Es un carro sobre dos ruedas,
no una galera,
el que sigue presidiendo
los paisajes que llevan
a una España tercermundista,
en la que los arrieros
con sus mulas atravesaban puertos y veredas,
para llegar hasta allí donde una posada era
el alto en el camino
antes de seguir la estela
de un comercio que llegaba
hasta las más remotas aldeas.
Por allí botijos y esteras,
por allí fajas
y todo tipo de productos
de una economía de trueque
en una época en que solo se perseguía
la supervivencia.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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