Llega la noche
y la luz, resplandor, blanco,
se convierte en un regalo
que ilumina un crudo escenario
en el que las bestias desafían a quienes se echan en sus brazos.
Las lámparas de petroleo revestían los cuerpos de duro estaño,
tan
aquellos tiempos lejanos,
en que lo bello y la oscuridad eran como un milagro
en los monasterios sagrados de Osaka y Kyoto en un Oriente con olor a Sushi y salmón ahumado.
Autor: José Vte. Navarro Rubio
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