continuar con mi rutina
plasmando todo aquello con lo cual uno disfruta.

El río baja por los llanos y para cuando pide ayuda, el río con su soledad, el Júcar,
se vuelve triste y nos vomita
la tristeza que anida
en el interior de su seno,
que ya casi es del color del chocolate, para cuando su vida, en el mar Mediterraneo finaliza

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: NOCHE SE LLAMA SI ASÍ SE ESTIMA

En la noche tozuda
las sombras corren
a tu lado, ellas te indican
cual serenas,
cual tranquilas,
cual empañadas de caldo con su tinta,
la muerte del día
con su sonrisa.

Con la noche, se fue el día
resucitan los fantasmas,
las leyendas antiguas,
los cuentos de cabecera,
las risas de los tiernos años ya casi perdidas,
germinan, verbo por delante
así la mañana se anima,
en esa noche tan posesiva
los granos y las frutas
entre corrientes de aguas,
entre lluvias, calenturas,
fríos trinando escarchas,
nieves donde la blancura se sujeta a la tierra y habita
en las copas de los árboles, tejados, alturas, llanuras.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: TIERRA Y POESÍA

Mira y todo
de perfil el ojo y semblante,
la mirada tierna
ya caída
del cielo una estrella
esa que indica, las nubes ocultan,
su hermosura,
en el camino de regreso
antes de que el día
cambie por completo su fisonomía

Las huestes pasajeras,
todas ellas tan llenas de vida
en esa noche de conquistas,
de solo espacios,
solo curvas,
solo ejes viarios, vados, semáforos y puentes
con su arquitectura
útil y si se estima nueva o antigua,
dando paso a las diferentes culturas
que nos llegan en esta noche en que se cruzan
las miradas de quienes en un coche caminan
atropellando ideas que en su interior resucitan preguntas.

Poesía: José Vicente Navarro Rubio

miércoles, 1 de junio de 2016

POESÍA: A HOMERO CIEGO CASI DIVINO


No pasa el tren
la vía se la comió el último Diluvio
para cuando las aguas subidas en su tono musical grave y profundo
irrumpieron sin más avisos
que el sonido lleno de vida que trasmite la tierra sacudida por sus envestidas.

Quedó, así se me ha dicho que debe quedar escrito,
la estación vacía
con su luz de color rojo vivo avisando del peligro. por llegar,
sin hora precisa,
con sus sonidos extraños,
aleteo firme de las olas a través de los continentes y aguas marinas,
total así es la vida.

Corrió el agua a través de las zonas bajas
dejó su cauce, natural dominio,
del macho sobre la hembra,
de él sobre ella,
actitud negativista,
en la geografía de un terreno,
pechos de las mujeres que se sienten atrapadas por las ideas de otros,
sexo sin más esperma que el fabricado en las corrientes altas de las tierras cálidas.

Fue un abrazo tierno acompañado de su despedida
para cuando ella, la temible soledad que habita en las entrañas de las corrientes
subió hasta la superficie
para arroparse y llenarse de la vida exterior,
esa que  vive y viste de la luz terrible que nos da el sol miserable
que siempre llega tan potente como el caballo de Troya
lleno de crueles asesinos,
con sus lanzas, espadas y arcos a punto, ellos,
de ser utilizados en la conquista de esa mujer amable, acogedora y sencilla,
la ciudad,
con sus criaturas ajenas al quehacer diario de los astros
atrayendo tempestades que solo Homero,
poeta ciego que ladraba versos de amor incomprendidos
supo recitar antes de que la gran batalla sucediera
y de que ella la amada de los lectores de libros
volviera a los brazos  poderosos de su amado,
el guerrero que destruyó la ciudad asediada en nuestras noches de insomnio.

Es así como la noche,
ya casi día,
me trae esos sabores que solo los Dioses regalan a quienes despiertos inventan fábulas
que sacan de las entrañas de sus cerebros,
hornillo siempre preparado para hervir las ideas,
y darles ese punto justo de temperatura,
hervor necesario para  poder decir y clamar todo aquello que siendo latente
solo palpita para cuando el tren silba
y el farol rojo queda hipnotizado, por la Sibila Erithrea,
para dar paso en la vía al tren que llega con los últimos náufragos
de ese Diluvio inventado, por algún alquimista,
que ha hecho tan felices a tantos y tantos despiadados seres humanos,
en un principio adoradores de extraños símbolos
que cuelgan si en ello visitamos, las profundas simas de nuestra inteligencia.

