sábado, 21 de junio de 2014

POESÍA: LA VIDA ES UN CUENTO



Me entretengo,
Papá,
dame la mano que tengo miedo,
leyendo a Leopoldo María Panero,
y esperando una aspirina
con la cual volver a levantar vuelo
antes de irme a la cama por esta noche de tantos truenos entorno a los mismos cuentos.
Salgo a la calle
para oír mejor esas voces que vienen de lejos
y me encuentro
con un escaparate repleto
de todo aquello que para mi no quiero.

Leo
que el ejercito más grande del mundo
lo forman los pobres,
los desesperados y los enfermos
y me le creo
y me siento
capitán general de ese ejercito
sin mando preciso,
sin más armas que su miedo y desespero
y con solo una hoja de ruta
que se acuerden de ellos
los poderes políticos sin necesidad de más revuelo.

Oigo entre sobresaltos pasajeros
la voz de Jaime Gilde Biedma
y aquello
de nosotros, los de entonces,
ya no somos los mismos
y ya no soñamos con la revolución
y esto
claro que me da, repito, mucho miedo.

El castigo es hacernos mayores
y haber perdido en este ascenso
las posibilidades de aspirar a conquistar los paraísos de los sueños eternos.
y el peor castigo
el silencio
que nos imponen desde fuera
y que nosotros nos reconocemos cuando nos vemos delante de un espejo
y nos contemplamos verdaderamente como somos
por dentro.

El hombre mira el universo
y de él
se quiere llevar
todo aquello
que no encuentra en sus círculos más directos.
Ve el hambre que corroe a los pobres por dentro.
Ve el infierno dentro de una casa con una familia viviendo dentro
con la poca ayuda de sus amigos más directos.
Ve a una mujer maltratada y a él,
 poseso de un duende que le mata los sentimientos,
sacando pecho.
Ve el alma que se le quiebra a una madre sin leche ya en el pecho.

¿Usted conoce la riqueza del tiempo?
¿Qué es eso?
El tiempo es un misterio,
es un segundo,
es una vida,
es ese momento
en que alguien te hace feliz
y los espíritus de todos los que ven el mundo de forma diferentes a como tu la ves
llegan hasta ti
para darte fuerza y recordarte que la vida no es un cuento
dicho por alguien que te mira por recelo. 

El peor terror
lo digo sin despecho
es estar sin palabras frente al mundo
así nos lo recuerda Leopoldo María Panero
y para ser más concretos
el no morir nunca con los pantalones bajados hasta más allá de donde se puede ver tu sexo.

Humea el orgullo en la calle,
en un hornillo se cuecen los despechos
y tú y yo y ellos y todos juntos nos crecemos
ante la nada
en medio de falacias
y como decía Mallarme:
Letra contra letra, invirtiendo al cielo.

Autor: José Vicente Navarro Rubio





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