Lo peor es el desaliento
para cuando el aliento
no cala,
y más si hay hambre
de conocer
y no se encuentra el momento
para parar un instante
y echar cuentas
para saber si estás
en lo cierto
o en lo incierto.
En el amor
si ocurre esto,
se rompen mil lanzas
con fines terapéuticos.
Valemos
no por el peso
si no por lo que somos,
aquí no entra el seremos.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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