Autor: Jose Vte Navarro Rubio

martes, 31 de mayo de 2016

POESÍA: DEL FINAL Y DEL PRINCIPIO


Pulsó la tecla, no era domingo,
sonó la campana,
escapó del nido 
el aguilucho
camino de las tierras libres de arbustos
donde las presas son víctimas propicias preparadas para el sacrificio.

En la casa reinaba un silencio atractivo
roto, por segundos, 
por el estallido de la gota de agua que caía del grifo,
el sifón, el murmullo
del aire carcomido de besos y estornudos.

Sobre la estantería libros
unos con otros tan juntos
que los poemas viven historias macabras, cuentos de niños, 
partituras de excéntricos músicos
y epopeyas fantásticas, homéricos sucesos de héroes defendiendo a la amada de turno.

La lampara sin luz
estrangula los gritos
que llegan hasta la cama donde nos sentimos seguros,
el tiempo nos hace testigos
de lo que fuimos
y nos prepara para el tiempo ese que se adivina en el espejo en el que se mira uno.

Quizás el destino
esté escrito
y sirva de poco gastar aliento y tiempo, sacrificios,
en todo aquello que solo es como el humo,
antes llama,
antes tarugo,
antes árbol con frutos,
antes simiente,
antes, la nada en los principios
de la vida sobre la tierra, paraíso.

Autor: José Vte Navarro Rubio

POESÍA: DANDO PASO A LOS POEMAS DE UN LIBRO


Volvió la tarde
migas de pan en el hormiguero del mundo
apaciblemente me distraigo mientras giran las saetas del reloj
marcando minutos y segundos.

Creo que la tarde trae el perfume escondido
en el hueco de una pared
a la que yo acudía de niño
a lamentarme por no poder coger la pelota perdida en el tejano continuo.

Me siento a gusto
con lo que hago
poco o mucho,
vacío inmenso el que se respira, tranquilo,
anda mi espíritu
remontando los años
hasta llegar a ese punto
en que las canas marcan otros caminos,
los de la madurez, como el buen vino,
la de la sensatez, como si fuera uno un buen discípulo
de aquel juez que antepuso
la razón a la norma, el muy astuto.

Perdí el libro
con los últimos poemas
aquellos escritos
con el corazón que en todo es de nosotros nuestro mejor amigo.
y la tarde se vino
con nuevos poemas escritos
con el mismo cariño,
de tal forma la tarde cae y ese silencio del día
anunciando la muerte de su mejor amiga, la luz de ello testigo,
me lleva, entre simientes de trigo
al regazo de una madre que en todo siempre soñó con que los suyos
fueran los mejores de todos los hijos
de las madres del mundo.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

lunes, 30 de mayo de 2016

POESÍA: EL INTERMEDIO EN UN LUNES INSÍPIDO


Si te digo que me fui
miento
continuo en mi sitio
el ordenador sobre las piernas
y el teclado diminuto
sintiendo la presión de mis dedos
cuando se dejan caer sobre el certero enemigo
que le roba las horas y minutos
de las tardes y noches perfumadas con olores que me saben a domingos

En la sala adornada con cuadros
pintados, casi al estuco,
dos columnas se elevan sobre el cielo
con la  idea de servir de soporte al techo por la escayola escondido
del cual cuelga una lampara, casi hornillo
de luz difusa que se expande sin rumbo fijo
por allí donde puede, por allí donde encuentra ese sitio
donde dormir los sueños que le roba el ladrido
del perro que se siente a los pies de su amo
su mejor amigo.

Anuncia la televisión
mil anuncios
mientras el Intermedio golpea, 
con la agudeza del buen maestro en fabricar tornillos
a los políticos
sean los que sean
en esta noche son todos sus enemigos,
por lo que dicen y lo que no hacen,
por sus engaños continuos
a los españoles insípidos 
como las sandias cogidas antes de que la madurez inunde su organismo.

Un ramo de flores secas
es el tributo
que se paga
en esos momentos justos
en que se cortan del tronco que les dio la vida
para dormir en su retiro
una vejez seca, como la tos de un tísico.

