lunes, 17 de agosto de 2015

DE AQUEL RAYO QUE ENTRÓ POR UNA CHIMENEA EN LAS PEDROÑERAS Y DE LO QUE SE CUENTA AQUÍ

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Lo que vamos a contar de  Las Pedroñeras, villa de postín,
vino exactamente a ocurrir
un día 4 de abril,
de un año 1887, que se viene a recordar por aquí
por lo mucho que se habló de ello,
dicen que hasta en París.

Todo vino a suceder
de la forma que se viene a describir
en lo que pueden leer a continuación
solo con abrir los ojos y decir:
Si he llegado hasta donde las letras se leen con ayuda de un candil
que menos que continuar hasta poner fin
al relato que la diosa  fortuna me ofrece en este día del mes de abril.

La hora precisa no la puedo definir,
ahora bien
grandes truenos y relámpagos
se vieron, casi mil,
y de ellos dos, ninguno de ellos era de allí,
cayeron para más decir
sobre el campanario y chimenea de un buen hombre
de esos que llevan el Don solo por decir
que son doctos en letras y estudiaron en Madrid.

Vino el rayo a entrar, nadie lo vio salir,
por una chimenea
y todo lo que va a pillar lo va a convertir
del tamaño de una cabeza de ajos morados a punto de servir.

Dice el dueño de la casa
un tal Don Francisco de San Marcos
que las paredes casi se van a venir abajo en un tris
y que en el reloj de pared su cuco no paraba de decir:
¡Qué vengan corriendo a por mí!

Solo se salvó
¡que cosas suelen ocurrir!
un retrato de la República
que Don Francisco va a recibir
de la Dirección del diario El Motín.

Padre e hijo, junto a la chimenea estaban,
uno tan feliz
y el otro,
el padre,
pendiente de lo que podía ocurrir.
Por eso, que siempre es así,
que la voz de la experiencia vale más que un buen botín,
el padre al hijo le va a advertir
del peligro que corrían si se quedaban sentados allí,
junto a la chimenea removiendo la lumbre para guisar alguna perdiz.

Lo bien cierto es,
así el cronista lo viene a escribir,
que si padre e hijo hubieran sido carlistas de gorra y mandil
seguro que junto a la chimenea se hubieran quedado rezando un gloria
a Ti, Señor que te vi.
y sin más decir el rayo los hubiera convertido en habitantes de otro país.

La culpa la tuvo,
en ello alguien pensó  que lo mejor era repartir,
las manos gloriosas de Mendizabal
y para que vean como la historia no termina aquí,
también su nieto Juanín,
por presidir el pueblo y tener retratos que de los rayos solían huir.

Piden los republicanos, todo sea por pedir,
por el milagro de Las Pedroñeras,
la canonización del retrato de La República y a este solo fin
se invita a un redactor del Diario El Motín
por ser autores del retrato y del milagro de Las Pedroñeras,
uno entre mil.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

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