Si el Lazarillo de Tormes
viviera en este siglo
sería algo más
que un pobre mendigo
pues no le hubiera faltado momento
para con su picaresca
hacerse rico
y si en eso de venir
lo hubiera hecho la Regenta
seguro que habría lanzado los velos al aire
y se habría ido
detrás de algún bailador de flamenco
por los tablaos del mundo.
Todo en nuestra historia tiene su sitio
desde Rinconete y Cortadillo
al mismísimo Sancho Panzo
siempre a lomos de borriquillo
y si en esto nos aparece
algún iluminado de turno
ya sea santo o santa,
como Santo Tomás de Aquino
o Santa Teresa de Jesús
siempre en extasis propio de su misticismo
tengan por seguro
que en esta España y en este siglo
hubieran hecho oficio.
En España los tenemos
en eso de escribir
y escurrir el bulto
tan maduros
como Camilo José Cela
que renunció estando vivo
a todo lo que oliera a casa y terruño.
Cada cual en su sitio
viven en nosotros mismos
desde los alegres trovadores
lanzado serenatas
en los fosos de un castillo
hasta los muy románticos
y atrevidos poetas enamorados
que escalaban muros,
pero si de verdad me acuerdo de alguno
es de ese Valle Inclán,
manco, terco y casi ciego de espíritu
que escribía como los jesuitas
el muy tuno, parar leerse el y alguno
de aquellos que pasaban las horas tomando café
y fumando puros.
De Don Ortega y Gasset digo
que con él
me hice tan diestro en eso de cerrar
sin leer sus libros
que todavía me pregunto
por qué atino a hablar de la Rebelión de las Masas
sin que nadie noté que no leí el libro
y en esto de escribir
como digo lo oportuno
me voy como mosca que busca azúcar
con la cual aliviar su apetito
a hablar de esos vanguardiastas
que sin llegarse a pegar tiros
pelaron el culo
a la mitad de España y de los Cabildos.
¿Claro que se de lo que les hablo?
¿Acaso piensan que escurro el bulto?
Ni lo piensen un segundo
Autor: José Vte. Navarro Rubio
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