Estamos clavados.
Como astillas
nos vamos entregando,
a ese papel
que se tiene
para cuando se nota
que el martillo golpea
y entramos
en esa especie de sopor
que da
el saberse maltratado.
Un mundo cruel
es este en el que habitamos,
en el que los niños
mueren sin llegar a ver
el alba sonrojado
que llena de hermosura
los ojos de los enamorados.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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