
Sola está,
la casa con su porche.
Su presencia basta
en este lento regreso
por esta calle
tan colmada de historia
para sentirme feliz
y ante las numerosas dudas
nace la pregunta incierta
¿como sería el Castillo de Garcimuñoz
por aquellos días
en que Don Juan Manuel
deambularía por su villa
a lomos de buen rocín
camino de su palacio señorial?
No hay respuesta.
Aguantan las viejas vigas
y artesonado de madera
su pesada cruz
de ser
soporte y alma de la vivienda
y solo ella
en una calle tamizada por el tiempo
nos embriaga de nostalgias
al paso que nos cruzamos
con silencios
cargados de tristezas
que nos dan los buenos días.
Autor: José Vte. Navarro Rubio
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