Si no siente lo de Gaza,
si no es capaz de por las víctimas llorar,
si no ve en los ojos de los niños asesinados
a un caballo ciego trotar,
míreselo ya,
sepa que está enfermo,
sepa que algo le ha sentado mal,
vaya corriendo al médico y digale
que un demonio tiene dentro del cuerpo
y le ha corroído el alma
y que por eso quiere tratarse ese mal,
que le impide pensar y llorar,
que lo hace ajeno a los muchos males
que azotan a la humanidad.
¡Corra vaya!
y no se olvide de pagar
con una sola de esas lágrimas
que no ha sabido hasta ahora utilizar.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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