Cada ventana lleva a un sitio
y cada sitio cambia de lugar
en función de como se mira
y de lo que de él se espera.
Ahora el paisaje es sobrio,
las paredes de los edificios
se muestran
con colores que van
del beis al marrón,
blancos y suaves tonos
entre ellos se muestran
y se lo que pasa
para cuando la lluvia llega
y ese paisaje se ve alborotado
por millares de apagadas chispas
que caen desde las nubes
que desconsoladas lloran
como el niño que espera
comerse una piruleta que desea
y está ni le llega ni se espera.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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