Rebobinamos
y volvemos al origen
de lo que el poeta pensaba,
antes de lanzarse
a eso de componer
una oda
al agua
y en eso que piensa
y en eso que se estruja
hasta las entrañas,
mira el poeta por la ventana
y ve el suelo mojado
y contrasta que lo que el iba a escribir
y lo que observaba
no se parecían en nada.
Es por eso que el poeta se deja la oda
aparcada
y por de pronto escribe,
y es verdad que llovía
y que el poeta observaba,
y es verdad que el agua se infiltraba
a través de una rendija
que en la pared señalaba
el principio del declive de una casa.
¡Oh agua!
¡Oh desventura!
¡Oh que tristeza empaña
los cristales de las gafas
para leer de cerca
que me a mi poeta me acompañan
en esta singladura
tan poco romántica!
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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