Romeros, romerillos,
a tientas
el poeta jugaba,
se sabia víctima
de las rimas,
chocaba
con el vaiven
de las cañas
del viejo cañar
donde el junglar cantaba,
a su amor querido,
aquel que desde una torre
su prenda más querida le lanzaba.
a tientas
el poeta jugaba,
se sabia víctima
de las rimas,
chocaba
con el vaiven
de las cañas
del viejo cañar
donde el junglar cantaba,
a su amor querido,
aquel que desde una torre
su prenda más querida le lanzaba.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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