La Santa Cara, la Verónica y el Diablo que hasta ella llegó
para habitar en una cueva
como si fuera parte del peñón.
Y eso que la calle sigue su ascensión
hasta llegar a la del castillo donde pega un parón
por miedo a que se diga
que tiene la cara más dura que el hormigón.
Ya en la calle
se me ocurrió
mirar el reloj
y por todo vi,
solo así aprendí la lección,
que el tiempo solo importa si te tomas la vida con pasión.
Por Dios
digo yo
que entre caras y faces y algún que otro santo repartiendo a espuertas perdones y alguna que otra oración
me despido por esta y quedo hasta la próxima ocasión.
Autor: José Vte. Navarro Rubio
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