
No hay más guerras
que la de uno
consigo mismo,
con el destino,
ya el tiempo lleno,
quizás,
tal vez,
oído,
vacío.
Queda,
así,
todo lleva
por el mismo camino,
las canteras,
el tiempo justo,
como si nada hubiera
más allá de la visión de uno
que los campos rebosantes de espigas,
que los montes casi perpetuos amigos
con sus chaparros, arbustos,
madre tierra
origen de la vida de uno
Autor: Jose Vte. Navarro Rubio
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