Me llega el canto en esta madrugada
de un ave libre que entre las ramas de un árbol ejerce de compositor de melodías bellas.
Anida el ave
junto a una colonia entera
en las ramas de los árboles de una avenida que cruza
al igual que el cielo un rayo o una cometa
el pueblo en el que vivo y en el cual esas aves tienen su hogar con vistas a nuestras viviendas.
Aves negras llegan
por las noches ya sean frías, calientes, de verano, otoño, invierno o primavera
y se aposentan
allí donde encuentran sitio y allí donde sus instintos les dicen que esa es su casa
y de ella
no les desaloja nadie que no sea
otra ave rapaz con instintos criminales entre ceja y ceja.
El ave no sabe
que a estas horas de la mañana
hay alguien cerca que por el vela.
Para y cesa
el canto del ave en mi mente prisionera
pues la mañana trae,
más que fríos, sinsabores,
y por ello,
no me cabe otra respuesta,
el ave vuela
a la búsqueda de nuevos espacios
y de una buena y surtida despensa
con la cual saciar su apetito
de aceitunas negras y bien secas.
Autor: José Vte. Navarro Rubio
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