No se mueve la playa de su sitio
allí es eterna,
ni las olas parecen estar interesadas
en chocar contra la playa,
no hay transito ni lejos ni cerca,
las gaviotas buscan refugio
contras las dunas allí donde la vegetación
amortigua el aire y no llega la arena.
El cielo en lo alto mira y se presencia
en los colores vivos que destellan
por esos lugares en los que reina
una tranquilidad que al alma sosiega.
Sábado en Cullera,
ya comienzan a abrirse los bares y tiendas,
pan caliente, café que humea, sol de ahora
que se despliega
por las faldas de una montaña
que tiene castillo y torreones
y unas laderas abiertas al mar y a la Albufera.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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