Duele y prevalece
el dolor por la muerte
de los seres queridos.
Es un dolor aguantable
y continuo,
silencioso y aspero,
se abre a ciegas camino
y sale por donde no se le espera,
es fuego que quema allí donde
más aflicción sentimos,
un llanto que no se ve
es el que se siente, no hay alivio,
la muerte es el único antídoto
que pone fin a las penas y gozos
del tran traido y nombrado espíritu.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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