Me paseo y planeo en este sábado preciso
por la ciudad de los rascacielos
en los que un poeta español,
Federico Garcia Lorca, estuvo,
hace de esto, casi ya, un siglo,
para lanzar su lamento
con sangre escrito
en un libro de título Poetas en Nueva York
y en el ombligo de ese mundo,
ganado con 24 dolares malditos
a unos indios y nativo salgonquinos e iroqueses
que con canoas bajaban por su río
y entre los altos árboles y tierras
se creían los amos
de lo que después ese paraíso fue convertido,
Nueva York me parece,
con sus letreros luminosos tan grandes
que uno se siente diminuto
y con riadas de hombres y mujeres salidos
de las catacumbas de los edificios,
un gran cuento Chino.
La ciudad se mueve por mi cuerpo
y tira de mis dedos
ya sobre el teclado de un ordenador vencidos
y en estos minutos
uno recuerda el horror de unos aviones incrustados en lo más alto de unas torres gemelas
del World Trade Center infinito
y vive ya pasados los años recordando como la barbarie del ser humano
no conoce de sentimiento alguno.
Autor: José Vte. Navarro Rubio
Nueva York me parece,
con sus letreros luminosos tan grandes
que uno se siente diminuto
y con riadas de hombres y mujeres salidos
de las catacumbas de los edificios,
un gran cuento Chino.
La ciudad se mueve por mi cuerpo
y tira de mis dedos
ya sobre el teclado de un ordenador vencidos
y en estos minutos
uno recuerda el horror de unos aviones incrustados en lo más alto de unas torres gemelas
del World Trade Center infinito
y vive ya pasados los años recordando como la barbarie del ser humano
no conoce de sentimiento alguno.
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