jueves, 20 de abril de 2017

POESÍA: A UN RÍO JÚCAR QUE EN EL MEDITERRANEO MUERE

Al pasar cerca del río Júcar uno ve como sus aguas corren,
manantial de ideas su corriente
estas mueren donde se juntan sin más
dos pasiones,
la del mar desde siempre batiendo las costas
y la del río incansable en su empeño de llegar vivo a su encuentro con la muerte.

En el trayecto del coche por la carretera camino de Cullera
se adivina el cauce
de ese río Júcar tan atrayente
desde su nacimiento en un lugar agreste
hasta su ocaso
en la llanura dominante
cerca de una Albufera, con sus campos de arrozales.

Baja lentamente,
medio dormido,
parece ausente
si no fuera
por esos misterios de la vida,
por esas preguntas incesantes,
¿A qué vienes?

Las copas de los chopos,
el enredo de las ramas de los sauces,
entre falacias y cañaverales,
aguas pesadas de plomo, hierro, nÍquel, bacterias y suciedades
vaga el río y se deshace
como los pétalos de una margarita muerta
en un sucio estanque.

En la primavera tu tez
parece
el pelo salvaje
de un animal abatido
en uno de esos lodazales
que sirven de paraíso
a las aves libres que se escapan de los espacios naturales
donde mueren
entre sorteos y pujas de quienes al campo salen con sus escopetas como único equipaje.

No duerme el Júcar y en sus soledades
sin más cánticos
y sin más coraje
que el que pone el mismo río
cuando ante él con preguntas te abres,
el río cuenta a través de las páginas de su vida que nos sirven de escaparate
que nunca fue menos querido,
que nunca el hombre
quiso saber menos de él
y que por eso en lloros se deshace
ya olvidado
y todavía en su seno latentes
todos los venenos con los que el ser humano cimienta su culto incesante
hacia el consumismo, padre,
de la destrucción del planeta, que nos sirve de ejemplo detestable
de lo que somos sin necesidad de que nadie nos empuje al desastre.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

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