Adusto parecía
y tan llevado de guardar
sus apariencias
y orden,
que en nada presumia
y solo se veían sonrisas,
tiernas,
y leves,
para las primaveras floridas
en las que que reia
hasta el aire.
Ya los campos de trigo
verdes
hacían reverencias
todos a favor del viento,
que por aquellos lugares
cuando mueve
hace que giren los molinos,
y en los enamorados sus corazones.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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