Se oyen aplausos
y el taquillazo encuentra su sitio
con Caperucita Roja
mientras oigo a disgusto
la voz de un expresidente de gobierno
arrullo
pidiendo, fuera de sitio ahora 
todo aquello de lo cual el hizo un bulto
que arrojó a la corriente de un caudaloso río 

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: EL LOBO Y ESE PERVERSO ENEMIGO QUE LO EXHIBIÓ

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Vio la muerte, la sintió,
entorno a su cuerpo enlazando el espacio,
notó la pesadez de la sinrazón
del que se siente atraído por su desesperación.

Fue su última expresión,
el quejido, ronquido
del lobo que murió
en el engaño cruel
del taimado ladrón,
golpe certero de bala,,
a través del cañón
esta silbó 
hasta hacer añicos el corazón
del lobo de la montaña,
lobo que pasó
por la historia de nuestras vidas
antes de caer, golpe sobre el suelo,
dolor,
que se propaga sobre la agreste cima, 
donde la lobera por esta noche es un parador
de lamentos y gruñidos por el patriarca que no regresó

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

domingo, 29 de mayo de 2016

POESÍA: POR LA CALLE DE LAS CRUCES DE DOLOR EN DOLOR

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No es este mi tiempo,
ni aquellos los fueron 
ni otros
tampoco serán,
mejor
comenzar hablando de aquello que pasó,
los días como aliados,
ellos entorno a un pueblo con su dolor

Los veranos girando,
las estaciones, los meses, 12, solo 12, desde enero a diciembre,
invierno tras invierno
guardando en lo más profundo del corazón
la llegada de la estación del amor.

¡Padre, madre! ¿Qué pasó?
Sobre la ciudad la tormenta dejó
las vidas anegadas, el dolor,
de aquello que atrás se quedó.

¡Qué daría yo
por volver al pasado,
al instante mismo!

¿Que daría yo?

En estos versos se encierra, quizás llegó,
el momento justo
en la maquinaria del reloj
para volver a ser
el niño que con el gato jugó
a hacer rodar el ovillo
de su vida que giro
paso a paso, empujón a empujón
desde la gatera hasta la misma calle y cruzó
el manantial de la vida
y se embulló como el vino de su alcohol, 
del perfume de las rosas que en el jardín de Hespérides encontró.  

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

POESÍA: EN PINAREJO, EN LA CALLE DEL TESILLO OÍ ESTA ORACIÓN



¿Quien sabe el por qué de aquella oración?

¡Tan poco que pedir,
tan poco,
en la Casa del Señor!

¿Quién sabe si escuchaba el Señor?

¿Quién sabe si alguna vez en aquella casa, 
la suya, 
habitó?

¿Quién sabe si aquel pueblo era el suyo?

 ¿Quién sabe...?

Por la calle del Tesillo
transcurría la pasión
de ellas las madres y abuelas
rezando, mascullando palabras de amor. 
Los rezos ablandan el corazón
desde siempre al Señor.

Olor a sacristía,
olor a cirio, cera quemada, olor a sudor,
en los bancos de madera,
el pino maduró
al igual que la fruta
saca su color
ese que cura el dolor.

Santa Águeda
mira,
con ese su corazón
del que todas dicen que está lleno de amor.

Ellas miran,
piden,
es su razón,
la de mujeres que buscan en el lugar donde siempre la justicia reino
ese Rey de los cielos,
esa Reina que reinó 
sobre los altos cielos al igual que su Hijo que en la cruz murió.

Por la calle del Tesillo,
la Nueva más abajo se quedó
se oye: "Escúchame Señor, yo lo doy todo, lo mío solo es amor"

Te suplicó Señor
por todo lo que nos das,
la pobreza como Don
y la sabiduría que solo habita en las moradas interiores del corazón,
esa que nos llega con su paz interior
hasta allí donde la tierra y el hombre se unen en perpetua comunión.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio



POESÍA: ALGUIEN ENCONTRÓ EN PINAREJO RECUERDOS OLVIDADOS DENTRO DE UN CATECISMO



Ser cual lo dicho el campesino,
labrador de lunes
a domingo,
remontando todos los caminos
hasta llegar,
la copa llena de vino, 
al casino.

La oscuridad arremolinada entorno a uno,
la plaza distante,
el precipicio 
de las dudas
y el principio
en que uno deja de creer
en todo aquello que le hacia fuerte ante el peligro.

El pueblo esclavo desde sus principios
saliendo
con rumbo solo conocido
por la razón de quien se siente el elegido.

