EL TIEMPO TODO LO CURA
Y volveremos sin duda,
ya en forma
de chaparros,
ya en forma
de revoltosas golondrinas,
ya en forma
de simientes de ababoles,
ya en forma
de granos de trigo
que se trillan.
El tiempo que todo lo cura
nos devolverá para correr
por la Solanilla
y lo hará
para esos días,
en que bajo las paredes
de un castillo
pensando en lo que fue
nuestras vidas,
quizás nos preguntemos
y digamos
que fue de nosotros
y el por qué
siempre volvemos
al mismo punto de partida.
Por allí el pueblo;
por allí los amigos;
por allí la familia;
ya nada somos
y en la despedida
si abrimos los ojos
y miramos
hacia arriba,
quizás una estrella
de esas perdidas
nos lleve de calle en calle,
de casa en casa,
de hoja de olmo,
a sarmiento,
y de allí
a ser en las noches frías
huesos duros de aceitunas.
Corazones de acero
los de aquellos
que nos miran,
fue hermética su armadura,
grande su cariño,
ellos dejaron
sobre la tierra dura,
aquello que nos hace,
si se puede más todavía,
ser hijas e hijos de un pueblo
construido a base de tesón
y de amor,
de lágrimas
y pobreza,
de esa que dignifica.
Autor: José Vicente Navarro Rubio