No es bueno hablar
de los deseos.
Igual da
que estos sean
profundos,
que leves,
ya hierro de fragua
que humo negro.
Hablo de esos
que salen
del interior del cuerpo,
de los del alma,
de los que surgiendo
brillan
y de los que se estrellan
y de los imperecederos,
de los ardientes
y apagados,
de los muertos.
A ellos en general
y muy en concreto
me refiero.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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