La alcoba vacía y la dama desnuda,
solo ella entre risas presumía,
en aquella habitación
con vistas a una calle sin salida,
de lo que el rey y la reina le debían
por haberse comido una peonada de fichas
y haber enviado a la sepultura
a toda una corte real
con sus caballos y torres, incluídas.
Autor: Jose Vicente Navarro Rubio
No hay comentarios :
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.