Y en el segundo cierto
de lo imposible,
el reloj no existe,
su maquinaria quieta
permanece,
la dura realidad
de la vida
lleva a deshacerse
del poeta
que ejerce y manda
sobre los poemas
que dócilmente le obedecen.
Y así se cumple un ciclo,
una primavera se muere,
un otoño renace
y un verano e invierno
miran insensibles,
pues saben y es cierto
que siempre salen invictos
de las batallas en las que participan
y que la historia oculta
para que nadie se acomode,
al hecho de vivir alegremente
sin respetar los calendarios solares.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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