Remontan las hijas y los hijos
la cuesta, el llano,
las últimas casas, los corrales derruidos
para irse lejos,
Dios cerró la mano y enseñó su puño,
estrujó las paginas y escribió principios
que un Dictador convirtió en Edictos.

El castillo
con sus aguiluchos,
la chimenea de la alberca
en el Charcón con su nido
y pía que pía
el hambre se escupe por un tubo
que lanza al aire guachos de color pardo obscuro.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: DE UNAS ELECCIONES QUE SE APROXIMAN

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Aquí comienza la aventura,
esa historia,
casi mentira
de unas elecciones que se repiten
¿en mi que buscan?
si ya les di
ese trozo de papel en el que se citan
los nombres de una lista.

¿En mi que buscan?

Les dí lo que querían
y como si fueran extrañas criaturas
se han dedicado
en tiempos de estrechuras
a desenterrar muertos que yo ya tenía por olvidados en sus sepulturas.

La cal en labios de quien todo lo cuestiona, 
así respira,
acaba con esa aventura
de tu y yo
contra todo aquello que en las plazas se recitaba, versos en cursiva,
de una marea que escribía poemas que solo hablaban de lucha.

En mi quedan todavía muchas preguntas,
conforme se llega a ese día
en que de las urnas
tiene que salir un resultado,
así salieron la Santa María, La Pinta y la Niña
al encuentro de una gran aventura
en un Nuevo Mundo que en el Viejo se desconocía.

Vi las lagrimas,
la entrega se intuía factible, era una teoría,
la vieja izquierda unida
entorno, se intuía, 
de todo aquello que hacia falta para llegar a ser una nueva estrella, con luz propia, 
con renovada vida.

El orden de los factores
así es la suma
da el mismo resultado
sea cual sea
lo que se nos diga.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio



POESÍA: POR EL PATRAIX DE OTROS DÍAS


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Que esperas de ese día, momento,
transmisor de ideas en el banquete de las estériles preguntas,
en que los manjares, viandas, bebidas, se apiñan,
como el viento caliente en las laderas de las montañas, 
buscando las cimas doradas con alpinistas.

Cae la veraz idea, cae la tarde, que se ve tras unas cortinas
que dan, todo en la vida da a un parque en el que se arremolinan
los elementos primarios, casi a gatas se consigue lo que uno busca.

La vida
que se eleva,
la vida que se trasmite a través del verbo, a través de las páginas en las que cohabitan frases
y más frases
que a poco que se analizan
nos llevan en estas horas ya de siesta en algunas latitudes conocidas
como a Cervantes su Quijote le llevó a través de sus aventuras,
de puerto en puerto, 
de pizarra en pizarra, 
de cátedra en cátedra, 
de gusto a las buenas comidas,
de una mesa servida
con las ganas y empeño que ponen en ello los buenos artistas.

Por aquí hubo una acequia, se aparta la silla
y corre el agua ligera de equipaje y a sus lados germinan
los granos que traen sabores con que condimentar la comida.

Y alargas la mano y te vas a una niñez pintada con purpurina
en los lagrimales de los ojos
corriente viva
de unas lágrimas que nos llevan, a mi me sobran mares y playas de piedras desnudas
en los que navegar, en naves casi ocultas
a los cuatro vientos
norte y sur, este y oeste, entre ponientes y mareas, entre silencios y dudas
que ahora se abren en simas profundas,
abismales destinos a los que iremos a poco que nos apartemos de la mundanal rutina.

Hubo por aquellos prados cubiertas de hierba en el que vivían las musas,
el hombre del saco, Caperucita, Purgarcito
y un sinfín de amigos y amigas, sacados de las cuevas oscuras,
de los campos donde maduran las frutas del deseo ese que resucita
a poco que uno se sienta atraído por la chispa de la vida.

Tiempo corto y más la despedida
cada uno a lo suyo,
a ello se marchan las ideas sin dejar la más mínima astilla, ni llama, ni brasa, ni cenizas,
para cuando la tarde cae
y ese parque, campo de flores en otros días
se llena de gritos y de carreras, tras cada cada cual a lo suyo resucita
esa alma perdida
que en la senda que llena de años la vida de las criaturas
vuelve a los principios, aquellos de otros días
en que por las acequias corría ese agua tranquila que venía a ser como la excelente comida
el único regalo con que jugar a ser el joven que a todo le anteponía
sus correspondientes dudas.

Autor: José Vicente Navarro Rubio
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