No eran las horas lentas,
ni el camina ligero,
ni la tarde bella,
era la calina,
era el verano traído a estas cuentas
el que se alzaba
y con su presencia en Cullera
nos recordaba lo mucho que se aprecia
el otoño con no más virulencia que el sonido de una orquesta
llamando a fiestas.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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