No sé
el por qué
me oigo
y me digo,
el por qué
me volteo,
no sé
por qué
me explico.
el por qué
me oigo
y me digo,
el por qué
me volteo,
no sé
por qué
me explico.
Sé que soy yo,
que me leo
y escribo,
me se sujeto
como los mochuelos
a la rama más alta
de un olivo.
Me oigo
Y me desdigo,
me se yo,
lloro y amo
y me cuesta creer
que en mi
siendo olivo,
haya algo
de sauce o de pino.
¿ Qué sé?
¿ Qué me digo?
Escribo y escribo
hasta allì donde
se cansa uno
de ir más allá,
por aquello del miedo que hay
al infinito.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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