Risotto de luz,
cascada,
de clarores,
menguantes sombras apaciguadas
que caen
entre sonrisas de hadas
sobre una fachada.
La cortina de tela blanca
moviéndose entre carcajadas
del viento de levante
que le pega de lleno en su cara,
cual doncella
enamorada
la cortina se siente estimada
por poder desempeñar sin necesidad de tener alas
ese papel para el cual fue diseñada.
Al rissoto le falta
la voz pausada
de ese mesías de la política
que nos avanza
grandes bonanzas.
Entre iluminados el mundo marcha,
no hace falta,
más que oír, con calma,
a los políticos justificar la corrupción que les alcanza
con aquello de que esta forma de la naturaleza humana.
Autor: Jose Vicente Navarro Rubio
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