Puede ser que a las tantas surjan preguntas y puede ser que no esté ya quien ostenta el rasgo de observador que se sienta en el poyo de la puerta para ver pasar el tiempo en el reloj de la de la torre de la iglesia.
Arrecia la tormenta, no de arena, no de agua, no de penas, fue un colapso producido por manejar palabras excéntricas, algo parecido a cuando se llena una olla de aceite y se mete en ella un sardina fresca
Caza continuas y hambrunas se ven en esas selvas de la vida, donde las hormigas guerreras montan sus campamentos a base de poner en aprietos al resto de apetitosas criaturas. Por allí vivares tan espesos como la nata batida y en el fondo el corazón que palpita de la madre tierra dando cobijo a sus criaturas. Autor: José Vicente Navarro Rubio