Es cierto
que las alas
de las mariposas
no son
ni de algodón
ni de seda
ni de cemento.
¡Es cierto!
Pero si se les mira,
parece
que tienen algo de ello.
Fuertes son
y transparentes
y tan poco tupidas
por dentro,
que si hubieran nacido
en un campo de centeno,
serían del color
con el cual algún día
se nos muestra el cielo,
para cuando
le pega el sol de lleno.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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