El avión volaba lo justo
no le faltaba fuelle
ni le sobraba gas
ni el piloto tenía los pies de mimbre,
los ojos de perlas de color mate,
las manos de cartón
y el gorro de fundido chocolate.
Era un viaje de esos en los que
si algo no se pierde
es el humor que se ve
para cuando se aterriza
y a salvo se sale
de esa caja de hojalata
en la cual durante un tiempo
el preciso
uno fue parte principal
de un relato que por si solo se rompe.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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