¡Ay!
que poeta como este
no los da más Dios,
¡Ay!
que no hay dos,
ni agua en el cántaro,
solo balas en el tambor,
en el peine,
en la recamara de un fusil ametrallador.
¡Ay,!
¿Qué pasó?
Que lo mataron,
Judas, ellos,
que lo vendieron
a la sazón,
que no,
no tengan ellos,
si existe Dios,
de él,
perdón.
¡Ay Granada
que hermosura,
que negror,
para cuando la luz se apaga
porque se paró el corazón!
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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