
Luce el cielo
en un día de desesperos
cortinas de humo ceniciento
que se abren y cierran
al paso del impertinente viento.
Aún a lo lejos
el castillo se muestra
tal y como lo parieron
fuerte y corpulento.
Su vida es simple
y como piedra que no siente
la muerde el viento.
No le queda otro remedio
que aguantar los envites del tiempo.
Autor: José Vte. Navarro Rubio
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